Lady Penelope da siempre su paseo a las diez (Club Astarea 2) Capítulo 11 #2
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Capítulo 11 #2

—¿Qué mejor ni qué jodida historia? —lo interrumpió Greymark—. ¡Échela rodando escaleras abajo, le digo! ¡Y que no vuelva!

Nomy sonrió, en absoluto preocupada por lo que pudiera decir aquel majadero. Se levantó con elegancia y cogió su chaqueta y su bolsito.

—No se preocupe, señor Warren, ya estoy perfectamente —dijo—. Y deseando irme de aquí, además.

—No. Por favor..., Nomy, espera —pidió lady Penelope, tratando de encontrar el mejor modo de proceder.

No podía quedarse si se iba su amiga, ni estaría bien ni deseaba hacerlo, pero a la vez temía que aquella mala bestia la obligase a dejar a Goldie allí—.

Milord, por favor, tenga un poco de paciencia con nosotras, no lo sabíamos.

Y, dadas las circunstancias, tiene razón: puesto que su tío ya está enterrado, es usted lord Greymark. Permita que lo felicite por ello.

Aquello le gustó. Dejó de mirar con odio a Nomy y se volvió hacia ella.

—Gracias. Así es. Ahora yace frío y callado en su cripta.

¡Callado! ¡Por fin callado, el muy maldito hijo de...

! —O se contuvo o se le fue el aliento. A saber.

Jadeó antes de seguir—: Yo soy el conde de Greymark.

¡Brindo por eso! —Vació su vaso y se levantó para rellenarlo de nuevo hasta arriba.

Lady Penelope sintió una pena inmensa por el señor Warren, que lo miraba contrito, sin saber qué hacer—.

Yo. Todo es mío. Mío —recalcó una vez más—.

Al fin. —Dio la impresión de que la incluía entre sus posesiones, aunque sus ojos no tardaron en centrarse en el perrito—. Incluso ese chucho pulgoso.

—Milord...

—Dígame, lady Penelope... ¿Quiere al perro?

Ella contuvo la respiración.

—Sí...

—Ya. Me encanta verla así. Suplicando. Tras tantos bailes rechazados.

Tras tanta soberbia. —Por un momento también la miró con odio.

Luego rio—. Pues sugiero que ambas tengan muy en cuenta que puedo matarlo con una sola orden.

Con un chasquido de dedos. —Señaló a Nomy con el vaso, sin mirarla, en un gesto lleno de desprecio—.

Y cada vez que esa mujer abre la puta boca, me dan ganas de hacerlo de inmediato.

¡Joder, me dan ganas de ordenar que me lo preparen en un estofado!

Se echó a reír. Nomy entrecerró los ojos, pero lady Penelope abrió los suyos con alarma. Estrechó más a Goldie contra su pecho.

—Iré con usted al estreno en The Magic. Y a la cena.

—¿De verdad? —preguntó él, inclinando la cabeza a un lado, suspicaz—. ¿No pretenderá jugármela, lady Penelope? Mire que no tengo buen carácter cuando intentan tomarme el pelo.

«No debe tenerlo nunca», pensó ella, pero no era la respuesta adecuada. Alzó los hombros con orgullo.

—Le doy mi palabra de honor, señor. Y le recuerdo que pertenezco al linaje de los Wilson de Berkshire, vinculados al marquesado de Finesword desde los tiempos de la reina Isabel.

Le aseguro que ese día estaré preparada cuando vaya a buscarme.

Lo acompañaré a la cena y luego al teatro, e incluso procuraré que disfrute de la velada ofreciéndole una conversación agradable.

¡Desde hoy mismo empezaré a pensar en temas que pueda resultar de su gusto!

Él la miró casi con fascinación.

—Es usted... maravillosa, lady Penelope.

Al margen de todo, siempre me ha gustado mucho.

—Ella consideró que no había nada que contestar a eso.

Con el corazón en un puño, lo vio agitar el contenido de su vaso de un modo casi juguetón, y vaciarlo de un trago.

Luego fue hacia la mesa de las bebidas, a servirse más—.

Entonces, le ruego que acepte cuidar de ese chucho —dijo, finalmente.

Mientras llenaba el vaso, la miró y arqueó ambas cejas, como advertencia—.

Pero solo cuidar, ¿eh? Téngalo muy en cuenta, porque no se lo regalo.

Sigue siendo mío y podré hacer lo que quiera con él, siempre que me dé la gana.

—Lady Penelope tragó saliva. Por supuesto, no podía ser tan fácil—.

Pero soy magnánimo. —Otra risotada—. Lo soy.

Por eso, por ahora permitiré que se lo lleve y que viva con usted.

Hablaremos de su... destino final el día del teatro.

«Destino final». Qué mal sonaba aquello. Vio que Nomy abría la boca para hacer algún comentario hiriente al respecto y se apresuró a lanzarle una mirada de advertencia. Luego, se dirigió a lord Greymark.

—Muchas gracias. —Daba igual, la cosa era salir de allí.

Ya vería cómo conseguirlo, pero Goldie no volvería nunca a esa casa.

Jamás. Se ocuparía de ello—. Se lo agradezco de verdad, milord.

Ahora debemos irnos. Mi amiga no se encontraba bien y solo paramos para descansar un momento, pero mi abuelo nos espera.

Nos vemos en dos días, a las seis. Por favor, sea puntual.

El nuevo lord Greymark hizo una mueca de disgusto, lo que puso el bigote casi de lado.

—Oh, pero... pensaba que cenaría conmigo y...

No le hicieron caso, y a esas alturas estaba tan bebido que no fue lo bastante rápido como para retenerlas. Cogidas del brazo, caminaron con decisión hacia la puerta, las dos con las espaldas muy rectas, obligando al señor Warren a apartarse rápidamente a un lado antes de hacerles una reverencia.