Lady Penelope da siempre su paseo a las diez (Club Astarea 2) Capítulo 1 #2
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Capítulo 1 #2

—Por desdicha, soy culpable. Y no solo eso: fíjese, vino la duquesa de Wendell una tarde, habíamos quedado porque quería ver cómo realizo la ceremonia del té tras aprender a hacerla en Minstrel Valley, y así ella podría decidir si enviar a su hija o no...

¡Pero no estuve aquí para atenderla! —Había dicho «té», ¿verdad?

Un sencillo té, sin más, nada trágico ni altisonante.

Entonces ¿por qué de pronto sir Justin parecía blanco como el papel?

Lo miró preocupada—. ¿Se encuentra bien?

—Yo... —Él tomó aire y se frotó el entrecejo—. Sí, sí, milady. Pero ¿en qué demonios estaba pensando? —añadió, más agrio—. ¿Cómo pudo hacer tal desaire a lady Wendell?

—¿Desaire? —Parpadeó alarmada—. No, no. Pero ¿qué dice? Yo no quería hacerle ningún desaire.

—Pero le dio plantón. Quedó con ella y no acudió.

—¡Bueno, sí, pero no fue mi intención molestarla, es que no me acordé!

Estaba ocupada, ¿qué le voy a hacer? Además, que yo no estuviera no significa que lady Wendell no fuese recibida como es debido.

¡Por Dios! ¡No se quedó en la calle, arrojada de bruces en la nieve y muerta de hambre!

—Rio ante la broma, aunque él parecía todavía indispuesto.

O enfadado. Lady Penelope carraspeó, decidida a congraciarse de otro modo—.

Mi abuelo la atendió como es debido, se lo aseguro.

Pasearon por los jardines y le enseñó nuestra galería de los horrores.

—Sí, seguro que ese guiño familiar serviría para relajar el ambiente.

Nomy y ella llamaban así a la galería de los antepasados de la familia Wilson, y a sir Justin siempre le hacía gracia el nombre.

Pero esa vez no le arrancó ni una sonrisa—.

Y, luego, ya con el té, le ofreció una agradable conversación sobre la batalla de las Termópilas durante todo el tiempo que quiso quedarse.

—Dios mío...

—¡Es un tema fascinante! ¿Conoce la historia?

—Sí, milady. También me la ha contado su abuelo. Con todo lujo de detalles, durante cosa de tres horas, si no recuerdo mal.

—Oh, estupendo. Pues ya ve, la atendimos bien.

¡Incluso la señora Mills hizo para ella sus canapés especiales, de los que no quiere darnos la receta!

Eso por no hablar de que la señora Carson sirve el té con tanta elegancia como yo, como lo haría cualquier dama de Minstrel Valley, se lo aseguro. Yo le enseñé cómo se hace.

—Ya veo... —Sir Justin titubeó un momento, sin duda buscando el mejor modo de plantear lo que fuese—. Milady, me preguntaba si elaborar esa clase de informes, o estar tan pendiente de sus libros de Historia, no supondrá demasiado trabajo para usted.

—¿Demasiado trabajo?

—Sí. Al fin y al cabo, es la anfitriona en Finesword Manor y la señora de la casa, la que tiene que estar pendiente de cada detalle, y de atender a los invitados.

Y, como ha dicho, hasta ha dejado de acudir a un par de eventos en los que se la esperaba.

Lo de lady Wendell... —Se frotó las comisuras de los ojos—.

Eso es lo más grave, con diferencia, milady.

¿Se da cuenta del peso que tiene esa mujer en la sociedad?

Siento decirlo, pero es imperdonable. Supongo que su abuelo se enfadó mucho.

—Eh... —¿La estaba sermoneando? Lady Penelope se quedó tan perpleja que también tardó en encontrar algo que decir.

Odiaba ya aquel asunto. Ojalá nunca hubiese conocido a esa mujer—.

Bueno, sí, no puedo negarlo. Se enfadó, pero sobre todo porque lady Wendell no dejaba de hacer comentarios sobre lo poco educados que eran todos en Grecia.

Pero no, a ella no se lo dijo, se enojó conmigo por no haber estado y me riñó durante un buen rato.

—Espero que no tanto como la charla de las Termópilas.

—Creo que no, no. —¿Y eso? ¿Había sido una broma?—. Pero sí estuvo mucho tiempo enfadado. De hecho, ni quiso cenar conmigo, pese a que había helado de postre. ¡Como usted bien sabe, nos encanta el helado!

Un brillo de regocijo cruzó las pupilas de sir Justin. Quizá acababa de recordar, como la joven, el día en que las llevó a ella y a Nomy, a principios de verano, a una nueva heladería cerca de Saint James, y lo bien que lo pasaron.

—Lo sé...

—Pues no quiso ni un poquito. Incomprensible. ¡Y ella todavía estaba hecha una furia cuando me la encontré ayer por la tarde en Piccadilly Street, al volver del club Astarea!

—¿La vio?

—Sí. ¿Puede creerse que se enfadó más todavía cuando me excusé diciéndole que lo había olvidado? —Posiblemente sí, podía creerlo, porque sir Justin palideció más todavía—. ¡Como si la hubiese dejar de lado por puro gusto! ¡No! ¡Estaba ocupada con algo importante!

Él abrió los ojos al máximo.

—¿Le dijo eso? ¿Con esas palabras?

—Oh... la verdad, no lo sé. Me estaba incomodando con tanto grito.

—Espero de verdad que no... —masculló él, tan bajo que apenas lo entendió. Agitó la cabeza—. Lady Penelope, tiene que entenderlo, usted ya no es una niña. Debería aprender a priorizar lo importante y...

Ella lo miró horrorizada.

—¿Servir el té es importante?

—Por supuesto que sí. Es parte de un todo sublime que...

—Se quedó sin palabras, con lo que lady Penelope concluyó que aquel todo no sería tan sublime, pero él se mantuvo terco en su postura—.

En nuestra sociedad, ser la anfitriona de su casa es importante.

Servir el té a sus invitados, del modo más elegante posible, debería ser parte de lo que más le interesase en la vida.