Ladrones de sueños 30 Ladrones de sueños #2
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30 Ladrones de sueños #2

En el segundo, una voz de mujer dijo con una dulzura agotada:

—Cris, ya has hecho bastante.

Christina se detuvo una fracción de segundo. No por obedecer, sino porque la voz usaba una abreviatura que casi nadie conocía. La mano se le tensó en la pistola. Rhea, detrás de ella, lo notó.

—Voz familiar.

—Siga andando.

—No era pregunta.

Christina se volvió y acercó la pistola al abdomen de Rhea.

—Entonces conviértala en silencio.

Rhea alzó las manos.

—Residuo de descanso. Volkar está probando anclas personales antes de la torre. Si una funciona, la matriz la etiqueta como acceso emocional.

—¿Puede cortarlo?

—No desde aquí. Pero puede ensuciarlo.

Christina respiró hondo y habló hacia el altavoz antes de que la voz volviera.

—Mi madre no me llamaba Cris cuando estaba asustada. Me llamaba por el nombre entero y luego me mandaba cerrar la puerta. Si quiere imitar muertos, aprenda horarios.

El altavoz emitió estática. La voz no volvió. Olin carraspeó.

—Eso ha sido desagradablemente eficaz.

—Suba.

En el tercer tramo encontraron a Kael Ormun.

Estaba sentado contra la pared de la sala de repetidores, flaco, sudado, con los ojos enrojecidos y cables de diagnóstico aún colgando de la ropa.

No debía estar allí. Se suponía que seguía bajo custodia debilitado, pero la cascada había convertido custodia, sueño y señal en conceptos blandos.

Tenía las manos esposadas con una brida rota y una sonrisa de fiebre.

—Ross —dijo al ver a Adrián—. El otro Ross. El Ross correcto. El Ross que prendía.

Adrián se agachó frente a él.

—Kael, mírame.

—No mires tú. Si miras, la torre usa tu culpa. Senn dijo que eras molde secundario, pero se equivocó. No eres molde. Eres llave cansada. Las llaves cansadas abren mejor porque no preguntan adónde.

Christina se inclinó.

—¿Dónde está Volkar?

Kael rio, luego empezó a toser.

—Arriba. Con Harrow. Con todos los que nos robaron sueños y todos los que nos los vendieron. Bonita reunión. Muy educativa. ¿Sabes lo peor, Bequer? Yo pensaba que liberaría algo. Ahora creo que solo cambié de carcelero antes de ver la puerta.

—Eso pasa mucho cuando uno no lee letra pequeña.

Kael la miró con una claridad repentina.

—No dejen que use la frase de Harrow.

Brida se tensó.

—Qué frase.

Kael cerró los ojos.

—“Techo firme, sueño limpio, boca cerrada, nadie dentro.” Si la emite invertida desde la matriz, la gente la reconocerá como protección y abrirá la defensa al revés. Todos la llevan en la infancia. Todos. No hace falta que crean en Volkar si creen en la nana.

Rhea susurró:

—Hijo de puta.

Christina miró a Brida.

—¿Puede hacerlo?

—Sí. Si tiene firma parcial de Harrow y sincronía alta, sí.

—Cómo se contrarresta.

Kael abrió los ojos.

—Con la versión completa.

Adrián se quedó inmóvil.

—No la sabemos.

—Harrow la cambió. En el libro entero. El que ustedes arrancaron. La frase pública era para niños. La completa era para cierre de puerta. La usaban los testigos de vigilia fundacionales.

Christina pensó en Marek escondiendo el libro bajo sacos de patatas en El Deshielo. El edificio de luz estaba a seis calles, la plaza a medias, el valle rompiéndose y Volkar a punto de usar una nana invertida como llave maestra.

—Marek —dijo por radio.

La respuesta llegó con golpes, voces y un bufido.

—Si es para decirme que vaya a otro sitio peligroso, estoy empezando a cobrar plus de nocturnidad.

—El libro de Harrow. Necesito la frase completa.

—Está bajo patatas, como toda la buena literatura.

—Léala. Sección de testigo de vigilia fundacional, cierre de puerta, frase completa de techo firme.

Hubo ruido de pasos, madera, sacos arrastrados. Christina siguió subiendo porque no podían esperar. Kael intentó levantarse.

—Yo voy.

—Usted se queda respirando —dijo Christina.

—Senn me usó.

—Sí.

—Quiero ayudar.

—Ayude no muriéndose encima de una escalera estrecha.

Kael sonrió sin alegría.

—Eso también se me da mal.

Brida dejó a uno de sus técnicos conscientes vigilándolo y continuaron.

La sala de sincronía estaba en el último nivel, detrás de una puerta blindada con cristal vertical.

Del otro lado se veía una estancia circular llena de consolas, relojes de ruta, mapas luminosos, paneles de batería y un ventanal superior desde el que las rutas de los drones podían verse como puntos en un cielo bajo.

Senn Volkar estaba en el centro, conectado a un terminal portátil que descansaba sobre la consola principal.

A su lado, en una caja de operador abierta, varias cápsulas de firma emitían pulsos débiles.

No había cuerpos. Solo voces archivadas en recipientes opacos.

En la pantalla central, la torre negra sin ventanas se iba definiendo línea a línea sobre el mapa del valle.

Y bajo ella, preparada para emisión, aparecía la frase invertida:

DENTRO NADIE

CERRADA BOCA

LIMPIO SUEÑO

FIRME TECHO

No parecía peligrosa. Esa era su fuerza. Cualquier niño de Ðawn’s Falł reconocería el ritmo, aunque no comprendiera la inversión. Cualquier adulto la aceptaría como parte de una seguridad antigua. La torre entraría envuelta en costumbre.

Volkar alzó la vista cuando los vio tras el cristal.

—Ya casi.

Christina disparó a la cerradura. La bala rebotó en el marco con un chispazo. Brida la apartó.

—Blindaje de tormenta. No sirve.

—Entonces abra.

—Está bloqueada por firma fundacional.

Rhea empujó hacia el lector.

—Use mi firma.

Brida negó.

—No alcanza.

Adrián miró al Ross enterrado, cubierto con el paño.

—La suya quizá.

—No —dijo Christina.

—Si la red lo reconoce como ausencia defensiva, puede abrir un bloqueo fundacional. No como permiso. Como error que exige resolución.

—Eso suena a dejar que la puerta decida si le apetece abrirse.

—Sí.

—No me encanta.

—A mí tampoco.

Volkar, al otro lado, activó el micrófono interior. Su voz salió por un altavoz junto a la puerta.

—No necesita entrar para perder, detective. El valle no fue protegido por los drones. Fue mantenido en una infancia prolongada. Yo no robo sueños. Les devuelvo una arquitectura común para sobrevivir a ellos.

Christina miró a Rhea.

—¿Ve? Arquitectura común. Basura elegante.

Rhea, sorprendentemente, no sonrió.

—Volkar, las firmas retiradas no son consentimiento. Son cadáveres de operador.

—Los cadáveres sostienen todas las instituciones, Rhea. Pregunta a Supervisión. Pregunta a los cementerios. Pregunta a Harrow.

Brida trabajaba en el panel exterior con dedos veloces.

—No puedo. Está usando la firma parcial de Harrow para cerrar cualquier acceso que no sea emisión.

Marek entró por radio, jadeando.

—Tengo el libro. El muy cabrón pesa como si hubiera sido escrito por una cantera. Frase completa... espera... sección de techumbre de vigilia... aquí. No es solo una frase. Es respuesta y contrarespuesta.

—Lea —ordenó Christina.

Marek leyó con dificultad, entre ruido de papel húmedo:

—“Techo firme, sueño limpio, boca cerrada, nadie dentro.” Esa es la llamada doméstica.

Luego pone: “Si la casa responde con voz ajena, el testigo no repetirá la llamada. Dirá: suelo frío, sueño visto, boca despierta, cada cual fuera.” Y hay otra línea: “Nadie dentro no significa nadie existe. Significa nadie entra sin cuerpo.”

Adrián cerró los ojos.

—Esa es la contraclave.

Volkar, al otro lado, dejó de teclear por primera vez.

Había oído.

Brida gritó:

—Va a emitir ya.

En la pantalla, la frase invertida empezó a parpadear.

Los drones se desviaron otro metro sobre el cielo.

Las farolas del valle intensificaron la sombra de la torre.

Christina vio por el ventanal la plaza entera oscurecerse bajo aquella forma sin ventanas.

Si la emisión salía, cada refugio, cada casa, cada niño, cada muerto y cada soñador recibiría la torre como parte del ritual de seguridad. La defensa se convertiría en puerta.

—Ross —dijo Christina.

Otra vez, los dos respondieron con un gesto.

—El que falta.

El Ross enterrado levantó la cabeza bajo el paño.

—Sí.

—Abra como error. No toque a nadie.

—No prometo no romper algo.

—Yo tampoco.

Adrián llevó al doble hasta el lector de la puerta.

Brida preparó una derivación. Rhea sujetó la cuerda para que la copia no cayera hacia dentro si el sistema la absorbía.

Olin apuntó a través del cristal, aunque no sirviera de nada, por amor al gesto.

Christina puso la campanilla de Veyr sobre el panel y la mantuvo allí.

—Cuando abra —dijo—, nadie escucha la frase de Volkar. Todos conmigo: suelo frío, sueño visto, boca despierta, cada cual fuera. No lo digan bonito. Díganlo como si estuvieran echando a alguien de una cocina.

El Ross enterrado puso sus manos cubiertas sobre el lector.

El edificio de luz gimió. No tembló como una máquina, sino como una casa vieja reconociendo una humedad en sus cimientos.

Las luces de la escalera se apagaron y encendieron en orden incorrecto.

El panel mostró varios nombres: ADRIÁN ROSS / MOLDE SECUNDARIO / AUSENCIA DEFENSIVA / ERROR FUNERARIO / RUTA CEMENTERIO / RESOLVER .

Luego apareció una pregunta que ningún sistema debería formular: ¿QUIÉN DUERME EN SU LUGAR?

Adrián, el vivo, respondió antes que nadie.

—Nadie.

La puerta no se abrió.

Christina comprendió.

—Respuesta completa.

Adrián tragó saliva.

—Nadie duerme en mi lugar. Estoy despierto.

El panel parpadeó. La cerradura cedió.

Volkar golpeó la consola.

—No.

Entraron.

Volkar activó la emisión.