La voz de Artemisa (La profecía oculta 1) DE ORGÍAS Y ESPADAS
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DE ORGÍAS Y ESPADAS

DE ORGÍAS Y ESPADAS

E l cartel de luces de neón rezaba Eleutherios junto al logo de un racimo de uvas.

Vyx detuvo la moto frente al local, justo detrás de un Volvo gris.

Por unos instantes consideró la posibilidad de que Hipólita le hubiera asignado una misión con Thalia, aun conociendo su animadversión.

Si bien Thalia era cordial, también pecaba de un comportamiento en excesivo servicial.

Era, como le gustaba decir a Vyx, una lameculos.

Cuando vio que quien bajaba del coche no era su archienemiga, sino Xanthe, suspiró de pura tranquilidad.

Xanthe había ascendido dos años antes que ella y era la única amiga que tenía en la Orden.

La joven cumplía todas las misiones sin chistar y, a diferencia de Thalia, no presumía por ello.

Además, y aunque la belleza no hubiera tenido un papel determinante en su carrera como ascendida, a Vyx siempre le había parecido hermosa.

Xanthe era alta y espigada. Al andar alardeaba de unas piernas que parecían no tener fin.

Se había acostumbrado a verla con la larga melena castaña recogida en una coleta alta, y Vyx nunca dejaría de pensar que esa mirada oscura ocultaba más de un secreto o que sus finos labios pedían constantemente un beso.

—Llegas más pronto que de costumbre —comentó Xanthe, cerrando a su vez la puerta del coche—. ¿No tenías compañía hoy?

—Una dama no habla de sus conquistas —respondió Vyx, que se retiró el casco y se peinó a conciencia. Xanthe miró alrededor con curiosidad.

—¿Una dama? ¿Dónde?

Vyx resopló.

—Muy graciosa. —Guardó el casco en el maletero y observó la fachada del local—. Me imagino que Hipólita sigue resentida conmigo. No me ha dado un caso en el que haya sido la voz cantante desde el crepúsculo de la humanidad. ¿Se puede ser más rencorosa?

Su amiga sonrió. Luego le pasó un brazo por encima de los hombros y le dijo:

—Tienes que entender que no ha habido precedentes. Solo las ascendidas que trabajan en las islas viven fuera del templo. —Volvió a sonreír al ver la mueca de disgusto de Vyx—. Te diré que Thalia está mucho más indignada que la jefa. No pierde oportunidad para renegar sobre ti.

—Se la van a comer los celos y lo que necesita es que se la coman a ella de otra manera, ya me entiendes. Si no fuera tan zorra me hubiera ofrecido alguna vez, por hacerle un favor y tal.

—Con lo devota que es, te hubiera rechazado.

—Otra prueba más del mal gusto que tiene.

Xanthe le guiñó el ojo, dándole la razón.

—Entonces, ¿te pongo al día?

—¿Nuestro caso tiene algo que ver con este local?

—El gesto de Vyx estaba dividido entre el asco por tener que poner su vida en manos de los dioses un día más y la tentación de rebelarse, olvidar el caso y pasar un buen rato—.

Porque no te voy a mentir, parece la clase de club al que iría un sábado por la noche a emborracharme.

O cualquier día de la semana, la verdad.

—Por qué no me sorprende. Pero, oye, creo que te va a gustar. Si he interpretado las pistas correctamente, este caso está relacionado con tu dios favorito.

—No tengo un dios favorito —objetó Vyx con expresión agria.

Su compañera alzó las cejas acusadoramente y aseveró:

—Si tú fueras un dios, serías este.

—¿Dioniso? —Vyx arrugó la nariz y Xanthe asintió—. ¡Ja! Esto se pone interesante.

—Ya sabrás que las ménades son sus sacerdotisas.

—¿De las que bailan desnudas al ritmo de unos cánticos o de las estiradas como Hipólita?

Cuando Vyx empezó a realizar estiramientos, Xanthe decidió no comentar nada al respecto y limitarse a lo que las atañía.

—No creo que a nuestra mentora le haga mucha gracia que la compares con una ménade. Para empezar, su estatus social en el panteón griego es muy diferente y…

—Si hubiese sabido que esto se convertiría en un máster de Mitología Clásica —dijo Vyx—, me habría descargado el Candy Crush para tener algo que hacer mientras finjo que te escucho.

—Eso me ha dolido. Pero vale, no te aburriré con los detalles.

En resumen: el Círculo ha hecho un activo seguimiento de varios casos de enajenación mental que tienen una conexión directa con este local.

Al parecer, varios hombres y mujeres acudieron a comisaría para denunciar que habían formado parte de orgías satánicas.

—A Vyx se le escapó una carcajada mientras se encorvaba hacia delante y extendía los brazos en un alarde de flexibilidad.

Xanthe alzó una ceja y suspiró antes de añadir con paciencia—: Contra su voluntad.

Por supuesto, cuando les realizaron las pruebas de narcóticos dieron positivo y las serias acusaciones se quedaron en eso, unas cuantas redadas infructíferas.

Si sumamos tres desapariciones en los últimos dos meses y que fueron vistos por última vez aquí…

—Señaló con ambos brazos el local—. Tú dirás.

Acabados los estiramientos, Vyx miró la fachada entre aburrida y consternada y susurró:

—Como si el nombre del local no fuera lo bastante sugerente.

—Por ahora, el plan es entrar, mantener un perfil bajo, mezclarnos entre la gente y localizar a la sacerdotisa. Si nos deshacemos de ella, su séquito se dispersará.

—Vamos, que tenemos que cargarnos a la sacerdotisa. Sinceramente, Xan, igual Dioniso debería controlar más a sus ménades y aceptar menos corazones. Qué manía con los sacrificios.

—Si los dioses fueran perfectos —repuso Xanthe mientras se colocaba bien las mangas de la chaqueta de combate—, no les haríamos falta para controlar a sus fanáticos.

—Joder, sí. Tendríamos una vida mucho más fácil que no dependería de las decisiones inoportunas y egoístas de unos fanfarrones vanidosos que… —fantaseaba la guerrera, con el mismo tono de voz de la niña que sueña con ir al parque de atracciones por primera vez.

—Si hubiera sabido que esto se convertiría en una clase de Ética y Moral, me habría descargado el Candy Crush para tener algo que hacer mientras finjo que te escucho.

Vyx se echó a reír. Después dijo, mientras se inclinaba con una exagerada reverencia:

—Después de ti, princesa.

Cuando se aventuraron al interior del local, que era mucho más grande de lo que les pareció a simple vista, se vieron arrastradas por una luz roja y centelleante hacia el centro de una pista de baile atestada de gente eufórica.

Las luces se movían al ritmo de aquellos corazones que se entregaban a una música sin letra y una densa niebla se extendía por todo el local.

Vyx y Xanthe compartieron una significativa mirada al notar que había algo en el ambiente capaz de embotar los sentidos y nublar la mente.

Observaron al detalle su alrededor, localizando varias salidas de emergencia y las zonas más despejadas.

Vyx se distrajo, no obstante, cuando cruzó miradas con los ojos grises de una rubia de insinuantes curvas que no bailaba y que sostenía una copa de líquido carmesí en la mano izquierda, tentándola con una sonrisa de labios gruesos, pintados a juego con el vestido ceñido de color escarlata.

Cautivada, Vyx dio un paso, pero Xanthe la frenó, cogiéndola por el brazo.

—No creo que sea una buena idea —le dijo al oído con un tono cantarín—. Aprovecharte de inocentes borrachas en un pub... Qué feo por tu parte.

Vyx volvió en sí con un parpadeo. Disimuló la confusión y entornó la mirada hacia su compañera. Pensó que aquella mujer no tenía nada de inocente, pero lo que dijo fue:

—No te estarás poniendo celosa, Xan.

La aludida inclinó la cabeza a un lado y sonrió resuelta.

—Sabes que yo juego en otra liga. Cuando te he dicho que el plan consistía en mezclarse con el ambiente no me refería a esto. ¿Crees que podrás controlar tu libido?

—Si me lo pides con esa carita de buena…

La sonrisa que brillaba en los ojos de Vyx no bajó a sus labios.

Se abrieron camino juntas a través del frenesí de la pista de baile y, una vez frente a la barra, Xanthe pidió dos copas de whisky.

Vyx se limitó a darle la espalda al camarero y adoptar su postura habitual de caza nocturna: piernas cruzadas, hombros relajados y sonrisa irresistible.

—Habrá una sala VIP, ¿no? —comentó cuando Xanthe le tendió una de las copas—. Tendrán que hacer la criba de alguna manera y sin levantar sospechas. ¿Aquí hace calor o soy yo?

Xanthe la invitó a mirar hacia el enorme ventanal de la segunda planta, desde donde una mujer de elegante y escotado vestido rojo contemplaba la fiesta. Vyx pensó que las mujeres de aquel local estaban obsesionadas con los vestidos rojos.

—Te apuesto veinte euros a que es la sacerdotisa —dijo Xanthe.

Vyx chasqueó la lengua.

—No tengo ni un céntimo, pero tiene toda la pinta.

—¿Ya no te queda nada? Pero si el Círculo nos hizo el ingreso hace menos de una semana.

—Me lo he gastado en casinos y furcias. —Xanthe la llamó imbécil y Vyx respondió con un encogimiento de hombros—. Por cierto, ¿todas las ménades están así de buenas?

—Bueno, imagino que servir a Dioniso requiere que seas guapa y que estés preparada para arrancar corazones sin romperte las uñas.

—Al menos sirven a un dios por propia voluntad. Ya tienen más suerte que nosotras.

— Touché . Creo que lo único que podemos hacer para acercarnos sin llamar la atención es conseguir que nos escojan para el sacrificio de esta noche.

—Oyó a Vyx murmurar que era un planazo .

La ignoró—. Está claro que ha elaborado alguna clase de narcótico místico para atontar a la gente.

Podemos fingir que nos hace efecto y cuando estemos en plena orgía, matamos a la reina de la colmena y a todos los que la protegen.

—Xanthe se acercó la copa a los labios, pero enseguida la apartó y añadió—: Sé que a ti te encantaría llegar y petar la fiesta, pero…

—Evidentemente. Pero no pasa nada, tú eres mucho más taimada que yo.

—¿Taimada?