Capítulo 42
A la noche siguiente, Carla y Joel estaban sentados en la terraza disfrutando de la tibieza de aquella noche de finales de verano. (O «A la tarde siguiente... de aquella tarde...»)
Carla suspiró al oír que su móvil sonaba en la cocina. Se levantó a regañadientes.
—Más vale que lo coja. Puede que sea Josette por lo de mañana.
Al mirar la pantalla, vio el nombre de Bruno, no el de Josette.
—¿Estás libre este sábado? —preguntó él—. Tengo entradas para un concierto en Niza y esperaba que te animaras a venir conmigo. Si paso a recogerte a las siete, podríamos cenar antes.
—Lo siento, Bruno, este sábado no estoy libre —dijo Carla.
—Qué pena.
Carla oyó la decepción en su voz.
—¿Seguro que no puedes cancelar lo que sea que tengas? —insistió.
—Segurísima —dijo Carla—. Además, no creo que sea buena idea que nos veamos ahora mismo. Lo siento muchísimo por…, por todo.
Y terminó la llamada rápidamente antes de que Bruno pudiera preguntarle qué quería decir.
Un día más y él ya podría saber la verdad cuando su tío Mario le contara que ella era su hija.
Un hecho que los convertía en primos, así que a partir de ahora entre ellos no podría haber nada más que amistad.
Una vez que su relación con Mario fuera pública, quizá Bruno y ella podrían ser amigos.
Joel la miró con curiosidad cuando Carla se sentó de nuevo.
—¿Bruno?
Carla asintió.
—Quería que fuera con él a un concierto. Qué raro pensar que él y yo somos familia.
—¿Se lo has dicho?
—No, claro que no. Mario tiene que ser el primero en enterarse —suspiró—. Mañana a estas horas, Bruno ya lo sabrá y entenderá por qué no podía aceptar.
—Si no hubierais resultado ser familia, ¿tú habrías…?
—¿Tenido una relación con él? —lo interrumpió Carla; necesitaba que Joel entendiera lo que sentía por Bruno… y por él—. No. Es divertido. Me cae bien como amigo y me ha llevado a un restaurante al que yo no podría ir ni en sueños, pero no me gustaría vivir en su mundo.
En ese momento, Leroy saltó a su regazo y Carla lo acarició, agradecida por la distracción y por poder ocultar la cara a Joel.
Aunque fuera demasiado pronto después de David para sentir lo que había sentido en su cumpleaños cuando ella y Joel bailaron, Carla sabía que se sentía cada vez más atraída por Joel y solo podía esperar que, con el tiempo, él empezara a sentir lo mismo por ella.
Quería estar segurísima de que él entendía cómo estaban las cosas entre ella y Bruno.
—Lo de Bruno y yo nunca iba a ir en serio —dijo—. Es demasiado rico para mí. Pero sí me cae bien. Y espero que, cuando todo se asiente y la vida vuelva a estar en calma, podamos ser amigos, además de primos.
Joel le sonrió.
—Buen plan. ¿Y qué tal estás con lo de mañana?
—Nerviosa, si te soy sincera —dijo Carla—. Por Josette, más que por mí. A mí me da igual si Mario no quiere reconocerme, pero a Josette le dolería si esa fuera su reacción, y no se merece que la castiguen más. Está muy frágil ahora mismo.
—¿Crees que Mario podría negarse a aceptarte como hija?
Carla se encogió de hombros.
—Quién sabe. Por lo que dice Josette, parece muy empeñado en volver a estar juntos, así que espero que no la decepcione con una mala reacción a la noticia de su paternidad.
Yo, personalmente, no me muero si mañana no lo vuelvo a ver en la vida.
No necesito ni quiero otro padre. Y seguro que los gemelos pueden vivir sin que aparezca un nuevo abuelo en sus vidas.