La villa del sol y los secretos Capítulo 35 #2
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Capítulo 35 #2

—¿Dónde está Maddy? ¿Está aquí con ese novio suyo?

—Sí, Maddy y Sam están aquí. Pero ahora mismo no. ¿Ella sabía que pensabas venir? —preguntó Carla, nerviosa.

¿Era por esto por lo que Maddy había decidido desaparecer por la tarde?

David negó con la cabeza.

—No. Estaba desocupado y me apetecía pasar un fin de semana en Francia. Mira, yo también puedo ser impulsivo. —Se volvió hacia Joel y le tendió la mano—. Soy el exmarido. ¿Tú eres…?

—Joel, el jardinero.

Carla se quedó mirándolo. ¿Por qué había dicho eso? Era mucho más que el jardinero.

—¿Trabajando en domingo? Eso sí que es devoción al deber —dijo David.

—Joel es un buen amigo mío y vive aquí —dijo Carla, con un filo en la voz.

David los miró a los dos y luego asintió con una sonrisa de las que saben demasiado.

—Ah. ¿Viviendo vuestro momento Lady Chatterley, entonces?

—Eso es una falta de respeto tremenda, y creo que deberías pedirle perdón a Joel, y a mí. Y después, marcharte.

Carla lo miró con furia y se negó a apartar la vista primero. Pasaron los segundos mientras David intentaba sostenerle la mirada, y ella supo que estaba calculando su siguiente jugada.

Al fin levantó las manos.

—Os pido perdón a los dos. Sin reservas. Me he pasado. Ya está, ¿contenta? —Miró las luces que Joel seguía sujetando—. ¿Las luces son para una fiesta esta noche? ¿Estoy invitado?

—Parece que se te ha olvidado lo de marcharte, así que te lo pongo fácil. No, no estás invitado. Adiós, David —dijo Carla.

Como David no hizo ademán de moverse, Joel dio un paso al frente y dijo en voz baja:

—Sabes por dónde se sale.

David fulminó a Joel con la mirada y se dio la vuelta para irse justo en el momento en que Sam subía por el camino y aparcaba.

Carla miró, atónita, cómo se bajaba Maddy del coche seguida de…

—¡Ed! ¡Qué sorpresa de cumpleaños tan maravillosa!

Salió disparada a abrazar a su hijo.

—No fue la clase de bienvenida que me llevé yo —murmuró David cuando Maddy se reunió con él.

—¿De verdad esperabas que te recibiéramos bien, papá? ¿Qué haces aquí, exactamente? —exigió Maddy.

—Cumpleaños importante de tu madre; pensé que se suponía que íbamos a ser civilizados con lo del divorcio. —David se encogió de hombros—. Ahora veo que fue un error enorme. Me iba justo cuando llegasteis. Pero me gustaría saludar a Ed antes de irme.

—No estoy segura de que a él también le haga ilusión verte. Igual que yo, está cabreado contigo por cómo has tratado a mamá.

—¿Sabes qué? Yo también estoy bastante cabreado conmigo mismo —dijo David—. Encima no paro de empeorar las cosas. —Miró hacia Joel, que estaba poniendo otra guirnalda en el jardín con ayuda de Sam—. Mamá me dice que vive aquí. ¿Están juntos?

—No. Él necesitaba un sitio donde vivir y mamá le ofreció una habitación. Es majo. Ayuda a mamá con la villa. Así no está sola aquí.

David asintió.

—Eso está bien. Se la ve muy bien.

—Mamá ha cambiado mucho últimamente. Creo que está disfrutando de su independencia y de vivir en Francia. —Maddy lo miró—. De hecho, cada vez que venimos, parece más feliz que nunca. Sobre todo ahora que lo de Josette se está calmando.

—Vale, capto el mensaje —dijo David—. No hace falta restregármelo por la cara. Pero, para que lo sepas, sí que me arrepiento. ¿Podemos declarar una tregua, por favor? A ti también te echo de menos. ¿Te pasas a verme por casa pronto?

—¿Prometes portarte bien con Sam? Nada de comentarios bordes sobre su trabajo.

David asintió.

—Prometo intentarlo. ¿Vas a ir a hablar con Ed por mí ahora? —Miró hacia donde Carla hablaba animadamente con su hijo.

—Lo intentaré, pero no prometo nada —dijo Maddy, y empezó a alejarse.

—Ah, espera un segundo. ¿Qué has querido decir con «lo de Josette»?

—Estoy segura de que mamá te lo habría contado si quisiera que lo supieras —dijo Maddy, y siguió andando hacia su madre y su hermano.

—Ed, papá quiere hablar contigo. Le he dicho que no es precisamente nuestro favorito ahora mismo, pero sí parece que quiere intentar arreglar las cosas entre nosotros.

—Buf. ¿Tú qué opinas, mamá?

—Lo que yo opine no es lo importante. Siempre ha sido un padre cariñoso para vosotros dos; cortarlo de raíz por mí de verdad destrozaría a la familia.

No sé por qué ha venido hoy, pero imagino que ha sido más por querer formar parte del núcleo familiar que por buscar bronca…

aunque antes ha conseguido ser muy grosero —dijo Carla, mirando hacia donde David tenía un aire desolado, de pie, solo, observándolos.

Suspiró. Era su cumpleaños. Y no un cumpleaños cualquiera. Uno importante. No quería que el día se estropeara por una mala escena, y ella y David habían estado juntos mucho tiempo. Había historia, una historia que no se podía ignorar. Su vida ahora iba bien. Podía permitirse ser generosa.

—Ve y habla con él. Vosotros dos sois lo único que le queda, y, la verdad, es por culpa de sus líos por lo que yo soy más feliz que en años.

Antes ha preguntado si estaba invitado a la reunión y le he dicho que no.

Ve y dile que puede venir, si quiere. A las siete.

Pero dile que se deje las pullas en casa. —Y empujó a Ed en dirección a su padre.