Capítulo 18
El domingo por la tarde, Maddy llevó a Carla al aeropuerto. Una Maddy extrañamente apagada.
—¿Te quedas y tomas un café conmigo? —dijo Carla—. Facturo primero las maletas y luego me queda al menos media hora antes de tener que pasar el control de seguridad.
—Vale. Voy a pedirlo. Siempre hay cola —dijo Maddy, y se alejó.
Cuando Carla se reunió con ella diez minutos después, Maddy se estaba secando las lágrimas.
—Ojalá no hicieras esto, mamá.
Carla suspiró.
—Maddy, sabes por qué lo hago. ¿No puedes simplemente desearme suerte en mi nueva vida?
Una vida nueva para mí que también te incluye a ti.
Ahora existe Skype. Podemos hablar y vernos todos los días si quieres.
Además, estoy a menos de dos horas en avión.
—Como Maddy no contestó, Carla volvió a suspirar—.
Cariño, ¿no crees que estás siendo un poco egoísta?
Eres una joven independiente, con una carrera y toda la vida por delante. Y también tienes a Sam.
—Él también dice que estoy siendo egoísta. —Maddy la miró—. Ha pasado todo tan deprisa… La muerte de la abuela. La aventura de papá. El divorcio. Que tú te vayas. Siento que mi mundo ha desaparecido de repente.
—Imagínate cómo me siento yo —dijo Carla en voz baja.
—Lo siento, mamá. De verdad espero que tu nueva vida te salga bien. Te lo mereces.
—Lo hará. Ya estoy deseando que vengáis tú y Sam de visita. ¿Qué tal está Sam? Me dio rabia no poder despedirme de él.
Maddy sonrió.
—Está bien. Me dijo que te mandara su cariño y sus mejores deseos.
—¿Ya se lo has presentado a papá? ¿O al menos le has hablado de Sam a papá?
—No. El momento me pareció fatal. Pero lo haré pronto. Sam, por alguna razón, tiene muchas ganas de conocerlo. Casi tantas como tiene de que yo conozca a sus padres.
—Esto suena serio. —Carla miró a Maddy con expresión interrogante—. ¿Lo es?
—Creo que sí. Siento que podría ser el definitivo. No te preocupes, serás la primera en enterarte de cualquier novedad.
Carla miró el reloj.
—Más vale que vaya preparándome para embarcar. —Caminaron juntas hasta la entrada del control de seguridad. Carla abrazó a Maddy con fuerza—. No te preocupes, todo irá bien. Ven pronto, ¿me lo prometes?
Maddy asintió, a punto otra vez de llorar, incapaz de hablar, mientras Carla se daba la vuelta y desaparecía de su vista.
Carla también estuvo a punto de echarse a llorar cuando se abrochó el cinturón en su asiento, pero, cuando el avión empezó a rodar por la pista, notó que el ánimo le subía.
En menos de dos horas, cuando volviera a pisar suelo francés, empezaría su nueva vida.
Una vida en la que podría olvidar los últimos acontecimientos dolorosos y enterrarlos en el fondo de su mente, y en la que solo ella decidiría qué camino tomaría en el futuro.
Estaba decidida a que nada estropeara el disfrute de aquella aventura francesa.
Haría lo que hiciera falta para que Villa Mimosa y su vida en Francia le fueran bien.
No iba a permitir que nada del pasado se colara para estropearlo.