Capítulo 14
La discusión entre Carla y Josette fue animada y se prolongó toda la noche. En cuanto recuperó el aliento después de que Carla le hablara de sus planes, Josette empezó a desmontárselos.
—Has estado en Francia en tres visitas breves y ahora quieres mudarte aquí. No estás siendo realista. Puede que aquí el sol brille todos los días, pero la vida sigue repartiendo golpes. Uno de tus mayores problemas será el francés: no entiendes ni papa.
—Iré a clases. Practicando a diario, mejoraré.
—Y lo de llevar una chambre d’hôte . No tienes experiencia en hostelería, ¿verdad? Ya me lo imaginaba —dijo Josette cuando Carla negó con la cabeza.
—No, pero he llevado una casa familiar durante años y me encanta cocinar. Si empiezo poco a poco, ofreciendo cama y desayunos continentales solo a un par de personas cada vez, sé que me las arreglaré.
Josette suspiró y negó con la cabeza.
—No estoy convencida de que sea lo correcto para ti. Tienes que hablarlo con alguien en casa.
—Espero que no estés sugiriendo que hable con David. Es la última persona de la que quiero consejos.
—No, claro que no me refiero a David —dijo Josette—. Pero ¿qué crees que le parecerá a Maddy que te mudes a otro país? ¿Y a Ed cuando vuelva?
—Claro que hablaré con los niños, pero ahora están viviendo sus vidas y yo estoy decidida a aprovechar la oportunidad de vivir el resto de la mía como quiero.
Ya era tarde cuando Josette por fin inspiró hondo.
—Espero no arrepentirme de esto, pero vale. Se lo diremos al notario, pero no te vendo mi mitad, por si todo sale mal. Puedes pagar un alquiler pequeño, como una inquilina normal, durante el primer año, y si tu bed and breakfast tiene éxito, entonces lo hablamos.
—Gracias —dijo Carla—. Sé que no será fácil, pero hacía años que no me ilusionaba tanto con nada.
Se levantó y empezó a llevar los platos vacíos a la cocina.
—Si me das las llaves, mañana vuelvo a ir y empiezo a hacer planes. No pasa nada si adecento un poco la casa, ¿verdad?
— Mais oui —dijo Josette.
Mientras se preparaba para dormir en el cuarto de invitados de Josette, Carla tarareaba feliz.
Llevaba en Francia menos de doce horas y estaba rebosante de emoción al pensar en el futuro.
David, cuando le contara sus planes, sin duda se daría aires de superioridad masculina y le diría que se había vuelto loca: tanto por mudarse a Francia como por montar una casa de huéspedes.
Ed y Maddy, esperaba, la apoyarían. Sabía que Ed le diría que hiciera lo que la hiciera feliz, y ella sabía que vivir en la villa la haría feliz.
No fue hasta que apagó la luz de la mesilla cuando se dio cuenta de que, con tanta emoción, Josette no había respondido a su pregunta sobre esparcir las cenizas de Amelia en el jardín. Tendría que preguntárselo otra vez al día siguiente.
***
A la mañana siguiente, Carla se levantó temprano y encontró a Josette en la cocina preparando café.
—¿Voy a por los cruasanes mientras preparas el café? —ofreció, al abrir la puerta principal.
—Gracias. No te sorprendas si encuentras el pueblo tranquilo esta mañana —dijo Josette, mientras Carla salía—. El 1 de mayo es La Fête du Travail, y los trabajadores libran.
Carla se detuvo.
—¿Entonces la boulangerie estará abierta?
— Bien sûr , un par de horas por la mañana.
De camino a la boulangerie favorita de Josette y a la vuelta también, Carla pasó junto a varios puestos improvisados en las esquinas, donde vendían ramilletes y pequeñas macetas de lirios de los valles. El olor era maravilloso. Impulsivamente, se detuvo y le compró una maceta a Josette.
Para su sorpresa, cuando se la entregó, Josette se secó una lágrima.
— Merci, Carla. —Y se inclinó para besarla en la mejilla—. Hace mucho que nadie me regalaba lirios de Primero de Mayo.
—¿Es una tradición asociada a la fête de hoy?
Josette asintió.
—Todo el mundo compra un ramito de lirios de los valles para la familia y los seres queridos.
Carla sonrió a su tía.
—Qué tradición tan bonita.
Después del desayuno, Carla salió hacia la villa. Las puertas del camino de entrada estaban abiertas cuando llegó y la furgoneta de Joël estaba aparcada cerca de la casa. Él estaba ocupado ordenando las grandes tinajas de terracota en la terraza.
— Bonjour, Joël —dijo Carla—. Lo siento, je ne parle pas français —añadió despacio, y sonrió.
Esperaba que la reconociera de la breve presentación del otro día.
También esperaba que no le contestara en un francés rapidísimo.
Por un instante se preguntó si debía contarle sus planes para la villa…
No, mejor no. Eso era mejor dejarlo para cuando estuviera Josette y pudiera explicarlo en francés mucho mejor que ella.
— Bonjour —dijo Joël, mirándola—. ¿Vienes sola? ¿Sin Josette? Quería hablar con ella.
—No, hoy no viene Josette. No esperaba encontrarte aquí en un día de fête —dijo Carla—. Hablas muy bien inglés.
—Un día libre de mi trabajo principal significa poder sacar tiempo para mi propio negocio. Hablo en inglés con un par de clientes. ¿Tú hablas francés?
—Un poco. Apuntarme a clases es lo primero de mi lista cuando me mude aquí.
—¿Te mudas a Francia?
—Sí, voy a vivir aquí —dijo Carla.
—¿Qué…, en la villa? —dijo Joël, suspirando.
Carla asintió y lo miró con curiosidad.
—Yo esperaba que Josette me alquilara una habitación por unas semanas antes de buscar nuevos inquilinos.
—Ah —dijo Carla—. Lo siento. ¿Te quieres mudar?
—Tengo que encontrar otro apartamento —dijo Joël—. Mi casero quiere hacer alquileres de verano. No siempre es tan fácil encontrar algo adecuado que pueda permitirme. En fin, c’est la vie . Algo saldrá…, siempre sale.
Le sonrió antes de volver a lo suyo.
Carla fue hasta la puerta principal y entró.
Primero se metió en las dos habitaciones de abajo, que pensaba, de momento, reservar para su zona privada.
Paredes blancas lisas, el suelo cubierto de baldosas de terracota y, en vez de ventanas, puertas francesas que se abrían al sendero que recorría el lateral de la casa.
Podía apañárselas sin decorar ahí abajo.
El baño también estaba bien, salvo que necesitaba una cortina de ducha nueva.
Los dormitorios de arriba, en cambio, eran otra historia.
Necesitaban pintura, alfombras nuevas para los suelos de madera y cortinas nuevas.
Las dos camas dobles con cabeceros de pino estaban bien, pero compraría colchones nuevos.
Una cama completamente nueva para el tercer dormitorio.
Y mucha ropa de cama. Tocadores, armarios, mesillas, luces, pantallas, una butaca cómoda en cada habitación, bandejas con vajilla y lo necesario para hacer té y café.
Los baños de las habitaciones estaban bien, pero las toallas y las alfombrillas de baño iban a la lista.
Después tocaba la cocina. Carla se mordió el labio, pensando en su cocina bien equipada de casa, mientras repasaba con la mirada las encimeras y los armarios vacíos.
Al menos había un buen fogón y una nevera.
Tendría que hacerse con lo básico y comprar lo demás poco a poco.
Poner la villa a punto iba a llevar tiempo y estaba claro que sería caro.
Además, era poco probable que estuviera lista para recibir huéspedes antes de que terminara la temporada de verano ese año.
Carla respiró hondo. Se centraría en mudarse a Francia y en tener una vida nueva, y eso incluiría preparar la villa para los huéspedes, pero lo más importante sería vivir a su manera.
***
—Joël estaba hoy en la villa —le dijo Carla a Josette mientras comían en el patio debajo de la sombrilla—. Parece un hombre simpático.
—Lo es —respondió Josette.
—Cuando le dije que iba a mudarme pronto a la villa, me contó que pensaba preguntarte si podía alquilarte una habitación por unas semanas. Se tiene que ir de donde está y no encuentra nada adecuado en este momento.
—Aquí es difícil, sobre todo en verano —dijo Josette.
—No quería decir nada hasta hablarlo contigo, pero me preguntaba si sería posible dejarlo quedarse en la villa hasta que encuentre algo. Yo voy a estar yendo y viniendo un par de semanas como mínimo, así que tener a alguien viviendo en la casa podría ser buena idea.
—No creo que Joël se aproveche, así que ¿por qué no? Si le viene bien. No ha tenido muy buena suerte estos últimos años —dijo Josette—. Y, la verdad, no me gustaba la idea de que la villa estuviera vacía demasiado tiempo. Mañana lo llamo y le digo que puede cogerse una habitación si aún la quiere.