La Villa de los Sueños Capítulo 21 2025 - El regreso de la matriarca #3
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Capítulo 21 2025 - El regreso de la matriarca #3

—Era una narcisista, Chris. Una narcisista clínica que me torturó psicológicamente desde niña —las palabras salieron atropelladas, liberándose—.

Todo giraba alrededor de ella. Cada logro mío se convertía en su victoria.

Cada fracaso, en mi culpa por decepcionarla.

Cada conversación acababa convirtiéndose en un monólogo sobre su sufrimiento, sus sacrificios, lo mucho que había hecho por mí.

Nunca me dijo nada acerca de mi padre. Debió de abandonarla, nadie podía estar mucho tiempo cerca de ella.

Incluso sus mejores amistades le dieron de lado al final. Nadie fue al entierro.

Chris frunció el ceño, procesando.

—Y cuando enfermó…

—Me llamaba a todas horas. Lloraba, me culpaba de no visitarla suficiente, de elegir mi trabajo sobre ella.

Decía que era una hija horrible, que se moriría sola por mi culpa —Lily se limpió una lágrima que resbaló sin permiso—.

Así que hice lo único que sabía hacer. Huir.

Cuando ya había muerto acepté el proyecto de Chiara y me largué sin mirar atrás.

—Joder.

—He pasado aquí dos meses muerta de culpa, convencida de que era la peor persona del mundo. Y en realidad Elsie había estado jugando conmigo toda la vida. El cáncer era real, pero ella lo usaba como arma. Manipulaba cada situación para mantenerme atrapada como a todo el mundo a su alrededor.

Chris le acarició la mejilla con el pulgar.

—No fue tu culpa.

—Lo sé —Lily asintió—. Lo sé aquí —se tocó la frente—. Pero aquí —se llevó la mano al pecho— todavía me duele.

Se levantó del sofá, caminando hacia la ventana. La bahía brillaba bajo las luces de Sliema.

—Y ahora me doy cuenta de que estoy haciendo exactamente lo mismo con Edmund. Refugiándome en resolver los problemas de otros muertos en lugar de enfrentar los míos.

—¿Tus muertos? —Chris se acercó por detrás—. No entiendo esa parte.

Lily cerró los ojos.

—Edmund… Edmund es el hermano de mi abuela Eliza, al menos por parte de padre. Eliza Jennings, la hermanastra ilegítima de los Barrington, era mi abuela. Por eso Chiara me contrató sin saberlo. Por eso acabé en esa villa. No fue casualidad, Chris. Fue…

—Destino —Chris completó con escepticismo—. Igual que Selene predijo.

—No lo sé —Lily se giró hacia él—. Pero ahora sí sé lo que tengo que hacer. Mañana volvemos a la villa. Vamos a enfrentar a Edmund. Vamos a aclarar toda la historia, la de su familia y la mía, porque al final son la misma.

Chris cruzó los brazos, estudiándola.

—¿Estás segura? Porque hace dos horas no opinabas igual y solo querías marcharte de esa casa.

—Estoy segura —Lily alzó la barbilla—. Toda mi vida he huido. De Elsie, de mis problemas, de todo lo que me duele. Pero Edmund está atrapado en esa villa desde hace casi cien años, seguramente porque nadie tuvo el valor de enfrentar la verdad. Alguien tiene que romper ese ciclo.

—¿Y tienes que ser tú?

—Soy su familia —Lily sintió la certeza asentándose en su pecho—. Al menos tengo que intentarlo.

Chris suspiró, pasándose una mano por el cabello despeinado.

—No me gusta nada de esto. Pero si es lo que quieres…

—Es lo que necesito.

Chris permaneció callado, contemplando la luz que venía de la calle. Lily notó la tensión en sus hombros, esa rigidez que aparecía cuando algo lo carcomía por dentro.

—Mi padre se llamaba Richard —dijo finalmente, sin mirarla—. Constructor, como yo. Hombre rudo, bebedor de cerveza, seguidor del rugby. Todo lo que se esperaba de un australiano de clase obrera.

Lily esperó, intuyendo que había más.

—Se casó con mi madre cuando tenía veintitrés. Yo nací dos años después. Familia perfecta, ¿no? —Chris se giró, apoyándose contra el cristal—. Excepto que era mentira. Todo era mentira.

—Chris…

—Mi madre murió cuando yo tenía diecinueve.

Cáncer, como la tuya —su mandíbula se tensó—.

Tres meses después, mi padre me llamó. Dijo que necesitaba hablar.

Se sentó frente a mí en la mesa de la cocina y me soltó que era gay.

Que siempre lo había sido. Que se casó con mi madre porque era lo que se esperaba de él en los ochenta.

Que la quería, pero nunca la amó de verdad.

Lily sintió que el aire abandonaba sus pulmones.

—Joder.

—Dijo que había vivido toda su vida escondiéndose.

Fingiendo. Muriendo un poco cada día porque no podía ser quien realmente era —Chris soltó una risa amarga—.

Y lo peor es que mi madre lo sabía. No desde el principio, pero lo descubrió años después.

Y se quedó igualmente porque lo quería y porque tenían un hijo.

—Chris, yo…

—No lo odio por ser gay —Chris la interrumpió, clavando sus ojos grises en ella—. Lo odio por haber sido un cobarde. Por haber construido una vida entera sobre una mentira. Por haber condenado a mi madre a un matrimonio sin pasión verdadera y a sí mismo a una existencia sin autenticidad.

Se pasó las manos por el rostro.

—Por eso soy como soy, Lily. Por eso digo lo que pienso sin filtros. Por eso no juego juegos. Por eso cuando te digo que me importas, es la puta verdad; esa mierda duele.

Lily comprendió entonces todo: la brusquedad, la honestidad brutal, esa manera de ocupar el espacio sin disculpas.

—Edmund y Thomas… —dijo.

—Exacto —confirmó Chris—. Tu fantasma seguramente está atrapado porque tampoco pudo ser auténtico. Porque la sociedad de su tiempo lo obligó a esconderse hasta que explotó de la peor manera posible.