La Villa de los Sueños Capítulo 21 2025 - El regreso de la matriarca #2
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Capítulo 21 2025 - El regreso de la matriarca #2

—Tenemos que hablar. Una conversación seria, sin interrupciones —Chris la guio hacia la escalera—. Necesito tiempo para procesar esto. Para… pensar. Y tendremos que encontrar la manera de explicárselo a Chiara sin que nos tome por locos.

—No podéis iros —Edmund los siguió escaleras abajo, su voz cargándose de urgencia—. No me dejéis solo otra vez.

—¿Nos está siguiendo? —preguntó Chris.

—Sí —Lily apretó los dientes—. Y suplicando que nos quedemos.

—Por favor —la voz de Edmund perdió su arrogancia habitual—. Esta soledad es… insoportable.

—¡Déjanos en paz! —Lily giró la cabeza hacia atrás—. ¡Necesito olvidar todo esto!

Alcanzaron el vestíbulo. Chris prácticamente arrastró a Lily hacia la salida, abriendo la puerta de par en par. El sol los cegó momentáneamente.

Edmund se detuvo en el umbral, extendiendo la mano hacia el exterior. Su expresión pasó de súplica a confusión cuando sus dedos chocaron contra una barrera invisible. Empujó con fuerza, pero algo lo mantenía atrapado dentro de los límites de la villa.

—No puedo… —Su voz se apagó mientras observaba impotente cómo Chris ayudaba a Lily a subir al coche y luego cerraba la puerta de la entrada a la villa.

El motor arrancó. Edmund permaneció dentro, una figura solitaria enmarcada por la antigua puerta de roble, observando por una ventana cómo el vehículo se alejaba por el camino de grava.

* * *

Chris marcó el número de Chiara mientras conducía por la carretera costera camino de su apartamento, su mano libre tamborileando nerviosamente sobre el volante.

—Chiara, siento molestarte tan cerca de la llegada de tu familia…

La voz de ella sonó comprensiva al otro lado de la línea.

—¿Qué pasa?

—Es Lily. No se encuentra muy bien. Creo que está incubando algo. Fiebre, mareos… —Mintió, lanzando una mirada de reojo a Lily, quien se había recostado contra la ventanilla del pasajero con los ojos cerrados—. No vamos a poder ir al hotel esta tarde.

—Pobre. Dile que se cuide y descanse. Ya conocerá a mi madre y a Alessandro en otro momento.

Chris colgó y soltó un suspiro largo. Lily abrió los ojos y lo observó durante varios segundos.

—Gracias.

—No me las des todavía. Todavía no sé qué pensar de todo esto.

* * *

A la entrada del hotel, un Mercedes gris oscuro se detuvo frente a las puertas del hotel justo cuando la luz dorada del día empezaba a inclinarse sobre la fachada. Chiara bajó los escalones de la entrada justo cuando el conductor abría la puerta trasera.

Giulia Moretti emergió del vehículo con una elegancia que los años no habían borrado, su cabello blanco recogido en un moño impecable, vestida con un conjunto de lino color crema que parecía salido de otra época.

Alessandro salió del asiento del conductor, más alto de lo que Chiara recordaba, con el cabello oscuro salpicado de canas en las sienes y esa expresión melancólica característica.

—¡Mammina! —Chiara corrió hacia su madre.

Giulia la estrechó entre sus brazos con fuerza sorprendente para sus ochenta y nueve años, besándole ambas mejillas repetidamente.

—Figlia mia, troppo magra. ¿Qué te está dando de comer esa chica?

—Mamma, por favor…

—Sofía, Sofía… nunca me ha gustado esa muchacha —Giulia sacudió la cabeza mientras Alessandro abría el maletero—. Y esa historia tan rara que lleváis entre vosotras. Madonna santa.

—Ya estamos —dijo Chiara.

—Ma chi sono io per giudicare, eh? —Giulia levantó las manos al cielo con dramatismo—. ¿Quién soy yo para juzgar? Solo tu madre, que te llevó nueve meses en el vientre y pasó treinta horas de parto…

—Treinta y dos —corrigió Alessandro arrastrando dos maletas pequeñas—. Nos lo has contado suficientes veces.

Chiara abrazó a su hermano, notando cómo él se tensaba ligeramente antes de corresponder el gesto. Siempre así con Alessandro, como si los afectos físicos le resultaran incómodos.

—Me alegro de verte, hermanito.

—Y yo a ti.

Un botones del hotel se acercó para ayudar con el equipaje. Alessandro le entregó las maletas, pero Giulia aferró con fuerza un bolso de cuero gastado que llevaba colgado del hombro.

—Questo no. Esto me lo llevo yo.

Chiara observó el bolso con curiosidad. Parecía pesado, repleto hasta reventar.

—¿Qué llevas ahí, mamma?

—Cosas —Giulia apretó el bolso contra su pecho—. Cosas que tenía guardadas en casa. Documentos. Fotografías. Cosas que necesito contaros a los dos.

—¿Ahora?

—A su tiempo, figlia. A su tiempo. —Giulia echó a andar hacia la entrada del hotel con paso sorprendentemente firme—. Primero un baño caliente y un café decente. Después hablamos.

Alessandro se encogió de hombros ante la mirada interrogante de Chiara.

—Lleva tres días diciendo lo mismo. “A su tiempo, Alessandro. A su tiempo.”

Cruzaron el elegante vestíbulo del hotel. Giulia inspeccionaba cada detalle con ojo crítico, criticando en voz alta los arreglos florales demasiado modernos y la falta de calidez en el diseño minimalista.

—En mis tiempos, los hoteles tenían alma. Ahora todo es cristal y acero frío.

—Tus tiempos eran hace cincuenta años, mamma —Chiara sonrió a pesar de todo.

—Y qué buenos tiempos —Giulia suspiró nostálgica mientras entraban al ascensor—. Tu padre… Madonna, cómo echo de menos a tu padre.

Alessandro miraba fijamente los números iluminados del ascensor. Chiara tragó el nudo que se formó en su garganta.

Las puertas se abrieron en la décima planta. Giulia salió primero, todavía aferrando su bolso misterioso.

—Bueno, ¿dónde están mis habitaciones? Necesito descansar antes de la cena. Y vosotros dos también. Os veo agotados.

* * *

El apartamento de Chris ocupaba el tercer piso de un edificio modernista en Sliema, con vistas al paseo marítimo.

Lily cruzó el umbral y recorrió con la mirada el espacio abierto: paredes blancas impolutas, muebles funcionales de líneas rectas, una televisión enorme montada sobre un soporte metálico totalmente funcional.

Todo demasiado ordenado, demasiado masculino, demasiado… vacío.

—¿Vives aquí o usas esto como almacén temporal?

Chris cerró la puerta.

—¿Qué tiene de malo?

—Nada —Lily pasó los dedos por el respaldo del sofá de cuero negro—. Es solo que parece un catálogo de Ikea. Sin personalidad.

—No todos somos diseñadores obsesionados con cojines decorativos.

—No hablo de cojines —Lily señaló las paredes desnudas—. Hablo de que no hay nada tuyo aquí. Ninguna fotografía, ningún libro, ninguna… vida.

Chris cruzó los brazos, apoyándose contra la encimera de la cocina americana.

—Si quieres criticar mi decoración, puedo llevarte al hotel ahora mismo. Descansas un par de horas y mañana volvemos a lo de Edmund con la cabeza más clara.

El nombre del fantasma flotó entre ellos como un tema más. Lily se dejó caer en el sofá, hundiendo la cara entre las manos.

—No quiero ir al hotel. Lo último que necesito ahora es cruzarme con más miembros de la familia Barrington.

—Entonces…

—No sé lo que quiero, Chris —levantó la vista hacia él—. Bueno, sí lo sé. Quiero que nada de esto sea real. Quiero que Edmund sea solo producto de mi imaginación y no un fantasma atrapado en esa villa desde hace casi cien años.

Chris se acercó despacio, estudiándola con esa intensidad que siempre la ponía nerviosa.

—Mira, lo que pasó hoy en la villa…

—Lo viste —Lily se incorporó—. Viste cómo los objetos caían solos.

—Vi caerse algo y a ti histérica gritando todo el rato —Chris se sentó a su lado, manteniendo distancia—. Pero necesito que me digas la verdad, Lily. ¿Todo esto… el fantasma, los sueños, Selene y su ritual…? ¿Es real o es una manera de huir tuya?

Lily parpadeó.

—¿Huir de qué?

—De esto —Chris señaló el espacio entre ambos—. De lo que sea que tengamos. Porque no sé qué coño somos, Lily. Te beso, me besas, nos acostamos, pero nunca hablamos de… nada. Y ahora aparece un fantasma convenientemente cuando las cosas empiezan a ponerse serias.

La acusación dolió más de lo esperado. Lily sintió el impulso familiar de levantarse, marcharse, desaparecer antes de tener que enfrentar eso tan real que sentía.

Pero esta vez no se iría.

Se giró hacia Chris y lo besó con una intensidad que lo tomó desprevenido. Hundió los dedos en su cabello, saboreando sus labios, sintiéndolo real y sólido bajo sus manos.

Cuando se separaron, Chris la miraba atónito.

—De esto estoy segura —Lily mantuvo su rostro cerca del de él—.

No me lo hubiera imaginado hace semanas, pero te quiero con locura, Chris Bennett.

No tengo ni puta idea de cómo lidiar con Edmund, ni con el pasado de mi familia, ni con nada de lo que está pasando en esa villa, pero de ti estoy segura.

Chris tragó saliva.

—¿Sí?

—Sí. —Lily acarició su mandíbula áspera—. Eres lo único claro en medio de todo este caos.

Chris la atrajo hacia él, envolviéndola entre sus brazos con esa fuerza protectora que la hacía sentirse anclada.

—Entonces quedémonos con eso —murmuró contra su cabello—. Lo demás lo resolvemos juntos.

Lily permaneció entre los brazos de Chris durante largo rato, escuchando los latidos regulares de su corazón. La claridad que buscaba desde hacía meses finalmente emergía, pero no era la que esperaba.

—Vine a Malta huyendo —las palabras brotaron sin filtro—. De Londres, de mi vida, de todo.

Chris no se movió, solo apretó un poco más su abrazo.

—¿Huyendo de qué?

—De mi madre —Lily se apartó lo suficiente para mirarlo—. Elsie murió hace tres meses. Cáncer. Y yo… yo no estuve con ella en sus últimos días, me refugié en mi trabajo. Pero luego me he odiado por ello todo este tiempo. Siento que es como culpa mía todo lo que le ocurrió.

—Lily…