Capítulo 9 2025 - Guardianes silenciosos
El Ford Ranger de Chris rugió al arrancar, levantando una pequeña nube de polvo calcáreo que se dispersó sobre los jardines salvajes de la villa.
Lily ajustó el cinturón de seguridad y observó de reojo cómo las manos de Chris manejaban el volante con una confianza que resultaba irritantemente atractiva.
—El almacén está en Marsa —informó él sin mirarla, concentrado en la carretera estrecha que descendía del acantilado—. Unos veinte minutos.
Lily miró por la ventanilla sin responder, contemplando cómo el paisaje cambiaba de la vegetación salvaje a las primeras construcciones urbanas. El olor a mar se mezclaba con el polvo de las obras que salpicaban Malta entera.
—¿Por qué te dedicaste a esto? —preguntó de pronto—. A restaurar edificios viejos en lugar de construir cosas nuevas.
Chris cambió de marcha con más fuerza de la necesaria.
—Pagan bien.
—No te creo.
Él la miró de soslayo, y por un momento algo parpadeó en sus ojos.
—Porque lo viejo tiene historia. Lo nuevo es solo… cemento y cristal sin alma.
Lily sintió que la respuesta contenía más verdad de la que él pretendía revelar. Se atrevió a ir más allá.
—¿Tu padre también se dedicaba a la construcción?
La mandíbula de Chris se tensó visiblemente. Sus nudillos se pusieron blancos sobre el volante.
—No hablemos de mi padre.
—Solo preguntaba…
—Pues no lo hagas —cortó él, su voz adquiriendo un filo peligroso.
Lily levantó las manos en gesto defensivo, sorprendida por la intensidad de la reacción. Chris respiró hondo, como intentando recuperar el control.
—Hay cosas que los padres no deberían contarles a sus hijos —dijo por fin, casi para sí mismo.
El comentario quedó suspendido en el aire del coche, cargado de un peso que Lily no comprendía pero que sentía visceralmente. No se atrevió a preguntar más. Chris aceleró ligeramente, como si pudiera dejar atrás la conversación con la velocidad.
El resto del trayecto transcurrió sin palabras, con solo el ruido del motor y el ocasional cambio de marcha. Lily observaba el perfil de Chris, las líneas duras de su rostro, preguntándose qué secreto familiar guardaba con tanta fiereza.
Cuando entraron en el polígono industrial de Marsa, Chris señaló hacia un enorme almacén de chapa metálica.
—Hemos llegado.