CAPÍTULO 6
Algo más calmado, Ariel pide a Mehujael cuando pasa por delante de su celda el permiso para poder realizar la llamada a la que tiene derecho, lo que Mehujael concede y lo lleva hasta el teléfono.
Ariel marca el número de su abogada de confianza, una mujer de nombre Diana Guadalajara, que acepta defenderlo cuando lo visita media hora más tarde al saber los detalles del caso.
Juan Pablo llega a Madrid en avión y no tarda en tomar un taxi hacia la mansión de su familia, ignorando los últimos crímenes del perverso Ariel, mientras Coré Figueroa presenta su dimisión por cuanto ha hecho a Ariel Velázquez, lo que Mehujael comprende.
En la sala de visitas, Diana Guadalajara jura a Ariel que lo sacará de allí lo antes posible, lo que da esperanzas al perverso asesino, que poco después recibe la visita de su esposa, que se asusta al ver su rostro desfigurado, mas igualmente le pide el divorcio.
ROSALÍA: No me andaré por las ramas. Quiero el divorcio, Ariel.
ARIEL: Estás loca si piensas que voy a dejarte libre. Solo muerto podrás deshacerte de mí.
ROSALÍA: Estás equivocado. Voy a hacer hasta lo imposible por deshacerme de ti. Has llegado muy lejos... Jamás pensé que podrías causar tanto dolor, cometer actos tan degradantes, tan monstruosos como el demonio en que te has convertido. Que te pudras en la cárcel...
ARIEL: Jamás sucederá tal cosa. Mi abogada me sacará de este mugroso lugar.
ROSALÍA: Te juro por mis muertos que eso no pasará. Diana me va a oír. Se le van a quitar las ganas de defenderte, acuérdate de lo que te digo.
Acto seguido, Rosalía pide hablar con la abogada de su esposo a solas, mas Loreto le confirma que se ha marchado al verla a la puerta de la comisaría fumando con Mehujael y Virginia.
Rosalía agradece la información y llama a la letrada para citarse con ella en su oficina.
Una hora más tarde, Diana se presenta en el spa y la recibe una de las secretarias de Rosalía, una joven parlanchina e hiperactiva de nombre Ignacia Guevara, a quien todo el mundo llama Nacha.
Una vez a solas, la esposa de Ariel exige a Diana que deseche la idea de defenderlo, mas la letrada se niega.
DIANA: Por supuesto que no pienso desechar la idea, está decidido y voy a llegar hasta el final. Por muy terribles que sean sus crímenes, tiene derecho a defensa.
ROSALÍA: Mira que lo dudo... No creo que vayas a ganar el juicio. Además, no te conviene llevarme la contraria.
DIANA: Usted no puede obligarme a que reniegue de defender a su esposo. ¿Quién se cree? No tiene derecho a impedirme nada...
ROSALÍA: Me temo que sí puedo. Tengo algo que puede acabar con tu brillante carrera de abogada. Sabes muy bien que tienes una muerte sobre tu conciencia. Sé que mataste hace quince años a una mujer llamada Atenea Olivares.
Diana enmudece de asombro; no da crédito a que Rosalía conozca su turbio pasado. La abogada se echa a llorar rogando a la esposa de Ariel pleitesía.
ROSALÍA: No tienes otro camino si quieres que no haga nada en tu contra. Renuncia a la defensa de Ariel.
DIANA: Está bien. Usted gana. Me voy lejos del país. Pero a cambio me pagará un millón de euros en efectivo.
ROSALÍA: Con tal de perderte de vista, de acuerdo.
Pero Rosalía la entrampa, y, haciéndole creer que va a pedir su chequera, se ausenta de la oficina cuando en realidad va a llamar a la policía.
Diana se va sin el dinero acordado para avisar a Ariel que lo sacará a como dé lugar de entre rejas.
En ese momento llega Mehujael, a quien arrebata las llaves de la celda y lo dispara para evitar que avise a alguien, matando al inocente hombre, escena que presencia horrorizada Virginia Pascual; Madaia llega en ese momento y llama a Rosalía, que se insulta a sí misma por haberse ausentado de la oficina; Rosalía hasta se culpa de las muertes de Mehujael y Virginia, a quien Diana ha matado a tiros y se dirige sin perder tiempo a comisaría.
Pero es demasiado tarde, pues Diana libera a su cliente, quien toma un taxi hacia la casa de María Clara, donde piensa provocar una nueva desgracia.
Rosalía se aterra al saber que Ariel ha escapado, y tal como pensaba hacer en el spa so pretexto de buscar su chequera, denuncia a la abogada asesina por el crimen de Atenea Olivares que descubrió pocos días antes.
La denuncia deja sin palabras a Madaia, que ordena detener a la abogada prófuga donde quiera que se encuentre.
Diana está segura de que Rosalía no dudará en denunciar el asesinato de Atenea Olivares, por lo que decide huir del país mientras Madaia llama a la policía del Aeropuerto de Barajas para que detengan a Diana Guadalajara si se le ocurriera la idea de escapar del país.
Su madre, Samantha Capote, que también es policía, recibe la orden.
Rosalía no demora en llamar a Cruz para alertar de lo sucedido en comisaría, lo que alarma a los presentes; mientras, la abogada prófuga llega al aeropuerto, donde compra un boleto para huir a Miami, mas al pasar por el control de seguridad, es detenida por Samantha Capote, que al ir a esposarla, la empuja; la abogada inicia un tiroteo y huye matando a veinte personas inocentes y sube al avión sin que nadie pueda impedírselo, amenazando a la tripulación con matar a todos los pasajeros si intentan evitar que vuele.
Samantha se levanta del suelo dolorida y corre hacia el avión llegando demasiado tarde, pues acaba de despegar.
Diana se ha salido con la suya, lo que cuenta a Madaia por teléfono.
Alarmada, la joven llama al FBI, donde le contesta un miembro del cuerpo llamado Metusael Aguirre, que agradece el aviso y asegura que nadie dejará entrar a la abogada prófuga a Estados Unidos, sino que la detendrán para deportarla.
Ariel llega hecho una furia al portal de los Montenegro; se alegra de que no haya nadie en la portería para que nadie le impida cumplir sus turbios planes.
En el ascensor, se encuentra con Blancanieves, a quien haciendo memoria recuerda como la novia de Adrián por haberles visto en el karaoke.
Ella, aterrada, lo reconoce por las fotos que le enseñó Rosalía.
No puede tener más pavor por estar a solas con el perverso hombre que ha destrozado la vida a su hermano Asahel.
Sin que pueda impedirlo, Ariel para el ascensor en el sótano, y comienza a pegar una brutal paliza a la novia de su hijo.
Blancanieves, presa del miedo, intenta defenderse, mas sus fuerzas flaquean y se siente morir cuando el pervertido y sádico padre de su novio la viola, lo que termina de hundirla.
Ariel le ha robado la virginidad y se siente sucia y humillada.
Encerrada en su dolor, ni se percata del momento en que Ariel la ha dejado atada a la barandilla del sótano con la boca tapada, hecha un mar de lágrimas.
Rosalía cuenta a Nacha lo sucedido con Diana, lo que escandaliza a su secretaria, que recomienda a su patrona estar cerca de la familia Montenegro, con lo que Rosalía está de acuerdo y agradece a Nacha que siempre sea tan eficiente, repitiendo una vez más que ella no tiene culpa de que Diana se fuera, pues aunque no se hubiera ausentado para ir a tomar café, Diana hubiera sido capaz de hacerle daño con tal de largarse si sospechaba que Rosalía iba a entramparla so promesa de pagarle un millón de euros como premio a no defender a Ariel.
De camino a casa de María Clara, Rosalía no puede imaginar lo que Ariel le ha hecho a Blancanieves, pero no tardará en saberlo; mientras, Ariel descubre lo que Diana ha provocado en el aeropuerto al llegar a su casa de Guadalajara en un coche robado, pues lo ve por la televisión en Antena 3.
Lejos de allí, Diana siembra el terror en pleno vuelo, pues amenaza a todos a bordo de destruir el avión, poniendo en claro peligro la vida de pasajeros y tripulación; se culpan unos a otros de no haber despegado minutos antes de que la desquiciada mujer subiera al avión.
Sentada en su butaca, recibe la llamada de Ariel, que la alaba por su maldad y le pide que cuando se haga con el control del avión, vaya a buscarle a su casa de Guadalajara, lo que la perversa abogada promete.
Rosalía llega al portal de los Montenegro, y al llamar al ascensor, ve que está en el sótano pero que no sube al bajo por más veces que llama, por lo que comenta a la portera, Angie Cadenas, que llega de la compra, que debe estar estropeado.
La portera, intrigada, baja por las escaleras para averiguar qué sucede y pega un grito desgarrador al ver a Blancanieves Montenegro con la ropa rota y llorando a lágrima viva, atada a una de las barandillas, dándose cuenta de que la puerta del antiguo ascensor de madera está entre abierta.
Angie llama a Rosalía a voz en grito y esta baja alarmada, pues ya estaba subiendo las escaleras.
La esposa de Ariel se queda sin respiración al ver a Blancanieves en tal estado crítico y penoso.
Al destaparle la boca, Rosalía le pregunta qué ha pasado, mas antes de que pueda contestar, Rosalía descubre algo que le sobrecoge de terror: la tarjeta de residencia de Ariel junto a Blancanieves, que, sacando fuerzas de donde no tiene, les revela que Ariel la ha violado en el ascensor sin que haya podido impedírselo.
Rosalía y Angie enmudecen de rabia e impotencia, mas el odio y la furia se apoderan de Rosalía, que lleva a una débil Blancanieves a casa de su abuela, donde jura a toda la familia que ahora sí, nada impedirá que acabe con su esposo, aunque sea tomando la justicia por su mano.
Cruz, furiosa por lo último que ha provocado Ariel, se va con Rosalía, pues no desea otra cosa que ver morir al perverso hombre que tanto daño ha causado a su familia en solo dos días.