LA VIDA SEGUIRÁ: (SÓLO CONTIGO) CAPÍTULO 5 #2
28%

CAPÍTULO 5 #2

En Guadalajara, los chicos celebran que Ariel haya sido detenido y se van de la casa para ir directos a la de María Clara, donde todos reciben a Asahel con gran alegría; todos exhalan un suspiro de alivio al saber que por fin Ariel ya no está libre.

Natanael pide a todos que tomen asiento, pues van a contar lo que han hecho con Ariel.

Todos quedan perplejos de asombro al saber que han ultrajado y humillado a Ariel para hacerle pagar el dolor causado; hasta elogian a los gemelos, sobre todo a Asahel su valentía al haberse vengado de semejante manera tomando así la justicia por su mano.

Rojo de ira entre rejas, Ariel jura para sí que destruirá a su familia entera, pero sobre todo a los Montenegro por el ultraje de que ha sido víctima. Planea fugarse comprando el silencio de algún policía corrupto que se preste a tal fin.

Rosalía asegura a Asahel y Natanael que jamás les odiará por la manera en que se han vengado de Ariel, lo que tranquiliza a los gemelos, que aún no pueden creer haber llegado tan lejos en su ansia de hacer pagar a Ariel sus humillaciones.

ROSALÍA: Además, le voy a pedir el divorcio. Espero que mis hijos me entiendan...

MAXIMILIANO: Cuentas con todo nuestro apoyo, mamá.

MELANIA: Por supuesto que lo entendemos.

MAXIMILIANO: Eso sí, no sé si te lo querrá dar...

ROSALÍA: Pues tendrá que hacerlo quiera o no... ¡Por las buenas o por las malas! Perdonad, Cruz, María Clara, familia... Perdonad por levantar la voz, pero esta situación es muy tensa.

CRUZ: No te preocupes, Rosalía. Yo también estoy muy nerviosa a pesar de que Asahel ya ha sido liberado...

ROSALÍA: No es de extrañar, con este panorama. Me marcho, Cruz. Mañana te veo como hemos hablado para concretar los detalles de tu trabajo en el spa, ¿de acuerdo?

CRUZ: Muchas gracias, allí estaré.

ROSALÍA: Volveré, necesitamos estar ambas familias unidas.

MARÍA CLARA: ¡La familia unida, jamás será vencida!

NATANAEL Y ASAHEL: -al unísono- ¡Bravo, abuela!

ROSALÍA: Gran verdad. Nos vemos.

CRUZ: Cuídate, nos vemos.

Acto seguido, Rosalía se encamina a la mansión prometiéndose a sí misma estar mano a mano con la familia Montenegro para apoyarles en cuanto sea menester.

Anastasia se va después de Rosalía, pues considera que la familia ya necesita estar en la intimidad; además llevan muchas horas allí.

Acto seguido, se van también Adrián, Melania y Piero, quedando en la casa los Montenegro Castaño.

La jueza Loreto Cuervo le proporciona a la abogada Sonia García López la dirección de Asahel y Natanael. La letrada programa una visita para esa misma tarde a los gemelos y cita a Maximiliano, Lemuel y Coré para que estén presentes en la visita.

Rosalía llega a la mansión, donde es recibida por el ama de llaves, una mujer corpulenta de 46 años llamada Morelia Olivares, que comenta el encarcelamiento de su patrono.

ROSALÍA: Sí, es muy desagradable todo cuanto ha sucedido en las últimas horas... ¿Dónde está Monalisa?

MONALISA: En su cuarto.

ROSALÍA: Gracias, Morelia. Después conversamos con más calma. Mientras, por favor me preparas un baño, necesito relajarme con esas sales que ya sabes.

MORELIA: Ahora mismo, señora. Con permiso.

Morelia se retira a preparar el baño a su patrona mientras Monalisa la recibe en su cuarto, alarmada por las maldades de Ariel; su patrona le detalla brevemente lo que no sabe: la liberación de Asahel, por lo que la niñera se alegra.

Acto seguido, Rosalía va a tomar su baño mientras Adrián acude a la comisaría y pide ver a su perverso progenitor, a quien le grita todo su odio y desea que se pudra entre rejas por el resto de su vida.

Almudena llega a la mansión, donde habla un rato con Morelia y Monalisa, que se ponen de acuerdo en no mencionar a la pequeña Dulce María que su padre está en prisión.

Rosalía agradece su discreción añadiendo que es lo mejor.

Tras acomodarse en el sofá, les informa que va a pedir el divorcio a Ariel, lo que parece lógico a las mujeres, aunque lamentan que la que más sufrirá será la pequeña Dulce María, que de nada tiene culpa.

Blancanieves y sus hermanos salen a pasear por la Gran Vía para despejarse un poco e intentar olvidar lo que han pasado en las últimas horas, pero Asahel se echa a llorar en brazos de su gemelo y no tardan ni media hora en regresar a casa.

Asahel está traumatizado por las continuas violaciones de Ariel y no cesa en su llanto, contagiando a los demás.

La casa de María Clara se convierte en un mar de lágrimas.

Adrián pide furioso a la jueza Loreto Cuervo que su padre jamás salga de la cárcel, con lo que la inflexible mujer no puede estar más de acuerdo, asegurando para su tranquilidad que Ariel será de nuevo interrogado por un nuevo comisario que está por llegar para sustituir a Augusto Figueroa, para quien Coré ha encargado una placa en su recuerdo; mientras, Ariel es informado por la agente Virginia Pascual de que está en derecho de hacer una llamada, por lo que decide llamar a uno de sus abogados.

Asahel toma una tila mientras Cruz comenta con sus hijos que le ha chocado sobremanera el chico llamado Lauren Montenegro, pues se parece mucho a su difunto marido además de llamarse igual, pero se niega a creer que su marido pudiera haber sido infiel; su madre le dice que se quite esa idea de la cabeza.

Maximiliano no duda en presentarse ante su inicuo progenitor, al que desea la más horrible de las muertes por el daño irreparable causado a Asahel; no solo le desea lo peor, sino que se ríe de él por tener media cara quemada por el ácido, pues la tiene desfigurada como el monstruo en que se ha convertido.

MAXIMILIANO: Esto es poco para lo que te mereces, malnacido. Lo que mereces es la muerte.

ARIEL: ¡Largo de aquí, maldito invertido!

MAXIMILIANO: ¿Invertido? ¿Te atreves a llamarme invertido después de haber violado tú a otro hombre? Vete al infierno.

Dejando a su padre profiriendo maldiciones en su contra, Maximiliano se va furioso y, al encontrarse por los pasillos con la jueza Loreto Cuervo le pide que no libere a su padre, lo que promete la mujer, que asegura encargarse personalmente de que se pudra en prisión.