LA VIDA SEGUIRÁ: (SÓLO CONTIGO) CAPÍTULO 4 #3
23%

CAPÍTULO 4 #3

Anastasia siente que tiene la obligación moral de contarle la verdad sobre Dominika a Rosalía, pues no solo es la cómplice de su esposo, sino su amante.

No pudiendo callar más, llama a Rosalía y se lo confiesa a bocajarro y sin rodeos, explicando que Dominika se lo ha contado tan fresca y orgullosa esa misma noche.

Rosalía le agradece habérselo contado, y al colgar, se desahoga con Cruz, que se queda de piedra al saber que la elegante dama de sociedad ha sido engañada por su adúltero esposo.

Maximiliano ha escuchado la conversación y maldice a su padre una vez más.

Siente que cada minuto que pasa lo aborrece más, sentimientos que también echan raíz en los corazones de Adrián y Melania, que nunca hubieran imaginado tener un padre tan malvado.

Inconsolable, Natanael se encierra en su cuarto rogando a Dios de rodillas que el perverso Ariel no mate a su gemelo; mientras, Ángeles intuye que nadie dormirá en la casa esa noche, a lo que Noé le da la razón.

Abrahán y Soledad se abrazan llorando por Asahel, rezando en voz alta, pidiendo por Asahel para que no le ocurra nada irremediable y puedan volver a tenerlo entre ellos.

Anastasia se siente en el deber moral de apoyar a los Montenegro, por lo que llama a Blancanieves para pedir la dirección de la casa, pues desea apoyarles en momentos tan duros, lo que la hija mayor de Cruz agradece y le da la dirección, hacia la cual se dirige pocos minutos después Anastasia.

Ariel parece no sentirse conforme con el daño causado, por lo que ordena a Leandro secuestrar a Adrián y Natanael por separado, lo que horroriza a Asahel cuando oye los oscuros planes de su verdugo.

Coré Figueroa segura a su padre, Augusto, que no van a parar hasta dar con el paradero de Ariel Velázquez, a quien aún no han encontrado ni en el spa, pero le informa que en seguida irán a la Mansión Velázquez, aunque no creen que vaya a tener a un secuestrado en su propia casa.

Anastasia llega al portal de María Clara a la misma vez que Almudena, Lauren y Luis Mario, que no han dudado en acercarse a casa de los Montenegro Castaño para apoyarles.

Lauren, al igual que Luis Mario, ruegan rezando en silencio por que aparezca Asahel sano y salvo.

Tal como Ángeles y Noé imaginaban, nadie duerme en la casa esa noche, noche que parece no acabar, pues las horas se les hacen eternas sin noticias de Asahel.

Augusto y Coré son recibidos por Monalisa, que niega la presencia de Ariel allí, pues no le ha visto volver, mas los policías no se van, pues tienen una orden de registro.

Hacen tanto ruido que despiertan a la pequeña Dulce María, que se asusta al ver allí a la policía.

Monalisa, indignada por el poco tacto de Coré y Augusto, la calma asegurando que no pasa nada y la niña se vuelve a dormir tras beber un vaso de leche que le sirve la niñera.

Blancanieves se ha quedado dormida abrazada a Adrián y se despierta a las cinco de la mañana, pudiendo comprobar que Natanael y Maximiliano sí que no han conseguido pegar ojo.

Leandro se ahorca sin cumplir el último encargo de Ariel.

Siente remordimientos por haber cobrado dinero por destruir la vida de un inocente como Asahel.

No quiere llevar un secuestro más sobre su conciencia.

Ariel descubre su cadáver al entrar en el sótano de la casa.

Tras maldecir al hombre por cobarde, pega una paliza más con toda su rabia a Asahel.

Al ver llegar a Dominika, le ordena que lo vigile, pues ha de salir.

Dominika no está conforme y no desea colaborar, pero tiene miedo al malvado hombre y accede, mas antes de que salga de la vivienda, le advierte que seguramente Rosalía lo ha denunciado, pues su nombre ha salido a relucir, por lo que, rojo de ira, Ariel planea secuestrar a su esposa para acabar también con ella, planeando acabar después de manera más fácil con Adrián, Blancanieves y Natanael.

Monalisa apenas ha dormido desde que se fue la policía. La gota que colma el vaso de su nerviosismo es oír en las noticias de la mañana que su patrón está en búsqueda y captura.

Rosalía y Almudena se acuerdan de la casa que Ariel posee en Guadalajara.

Sin perder más tiempo, Rosalía llama a Augusto para avisar que ha recordado un lugar donde Ariel podría tener a Asahel y que, con los nervios del secuestro, su mente se bloqueó y no lo recordaba, advirtiendo de la existencia de la Casona de Guadalajara y le facilita la dirección, lo que agradece el Comisario Figueroa, quien, al colgar, se va con Coré rumbo a Guadalajara en el coche patrulla, deseando que no sea demasiado tarde.

Rendido de cansancio, Natanael ha conseguido dormir dos horas en brazos de Lemuel, que teme ver enloquecer a su novio si su gemelo no aparece sano y salvo.

Natanael y Lemuel no pueden echar a un lado a Maximiliano, pues sienten el mismo dolor que él y acaban durmiendo los tres en una cama, rendidos de sueño.

Dominika se extraña al ver a Asahel en ropa interior y le pregunta a Ariel porqué está de esa guisa.

Ariel no duda en revelar como si nada que ha violado al inocente joven, lo que deja estupefacta y horrorizada a su amante, asqueada, e intenta huir gritando que no da crédito a haberse acostado con un pervertido sexual.

Ariel corre tras de ella y no le permite escapar.

La ata a una silla y, para que se lo crea, vuelve a violar a Asahel salvajemente ante sus ojos, lo que horripila más aún a Dominika, que le grita que es un depravado y jamás volverá a ser suya.

Ariel la desata y, en lo alto de las escaleras de la casona, le clava un cuchillo en la yugular, le pega un tiro en la sien y la tira por el hueco de las escaleras.

Su amante muere desangrada mientras Augusto y Coré hablan de camino a la casona de la maldad de Ariel Velázquez.

Cuando se ha despertado, Natanael conversa con Almudena sobre el infierno que está viviendo por culpa de Ariel, quien, sin vergüenza alguna, llama a Rosalía para confesar que ha violado a Asahel, confesión que causa una gran conmoción entre los presentes en la casa, especialmente a Maximiliano, que teme enloquecer al imaginarse lo que su padre acaba de revelar.

Natanael siente que va a darle un jamacuco de la impresión.

Siente un odio inmenso hacia el perverso Ariel y jura que sería capaz de matarlo, lo que asusta a Rosalía, quien le pide calma, pues la policía va camino de la Casona de Guadalajara, y no se equivoca, pues Augusto y Coré Figueroa estarán allá en diez minutos.