CAPÍTULO 31
El abrazo que todavía espero
"Hay sueños que ya se cumplieron. Y hay otros que siguen dándole dirección a mi corazón."
Si alguien me preguntara hoy qué es lo que más deseo, no hablaría de una casa más grande.
Ni de un mejor trabajo.
Ni de un viaje.
Hablaría de un abrazo.
El abrazo de mi mamá.
Hay días en los que cierro los ojos y todavía puedo sentir el último abrazo que nos dimos en Cuba.
Recuerdo su olor.
Recuerdo la fuerza con la que me sostuvo.
Recuerdo que las dos intentábamos ser valientes.
Ninguna quería que la otra cargara con más dolor del necesario.
Han pasado los años.
La vida nos ha regalado muchas cosas.
He construido un hogar.
He encontrado personas maravillosas.
He conocido el amor más sano que jamás imaginé.
He cumplido promesas que un día parecían imposibles.
Pero todavía hay un espacio en mi corazón que sigue esperando.
No es un vacío.
Es una esperanza.
Muchas veces imagino ese momento.
No pienso en un aeropuerto.
Ni en quién llegará primero.
Solo imagino verla.
Caminar hacia ella.
Y volver a abrazarla sin tener que pensar en una fecha de regreso.
Sin despedidas.
Sin relojes.
Solo abrazarla.
Mi mamá ha sido el amor más constante de toda mi vida.
Cuando el miedo aparecía, ella oraba por mí.
Cuando yo dudaba de mí misma, ella seguía creyendo.
Cuando un océano nos separó, encontró la manera de seguir haciéndome sentir su hija todos los días.
Hay personas que me preguntan cómo logré seguir adelante.
La respuesta nunca es una sola.
Dios me sostuvo.
Muchas personas me tendieron la mano.
Pero siempre hubo una fuerza silenciosa que me acompañó desde Cuba.
El amor de mi mamá.
Todavía sueño con el día en que podamos compartir un café sin mirar el reloj.
Salir a caminar.
Reírnos de cualquier cosa.
Hablar de todos estos años mirándonos a los ojos y no a través de una pantalla.
Ese sueño sigue vivo.
Y no me avergüenza decirlo.
Porque la esperanza también forma parte de quien soy.
Durante mucho tiempo pensé que la esperanza consistía en creer que todo saldría exactamente como uno lo imagina.
Hoy la entiendo de otra manera.
La esperanza es seguir caminando con el corazón abierto, incluso cuando todavía existen sueños pendientes.
Por eso este libro no termina diciendo que todos mis anhelos se cumplieron.
Termina diciendo que sigo creyendo.
Sigo creyendo en Dios.
Sigo creyendo en el amor.
Sigo creyendo en los nuevos comienzos.
Y sigo creyendo que, si la vida me regaló tantos milagros que un día parecían imposibles, quizá todavía me esté preparando para uno más.
El día en que vuelva a abrazar a mi mamá.
Y cuando ese día llegue, no sentiré que la historia por fin estará completa.
Sentiré, simplemente, que Dios escribió un capítulo más.
Porque la esperanza nunca dejó de caminar conmigo.
Última página
No sé cuándo volveré a abrazar a mi mamá.
Ojalá la vida nos regale ese día.
Ojalá pueda ir a buscarla al aeropuerto.
O quizá sea yo quien viaje hasta donde ella esté.
La verdad…
No importa dónde.
Solo importa que llegue ese momento.
A veces imagino cómo será.
La veo caminar hacia mí.
Quizá el tiempo haya dejado algunas canas más en su cabello.
Quizá las dos tengamos algunas arrugas nuevas que no estaban la última vez que nos abrazamos.
Pero sé que, cuando nuestros ojos se encuentren, volveré a sentirme como aquella hija que nunca dejó de necesitar a su mamá.
No sé cuánto durará ese abrazo.
Solo sé que llevo muchos años guardándolo en el corazón.
Y cuando finalmente ocurra, creo que no diremos demasiado.
Hay abrazos que hablan mucho mejor que las palabras.
Tal vez lloremos.
Estoy casi segura de que sí.
Pero serán lágrimas distintas.
No serán lágrimas de despedida.
Serán lágrimas de regreso.
Durante mucho tiempo pensé que la esperanza era esperar que la vida cambiara.
Hoy sé que la esperanza es mucho más sencilla.
Es despertarme cada mañana creyendo que Dios todavía sigue escribiendo mi historia.
Porque, si Él fue capaz de llevarme desde una pequeña isla hasta una vida que jamás imaginé…
Si fue capaz de sostenerme en el desierto…
Si puso en mi camino a Robin, a María, a una familia venezolana y a Raúl…
Si me permitió cumplir la promesa que un día le hice a Thalía…
Entonces también puede escribir ese capítulo que mi corazón sigue esperando.
Por eso este libro no termina con un punto final.
Termina con una oración.
Dios…
Cuando llegue el día…
Permíteme volver a abrazar a mi mamá.
Y cuando ese abrazo ocurra…
Aunque ya no escriba otro libro…
Sabré que Tú todavía seguías escribiendo el más hermoso de todos.
Mi vida.