La vida es un puzle y el amor, un juego Capítulo 23 #3
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Capítulo 23 #3

―Que mi serio y trajeado amigo, el que siempre se mete conmigo por mi gusto por mis figuritas de colección tenga que utilizar esta clase de atuendo para conquistar a la chica que ama es algo que, en efecto, estoy disfrutando de lo lindo.

Y te advierto que pienso grabarlo en vídeo para la posteridad.

―No creo que puedas chantajearme con eso ―repuse mientras señalaba que Austin no era el único que me grababa.

―No, pero puedo mandárselo a tus padres… aunque tal vez no haga falta ―declaró Austin mientras me señalaba el escenario promocional del videojuego de Ellie hacia el que todas las cámaras enfocaban.

En ese lugar, junto a Adam Watcher, se encontraba Ellie, esperando el final de nuestro juego. Un final que yo pensaba ofrecerle tal y como ella me había pedido, porque era lo que se merecía.

Y no había vergüenza alguna en gritar ante todos que la persona a la que amaba era aquella que tal vez no pareciera encajar conmigo, pero que, en realidad, siempre había sido la única que encajaba a la perfección con mi corazón, lo vieran los demás o no.

Estaba tremendamente nerviosa.

No sabía si Max gritaría en público que me amaba de la manera que yo había creado en mi juego. Todavía dudaba si se atrevería a hacer el ridículo ante una multitud que lo señalaría, se reiría o le animaría, sabiendo que lo que estaba haciendo era porque amaba a una chica como yo.

Sabía que le había pedido demasiado y, aun así, después de tantos años, ese demasiado era necesario para calmar mi corazón.

Max, ese hombre que había aprendido a mantener siempre las apariencias y a mostrarse perfecto ante los demás, perdería toda esa perfección si cedía a mis deseos y me confesaba su amor de la manera que yo le había exigido que lo hiciera para tener un final feliz.

Mientras Adam comenzaba su discurso sobre nuestro videojuego y presentaba a los diferentes desarrolladores que lo habíamos creado, cada uno de nosotros, ataviados con unas vestimentas un tanto inusuales pero apropiadas para ese evento, esperábamos nuestro turno para hablar.

Cuando llegó mi momento, tomé el micrófono entre mis manos y repasé en mi mente el discurso que había preparado, pero finalmente hablé con el corazón del juego que había creado.

―Este juego que hoy presentamos está basado en una historia de amor real ―comencé, consiguiendo de mi público más de una sonrisa irónica.

―¿Y cuál de esos hombres es el protagonista de esa historia de amor? ―preguntaron a voces varios de los fans de mi juego, pero antes de que yo contestara, lo hizo otro de nuestros seguidores.

―¿Acaso no ves cómo va vestida? ¡Si has jugado con todos los personajes, ya sabes la respuesta!

Tras sonreír hacia mi animado público, continué hablando.

―Aunque los personajes de la historia son ficción, a uno de ellos lo creé pensando en un chico que jugó conmigo, aunque lo cierto es que yo también jugué con él.

Quizás ambos actuamos así porque ninguno de los dos sabía qué era el amor.

Nadie de nuestro entorno podía imaginar que dos personas como nosotros pudiéramos encajar; e incluso más aún: todos nos advertían acerca de los peligros de ese juego, pero ninguno de los dos oímos esas advertencias y continuamos jugando, y para nuestra sorpresa, ese amor se convirtió en realidad.

»Una realidad que tuvimos miedo de admitir porque todos nos decían que nuestros mundos no encajaban, que éramos demasiado diferentes.

Cuando nos separamos, los dos cargábamos con heridas por ese amor, pero no descubrimos lo profundas que eran hasta que volvimos a encontrarnos años después y volvimos a jugar.

Sorprendentemente, la causa por la que nos reencontramos fue porque yo creé un videojuego en el que quise darle a la persona que amé la oportunidad de cambiar sus necias decisiones del pasado.

Y así, nuestra historia de amor comenzó de nuevo y el mundo volvió a separarnos recordándonos lo diferentes que éramos y nos llevó a cometer nuevos errores en ese amor con el que es tan difícil jugar.

―¿Y cómo terminó tu historia de amor? ―preguntó emocionado uno de los jóvenes que nos observaban.

Tras echar un vistazo al público que rodeaba el escenario no vi a Max, por lo que me dispuse a responder tristemente que mi historia no había acabado demasiado bien, siendo consciente de que tal vez le había pedido demasiado a ese hombre.

Pero en ese momento, la multitud comenzó a abrirse en cuanto reconoció al protagonista que faltaba en la historia, creando un pasillo para que él llegara hasta mí.

―Su historia de amor aún no ha terminado ―sentenció Max con voz firme cuando comenzó a caminar hacia mí.

Ante mi asombro, lo hizo ataviado con ese ridículo disfraz de pieza de puzle en cuyo pecho llevaba una flecha que señalaba hacia un lado debajo de la leyenda «ella es la pieza que me falta».

Un disfraz que yo había hecho que llevara el protagonista masculino de mi historia para reencontrarse con la chica que amaba y ganar su corazón, el mismo disfraz que llevaba yo y que contaba con una leyenda similar y una flecha que señalaba en el sentido contrario que la del disfraz de Max: «él es la pieza que me falta».

Cuando Max llegó al escenario, las personas que nos miraban desde el público no supieron si nuestra historia era real o una emocionante actuación creada para publicitar el juego, pero a mí no me importó lo que pensaran los demás, porque, con sus acciones, Max había proclamado ante todos lo mucho que me amaba, regalándome esa seguridad que tanto necesitaba.

Él no tardó en besarme tan apasionadamente como siempre hacía, consiguiendo que me olvidara de todo. Y mientras me abrazaba fuertemente me susurró al oído algo que no estaba en el guion de la historia de mi juego, pero que necesitaba oír:

―Siempre te amé, antes y ahora. ¿Y tú, Ellie? ¿No tienes algo que decirme? ―me preguntó Max, anhelando escuchar las mismas palabras de amor de mi boca

― Game winner … ―contesté provocadoramente a su oído, y volvió a besarme.

El público nos jaleó, animándonos a alcanzar ese final feliz que tanto habíamos perseguido, y yo al fin me decidí a susurrar a su oído las palabras que tanto había temido pronunciar en voz alta para no convertirlas en una realidad que no pudiera ignorar:

―Te amo.

Tras escuchar mi confesión, Max volvió a besarme hasta que Adam lo interrumpió con un carraspeo y Damian lo fulminó con la mirada. Negándose a soltar mi mano, Max se colocó a mi lado, haciendo que nuestros disfraces se solaparan y se unieran, completando la imagen del puzle que ambos formábamos.

―¡Ahora nadie podrá afirmar jamás que no encajamos!

―exclamó Max hacia la multitud al tiempo que alzábamos nuestras manos entrelazadas delante de todos y, efectivamente, nadie pudo negar que ambos éramos como esas piezas perdidas que, encajando entre ellas, habían completado el difícil puzle que en ocasiones podían ser la vida y el amor.