La vida es un puzle y el amor, un juego Capítulo 23 #2
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Capítulo 23 #2

Habían pasado varios meses desde que Max me había roto el corazón, desde que me habían echado de su empresa sin que pudiéramos despedirnos.

Max no había contactado conmigo para darme una explicación que sí les había ofrecido a otros y estaba muy enfadada con él.

Mis amigos me habían explicado parte de la historia que él tendría que haberme contado, lo cual lo convertía a mis ojos de nuevo en un cobarde al que nunca llegaría a comprender.

Hacía días que Damian había terminado una parte de mi videojuego que yo tenía que revisar. Tenía que jugar con el personaje de Max y aún no sabía si quería conocer la historia de ese chico, de ese hombre que me había hecho tanto daño.

«¡Vamos, Ellie! Lo máximo a lo que se habrá arriesgado ese hombre es a pasarle a Damian un simple guion. Él no se aventuraría a mostrar demasiado de sí mismo a los demás, ni siquiera por ti...», me dije a mí misma mientras hacía acopio de fuerzas para dirigirme a mi ordenador y ponerme a jugar.

Al principio, la historia coincidía con la que yo había escrito: un protagonista totalmente perfecto de cara a los demás, pero imperfecto para la protagonista.

Un adolescente que se dejaba manejar por otros, que aceptaba seguir la guía de sus amigos y que, en ocasiones, dudaba sobre si hacerlo o no.

Pero cuando comenzó a salir con la protagonista vi una parte de Max que no conocía.

En medio de las diferentes escenas de sus citas vi unas animaciones de la historia donde el chico grababa unos vídeos de la protagonista cuando esta no miraba, vídeos que reflejaban momentos simples que para el chico parecían preciosos y que el joven guardaba como un tesoro, como si la chica le importara muchísimo y él supiera que su historia no tendría un final feliz.

Al final de alguno de esos vídeos se escuchaba su voz teñida de un tono de arrepentimiento, susurrándole a la chica que no se enamorara de él, que él no se la merecía…

parecía como si el chico fuera consciente de que había elegido un mal camino y, al mismo tiempo, no supiera cómo salir de él, limitándose entonces a seguir adelante, disfrutando de los pocos momentos que tenía al lado de la chica que amaba, atesorándolos hasta que surgiera el desastre que los separaría.

La reacción que no me quedé a ver cuando les pedí a mis amigas que le entregaran a Max mi carta de despedida la vi en ese juego.

Para mi asombro, el chico aparecía sonriendo con tristeza y resignación con esa nota, que apretó en su mano antes de guardarla mientras realizaba en voz alta la promesa de no volver a perderme si volvíamos a encontrarnos.

Pude ver cómo metía la carta en una caja y el adolescente, como había hecho a lo largo del juego, grabó esa imagen con su teléfono.

Aunque en esta ocasión también se grabó a sí mismo al tiempo que hacía una confesión y una promesa mirando a esa carta de despedida:

«Ellie, si vuelvo a encontrarme contigo, si nuestros caminos vuelven a cruzarse alguna vez, voy a aprovechar la oportunidad que has prometido darme.

Reiniciaré nuestro juego una vez más y en esa ocasión no pienso perderte, porque solo ahora que te has ido de mi vida me he dado cuenta de que te amo.

En ese momento, si sucede, estaré preparando para gritarle al mundo lo que quiero… y lo que quiero eres tú».

Tras escuchar las palabras de esa animación que exponía los sentimientos del personaje que representaba a Max en el mundo virtual, una animación que parecía tan real, no pude evitar gritar a la pantalla con los ojos llenos de lágrimas:

«¡Mentiroso! ¡Mentiroso! ¡Mentiroso! ¡No me querías! ¡Ni antes ni ahora! O por lo menos no me querías lo suficiente como para luchar por mí ni para admitir ante todos que te gustaba...».

Queriendo reforzar mis argumentos, ignoré esas palabras, ignoré ese juego e ignoré todas las cosas que el protagonista hacía estúpidamente por la mujer a la que quería demostrarle su amor.

Ignoré todos los sacrificios que hacía y los problemas en los que se metía.

Ignoré todos los sentimientos que guardaba y los silencios a los que esa historia virtual les concedió una explicación.

.. pero cuando llegué a la parte en la que el protagonista entregaba unos vídeos a uno de los desarrolladores para hacer del videojuego su gran confesión de amor hacia la persona que lo había creado, no pude ignorarlo por más tiempo.

«¡Mentira! ¡Eso es mentira! ¡Todo esto es una historia que has creado para poder lucirte como siempre haces!

», le grité al personaje que representaba a Max en mi videojuego.

En ese momento recordé la ocasión en la que había enviado todos los vídeos que contenía el teléfono de Max hacía el mío cuando tratábamos de solucionar un problema con aquel asistente virtual rebelde que Max estaba probando en su casa.

Decidí buscar las imágenes del videojuego, que no deberían estar en mi teléfono, lo que corroboraría mis palabras, pero, para mi sorpresa, los vídeos estaban ahí.

Lo que Damian había incluido en esa parte de mi videojuego no eran vídeos que Max hubiera creado unos pocos meses atrás, cuando volvimos a encontrarnos, sino vídeos auténticos grabados en el pasado tal y como se explicaba en mi videojuego.

En ellos, yo volví a ver al adolescente de mis recuerdos, el mismo que me había hecho tanto daño, guardando mi carta de despedida a la vez que confesaba que había acabado enamorándose de mí en medio de todo ese juego que Wyatt había inventado para vengarse de mí.

Tal vez porque mi amigo Damian me conocía demasiado bien, el videojuego se quedaba ahí, inconcluso, justo en esa última escena del avatar de Max entregando los vídeos al desarrollador de esa parte de mi juego, concediéndome así la oportunidad de terminarlo como quisiera para que eligiera el final que realmente merecían los protagonistas de esa historia.

Un final muy distinto al que yo había planteado en un primer momento para mi juego.

Con la mente bullendo de nuevas escenas sobre cómo podría acabar esa historia, en esta ocasión quizás con un final feliz, llamé a mi compañero hecha un auténtico mar de dudas. Y, al parecer, Damian se esperaba esa llamada.

―¡Eres un maldito tramposo! ―exclamé en cuanto atendió mi llamada.

―Ya era hora, has tardado mucho en probar la beta del juego ―me regañó Damian antes de continuar, sin dejarme contestarle―.

¿Sabes una cosa? Estoy incluyendo la opción de que la protagonista pueda escoger como pareja a uno de los amigos que trabajan con ella en vez de a ese idiota que tanto daño le hizo.

Dime, Ellie, ¿ese chico que la quiere desde la distancia podría tener alguna posibilidad?

―me preguntó Damian, confesándome así lo que sentía.

Pero yo nunca había visto a Damian como algo más que un amigo y en mi corazón siempre había estado Max.

―Lo siento ―contesté con gran pesar y el corazón encogido por no haberme dado cuenta nunca de sus sentimientos. Damian, aceptando mi rechazo, no insistió.

―Está bien, Ellie. Lo tenía asumido desde hace mucho tiempo. Volviendo a nuestra creación: ¿tienes ya en mente algún final distinto para esos protagonistas después de ver la confesión de amor que ese tipo me ha hecho crear para ti y que todos verán cuando el juego salga a la venta?

―Sí ―contesté, más decidida que nunca a averiguar si la historia de Max era verdad y si él no dudaría en proclamar su amor por mí en cualquier circunstancia, como había prometido―.

Y quiero que, cuando lo programes, se lo hagas llegar a Max de inmediato para que sea el primero en experimentarlo.

Entonces veremos si dice la verdad ―añadí sonriendo, dándole a Max la oportunidad que se había ganado ese torpe adolescente.

Y queriendo probar si Max se atrevería a gritar al mundo lo que sentía por mí, no se lo puse demasiado fácil al hombre que siempre jugaba con el amor.

―¿Se puede saber por qué ha añadido Damian un personaje que se llama Dan y que se le parece mucho? ―protesté al ver la publicidad de la portada del videojuego de Ellie por todos lados en esa convención, que tenía lugar seis meses después de que ella accediese a cambiar el final de su juego.

―Porque es el desarrollador y hace lo que le da la gana, ¿no te parece? Además, se trata de un juego otome y tenía que presentar varios candidatos para que la protagonista eligiera con cuál quedarse ―explicó Austin.

―Ya… ¿y por qué ocupa la mayor parte de la portada tapando a los otros candidatos?

―Alégrate de que no haya tapado la cara de tu personaje con el logo de la empresa como pretendía hacer… y también porque te haya dibujado con un uniforme en vez de con la ropa que llevas ahora mismo.

―Por favor, dime que nadie me está mirando ―le pedí a mi amigo cuando sentí más de una mirada clavada en mí y empecé a escuchar un montón de cuchicheos.

―Vamos a ver: nos hemos cruzado hasta ahora con un grupo de personas que hacían una coreografía vestidos de dinosaurio, con un tipo que tenía una sierra en la cabeza, con un grupo de chicas mágicas barbudas y con una fruta cabreada que creo que te conocía de algo…

créeme: nadie te está mirando ―declaró Austin hasta que yo hice que mirara hacia un grupito de chicas adolescentes que me señalaron para después comenzar a murmurar entre ellas sin dejar de lanzarme miraditas―; bueno, casi nadie.

A ver, Max: debes tener en cuenta que el juego de Ellie salió hace unos días y que Adam Watcher ha invertido una enorme suma de dinero para hacerle una potente campaña promocional, tanto a él como a este evento.

Es como si Adam supiera de antemano que aquí iba a pasar algo que le proporcionaría una mayor promoción y no quisiera perder la oportunidad de aprovecharse de ello.

―¡Chivato!

―Por favor, Max: todos los que hemos jugado a ese juego sabemos lo que va a pasar.

―Lo estás disfrutando de lo lindo, ¿verdad?