La vida es un puzle y el amor, un juego Capítulo 23
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Capítulo 23

Después de que Damian me fastidiara con las imaginativas ideas que tenía para desarrollar mi personaje, yo sabía que él cumpliría su palabra de crear mi historia, como también sabía que tenía que desaparecer de escena para que mis padres no intervinieran en el proyecto.

Por eso me alejé de Ellie sin darle ninguna explicación, dejando que pensara lo peor de mí.

Cediendo a los caprichos de mi padre, le vendí los derechos que tenía sobre los otros juegos que había sacado al mercado a través de su empresa por un coste irrisorio.

Con este movimiento él creyó que había ganado y su mal genio se calmó por un tiempo, mientras aguardaba a que regresara a él arrepentido para ocupar mi lugar de nuevo a su lado.

Pero en realidad no me arrepentía de nada y el capital que conseguí al deshacerme de todos mis anteriores proyectos fue a parar íntegro a un proyecto de Adam Watcher, con quien colaboré de forma anónima.

La familia Watcher disponía de numerosos intereses en diversos sectores del entretenimiento y dominaba varios medios de comunicación.

Se trataba de una familia tan despiadada como la mía a la hora de hacer negocios, por lo que mi padre prefería no competir con ellos y se lo pensaría dos veces antes de intervenir en un proyecto que llevara su nombre.

No obstante, tan impaciente como siempre, mi padre intentó desarrollar un juego similar al de Ellie, idea de la que tuvo que desistir después de recibir contundentes amenazas de los abogados de Adam.

Su repuesta fue utilizar otro de los juegos que yo había considerado en el pasado una posibilidad de negocio viable y sacarlo al mercado al mismo tiempo que el de Ellie, para intentar hacernos la competencia.

Yo mantuve el anonimato en el proyecto de Ellie para no atraer ninguna clase de problemas, aunque Austin y yo continuamos trabajando con el equipo de Ellie y Adam desde mi apartamento, adonde Austin se había trasladado después de que su casero lo echara, ocupando dos de mis habitaciones: una para él y otra para la colección de figuritas que yo amenazaba con romper cada vez que me cabreaba, cosa que hacía más a menudo desde que mi amigo intentaba conquistar a Anuska.

―¡Mira! ¿Cómo puede salir con ese tipo? ¿Se puede saber qué tiene ese que no tenga yo? ―exclamó Austin con enfado, interrumpiendo mi trabajo para enseñarme unas fotografías que le había mandado Anuska y con las que últimamente lo torturaba.

―Bueno, así a bote pronto y juzgando solo por esa foto, yo diría que tiene un carísimo traje hecho a medida, un buen físico y mucho dinero ―contesté, mostrándome lo más sincero posible para terminar cuanto antes con esa conversación.

―¡Preséntale uno de los amigos de tu cita a Ellie! ―replicó Austin en voz alta mientras procedía a mandarle ese mensaje a Anuska bajo mi furiosa mirada.

―Me parece que esa figurita de samurái que tanto te gusta va a acabar manca… y ni menciono dónde voy a meterle la espada.

―¡Oye! ¡Las figuras de edición limitada de un hombre no se tocan! ―saltó Austin de inmediato, defendiendo su colección mientras me señalaba acusadoramente con uno de sus dedos para luego añadir―: ¡Y ya sabes de lo que soy capaz si llegaras a dañar mínimamente cualquiera de ellas!

―¿Qué? ¿Llorar como un bebé hasta que te compre otra?

―¡Pues sí! Así que, si no quieres escucharme sollozar por las esquinas, será mejor que no toques mis figuras… ¡Ah! ¡Y lo del samurái no es ninguna espada, inculto! ¡Es una catana!

―¡Bah! Las toque o no, no dejaré de escuchar tus lloros… ¿Cómo te va con Anuska? ―le pregunté, conociendo la razón principal de la tristeza de mi amigo.

―Me está torturando a conciencia la muy malvada por aquellas citas que tuve con otras mujeres y por ayudar a un amigo bastante idiota a no meter la pata con la mujer que amaba.

En todos esos mensajes Anuska me dice que me perdonará cuando tú consigas el perdón de Ellie…

creo que lo hace porque piensa que es imposible que lo consigas.

Así que, dime: ¿estoy cerca de obtener mi perdón?

―No.

―Lo suponía… ―suspiró Austin mientras se sentaba conmigo y me tendía una cerveza―. Debes tranquilizarte. Sabes que los Watcher no le facilitarán a tu padre que destruya su proyecto.

―Sé que mis padres han desistido de seguir boicoteando el proyecto de Ellie de momento porque aún creen que tienen una oportunidad de recuperar a su hijo perfecto. En cuanto vean mi nombre relacionado con Ellie volverán a actuar y no tendrán piedad de ella. Eso es algo que no puedo permitir.

―Es posible que cuando decidas acercarte a ella sea demasiado tarde y Ellie ya no confíe en ti porque le hayas hecho demasiado daño.

―Sí, lo sé. Pero también sé que acercarme a ella ahora mismo la dañaría mucho más… Austin, Ellie es fuerte. Ella nunca permitirá que los demás le digan lo que puede desear o no, así que lo único que tengo que conseguir, cuando todo esto termine, es que vuelva a desearme a mí.

―Max, las palabras duelen. Aunque nos riamos de ellas y nos mantengamos fuertes de cara a los demás, algunas heridas se van haciendo cada vez más profundas hasta que llegamos a creer esas palabras que tanto nos han repetido.

¿Qué pasará si tus mentiras o tus silencios la dejan sin fuerzas para luchar?

La vas a perder. Muéstrale algo más de ti que un guion con una historia que excuse tu comportamiento.

Arriésgate a mostrarle algo tan real que ella no pueda negarlo.

Si no te importa quedar en vergüenza o salir herido, puede que merezcas ganar en ese juego.

Si no es así, simplemente ríndete ahora, porque nunca ganarás ―me aconsejó Austin.

Y para mi asombro, tras quitarme la cerveza de la mano, me colocó delante de su ordenador portátil donde estaba ejecutando un juego que conocía demasiado bien―.

Mira: Anuska ha añadido algunas animaciones a esta parte del proyecto que estamos modificando antes de que Damian se decida a introducir los cambios que quieres para poder jugar con ese estúpido protagonista que se parece tanto a ti.

»Te he dejado la historia por la parte en la que los protagonistas vuelven a encontrarse.

Por ahora solo puedes jugar con la chica.

Ellie ha creado parte de esta historia, así que cuando termines dime lo que piensas de este juego y del final que Ellie le ha dado a la protagonista.

Y, sobre todo, díselo a Damian para que podamos finalizar este proyecto en el que algunos hemos invertido más que en otros.

Y no me refiero a dinero ―dijo mi amigo, recordándome todo lo que estaba perdiendo por ayudarme.

Por último, antes de dejarme a solas con el juego, anunció, dándome las fuerzas que necesitaba para enfrentarme a esa historia―: Yo también quiero un final feliz para los protagonistas de este juego, especialmente para ese idiota que tanto se equivoca…

Finalmente, a pesar de que no me gustaran los videojuegos, me pasé horas jugando con el de Ellie.

Y cuando terminé, me di cuenta de que no tenía un final feliz para mí.

Me di cuenta de que yo había creído que podría sanar las heridas de Ellie con demasiada facilidad, ingenuamente había pensado que podría solucionarlo todo con unas disculpas y con un gran gesto de amor con el que ella perdonaría mis errores del pasado y los que estaba cometiendo ahora.

Pero mi silencio solamente estaba logrando lo que Austin me había advertido: que las heridas de Ellie cada vez fueran mayores y más profundas de modo que, decepcionada conmigo, el único gran gesto de amor que Ellie esperaba de mí era, simplemente, que no ocultara que la amaba.

Jugando como el personaje de Ellie sentí el dolor de cada una de las heridas que le había causado en el pasado y de las que le producía ahora y supe, además, que no conseguiría nada si no me arriesgaba, si no gritaba que la amaba, y no únicamente ante ella, sino delante de todo el mundo para demostrar que mis palabras no eran un simple gesto más de ese manipulador que jugaba con el amor cuando era un adolescente.

Siguiendo el ejemplo de Ellie en ese juego en el que lo había dado todo para que su personaje pareciera muy real, decidí ser más valiente que durante mi juventud.

Y sin importarme nada que otros fueran testigos de mi debilidad, de mis miedos y de mis deseos como ella había mostrado en su personaje virtual, le envié varios vídeos a Damian que todavía guardaba en mi teléfono.

Imágenes de mi adolescencia, recuerdos de la chica a la que amaba, mis dudas y el temor a perderla.

A pesar de los años que habían transcurrido, volví a sentir miedo de revelar algo tan íntimo.

Miedo a las burlas, a los comentarios que surgirían, a los rumores malintencionados…

pero tenía más miedo de que Ellie nunca supiera la verdad de lo que llegué a sentir por ella en aquella época y, sobre todo, de lo que sentía por ella ahora, la mujer a la que nunca había podido olvidar.

No tardé demasiado en recibir un impertinente mensaje de ese sujeto que siempre me provocaba.

―«Ahora sí es una historia interesante. Es posible que ese tonto personaje tenga una mínima oportunidad de ganar» ―manifestó Damian.

Sus palabras me sacaron una sonrisa y coincidí con Damian en que aún tenía una oportunidad para ganar.

Y para aumentar mis probabilidades crearía la mayor confesión de amor de la que fuera capaz, una de la que nadie pudiera dudar jamás que un hombre como yo amaba a esa mujer con la que el mundo decía constantemente que no encajaba, mientras mi corazón no paraba de repetirme que ella era la pieza que faltaba en mi vida para que estuviera completa.