Capítulo 22 #2
Si mi propósito hubiera sido perseguir el éxito empresarial, se me habría presentado un gran dilema, pero como mi meta real era conseguir a Ellie como fuera, todo lo demás no me importaba demasiado, así que decidí dejarle claro a mi padre cómo era yo en realidad:
―No soy bueno, padre, ni mucho menos perfecto.
Hace mucho tiempo que me cansé de ser como vosotros me exigíais que fuera porque no me gustó nada el hombre en el que me convertí al seguir vuestros deseos.
En ocasiones sigo vuestros caprichos para no sufrir el dolor de cabeza que supone tener que explicaros una y otra vez que soy vuestro hijo, no un muñeco al que podáis manipular y manejar a vuestro antojo.
Pero ahora que he encontrado algo que me importa, algo que anhelo con todo mi corazón, no voy a permitir que lo aplastéis como pretendéis hacer con Ellie.
―¿Por qué ella? ¿Por qué, de entre todas las mujeres impresionantes que se han cruzado en tu vida, has tenido que ir a fijarte en una simple desarrolladora de videojuegos, una mujer extravagante que no encaja en absoluto en tu vida? ―exclamó mi padre, enfadado.
―Porque cuando ella me mira no ve tu nombre ni tu dinero, no ve al chico perfecto que habéis creado.
Ellie ve al hombre imperfecto, estúpido y cobarde que soy en realidad.
Un hombre al que, sin embargo y pese a mis defectos, a Ellie no le importó ofrecerle su corazón una y otra vez, aunque le hiciera daño.
―Voy a encargarme personalmente de arruinar a esa chica hasta que solo vea en ti al hombre que destruyó su carrera ―amenazó mi padre, usando la misma amenaza que utilizó en una ocasión con mi hermana, una que yo sabía que ejecutaría despiadadamente y para la que me había preparado.
―Y yo me voy a encargar de protegerla, tanto a ella como a su carrera, comenzando por encontrar una empresa que quiera invertir en su proyecto a la que le cederé todos los derechos, cosa que ya he hecho gracias a mi madre…
¿Recuerdas la pregunta que me hiciste al principio de esta reunión?
Anoche tuve una cita con Adam Watcher. Mi madre había concertado con su madre que su hija y yo nos viéramos en el restaurante, pero fue Adam quien acudió para chantajearme o amenazarme con intención de que dejara a su hermana en paz.
Luego una cosa llevó a la otra y… ¡ voilà !
Ya tengo nuevo socio inversor… No creo que quieras pelearte con los Watcher, ¿verdad?
―¡Hum! Reconozco que ha sido un buen movimiento.
Astuto. Pero no has dicho nada sobre proteger tu propia carrera.
Supongo que eres consciente de que en cuanto salgas de mi despacho con esas ideas de rebeldía en tu mente, esa colaboración entre tu pequeña empresa y la mía desaparecerá, lo que provocará el fin de tu negocio.
Llegado el momento, me apiadaré de todos los que trabajan para ti absorbiéndolos en mi empresa, al igual que sus ideas y su trabajo, pero no tendré piedad contigo.
―Lo sé. Nunca la has tenido ―respondí, mirando a mi padre como a un igual, mostrándole con mi firme mirada que no estaba dispuesto a cambiar de opinión―. Adiós, padre.
―¡Volverás arrastrándote! ―gritó furioso, golpeando la mesa para intentar llamar mi atención.
―Ambos sabemos que eso no pasará ―repliqué, volviéndome por unos instantes mientras le demostraba con mi sonrisa que estaba completamente satisfecho con la decisión que había tomado, aunque con ella lo perdiera todo.
―¿Se puede saber qué tiene esa mujer de especial para que cometas esta locura por ella?
―Es más valiente que yo, nunca teme decir lo que le gusta y ahora me toca a mí gritar lo que quiero. Y, estés de acuerdo con ello o no, lo que quiero en mi vida es a ella.
Tras dejarle claro a mi padre qué era lo que deseaba de la vida, seguí mi camino mientras él continuaba despotricando y ordenándome que volviera.
Para mi asombro, junto a la puerta del despacho de mi padre me esperaba mi amigo Austin con una caja de cartón en la mano en la que parecía llevar algunas pertenencias de su escritorio.
―¿Qué haces con esa caja, Austin? Sabes que mi padre te perdonará a ti y a los que trabajan conmigo. Incluso te dará el puesto que mereces si le cuentas todo lo que hemos estado haciendo hasta ahora.
―No, no lo hará. Siempre hago firmar a los empleados un contrato con cláusulas de confidencialidad, de modo que si hablan de nuestros proyectos siendo empleados de otra compañía se ganarían una buena querella.
Por eso, sabiendo cómo iban las cosas y lo tocapelotas que sueles ser, después de que tu padre te llamara a su despacho me tomé la libertad de enviarles un correo a todos nuestros empleados recordándoles esa cláusula y aproveché para remitirle otro al abogado de tu padre explicándole la situación. Además, ¿qué ibas a hacer tú sin mí?
―Nada ―respondí conmovido, rodeando los hombros de mi amigo con un brazo―. ¿También has preparado mi caja?
―Está en mi coche.
―Hombre previsor… Bueno, supongo que sabes que, aunque hayas enviado esos correos, todos los archivos de todos nuestros proyectos están en los servidores la empresa de mi padre y…
―¿Por quién me tomas? Ya lo he tenido en cuenta: con la ayudita de cierto hacker que ambos conocemos me he encargado de eso. Si alguien intenta robar nuestra propiedad intelectual o fisgonear en qué hemos trabajado, se va a llevar una sorpresa muy desagradable.
Y justo en ese momento, a juzgar por los gritos airados de mi padre, supe que él acababa de intentarlo. También supe que, por la cantidad de guardias de seguridad de mirada torva que nos acompañaron durante el resto del camino hacia la salida, mi padre estaba bastante cabreado conmigo.
―¿Y ahora qué hacemos? ―preguntó Austin cuando llegamos al aparcamiento con nuestras respectivas cartas de despido que alguien había redactado con enorme celeridad.
―Seguir jugando, amigo ―respondí, recordando ese videojuego que estaba creando en el que, igual que en la vida, rendirse no era una opción si uno quería llegar a ganar en el amor.
Damian sabía que Ellie tenía muchas cosas que echarle en cara a Max después de que todos los miembros de su equipo hubieran sido expulsados de las oficinas acompañados por el personal de seguridad como si fueran unos criminales, pero también conocía la parte de la historia que nadie le había contado a su amiga y por la que Max resultaba no ser tan canalla como ella creía.
Ellie se estaba desahogando con él mientras disfrutaban de unas cervezas en un bar cercano a su apartamento, y Damian se veía obligado a morderse la lengua en más de una ocasión para no revelar todos los secretos que ese hombre le había ocultado a su amiga para protegerla, un objetivo que Damian había comprobado que Max había cumplido con creces tras hablar con Austin ese mismo día.
―¡No puedo creer que Max se haya quedado con toda tranquilidad en su despacho y que no haya realizado el menor gesto para defendernos mientras nos echaban de esa forma! ―dijo Ellie, resentida con ese hombre sin saber que Max había sido el primero al que su padre había puesto de patitas en la calle.
―Ellie, no es la empresa de Max, sino la de su padre ―intentó recordarle Damian a su amiga, sorprendiéndola por completo al defender a un tipo con el que él siempre era el primero en meterse.
―Sí, pero a él seguro que no lo echan y…
―Ellie, él ha sido el primero en ser despedido por su padre esta mañana ―confesó Damian.
―¡¿Qué?! ¿Cómo es posible? ¿Por qué?
―Según lo que me ha contado Austin, Max discutió con su padre por un proyecto que quería paralizar y…
―¿Y por qué no permitió que su padre paralizara ese proyecto en lugar de…
? ―comenzó a protestar su amiga haciendo que Damian fijara sus ojos sobre ella, hasta que Ellie cayó en la cuenta de cuál podía ser el proyecto que Max había defendido con tanta insistencia―.
¡Oh! Espera un momento… se trataba de nuestro proyecto, ¿verdad?
―Sí.
―¡Uf! Bueno, pues ahora Max está en la calle y nuestro videojuego nunca saldrá a la luz. Ninguno de los dos ha salido ganando a pesar de su intento de defendernos y…
Damian podría haberse quedado callado y haber dejado que su amiga creyera que Max era un canalla, pero la verdad era que ese tipo había hecho lo imposible por su amiga y su conciencia no le permitía guardar silencio.
―Ellie: Max nos ha conseguido otros inversores que están interesados en tu proyecto. Y como resulta que era él personalmente, y no la empresa de su padre, quien tenía los derechos del videojuego, los ha cedido al nuevo inversor sin llevarse nada a cambio. Nosotros nos hemos salvado, pero él no.
―¡¿Qué?! ¿Y por qué ha hecho eso? ―preguntó Ellie, confusa, tal vez pensando aún en el egoísta adolescente que una vez le hizo daño. Pero, aunque ella no lo viera, aquel chico había madurado y había acabado arriesgándolo todo por ella y por su proyecto.
Como respuesta a su pregunta, Damian volvió a fijar sus ojos en Ellie y, tras mesarse los cabellos con frustración, dio un suspiro antes de hacer una confesión que solo beneficiaría a ese tipo.
Pero, tal y como Max le había señalado en más de una ocasión, Damian no era de los hombres que jugaban sucio, ni siquiera en el amor.
―Ellie, debes saber que estoy introduciendo un cambio en tu juego. Creo que es algo necesario: estoy creando una parte donde puedes jugar con el estúpido protagonista.
―¿Eh? ¿Por qué has hecho eso?
―Porque se lo merece ―respondió Damian, sabiendo ahora con mayor certeza que nunca que su amiga había basado ese personaje en el Max de su pasado y en el de su presente, aunque no en el de su posible futuro.
Luego añadió, sorprendiendo a su amiga―: No he cambiado su personalidad ni he variado su historia.
Tan solo he añadido su versión para que puedas ver el juego desde la perspectiva del personaje masculino.
Max me ha ayudado a hacer parte de esa historia.
―¡Maldita sea, Damian! ¡No tenías ningún permiso para hacer esos cambios en mi juego!
―Lo sé, Ellie, pero era necesario. ¿Jugarás con el nuevo personaje cuando termine su historia para probarlo? ―preguntó Damian, sabiendo que eso era lo que su amiga debía de hacer para seguir adelante, tanto con ese juego como con su vida.
―¿Yo?¿Y por qué tendría que hacer algo así? ―replicó Ellie.
―Porque eres la desarrolladora principal del videojuego y porque creo que tienes que ver esa parte de la historia para crear un final mejor del que has construido ―dijo Damian, dirigiéndose a la parte profesional de Ellie que no podría descartar su propuesta con tanta facilidad.
―¡No quiero darle a ese personaje una oportunidad de hacerle daño a la chica de la historia! Por eso nunca acaban juntos.
―¿Es eso Ellie? ¿O acaso es que no quieres darle a ese hombre la oportunidad de volver a hacerte daño?
―Ya me lo ha hecho… ha jugado conmigo otra vez y ha ocurrido otra vez lo mismo que en el instituto.
―Ellie, juega con su personaje ―ordenó Damian, mirando a su amiga con seriedad―. ¿No se supone que eres una jugadora experta que nunca pierde? Pues adelante: juega y no pierdas.
―Con él siempre pierdo, de una manera u otra… ―susurró Ellie tristemente.
―Es muy posible que tú no seas la única que pierda en ese juego. Hazme un favor: tú solo pruébalo, ¿vale? Si no te gusta la historia de ese personaje, siempre puedes eliminarlo del juego, algo que no puedes hacer en la realidad.
―Está bien, lo intentaré… ¡pero solo para poder borrarlo por completo de mi vida! ―exclamó Ellie sin dudar, deseando borrarlo también de su corazón―. Y ahora, si me disculpas, no estoy de humor para seguir bebiendo, o al menos para hacerlo en compañía.
Después de ver todo lo que ese tipo había hecho por Ellie, cómo había manipulado a todos los que lo rodeaban a su antojo, lo sucio que había jugado y todo lo que había arriesgado por ella, Damian supo que él nunca podría ser así.
Y al no saber con quién podría desahogarse, decidió llamar al hombre contra el que ya había perdido, porque él nunca había arriesgado tanto en ese juego.
―Eres un cabrón que intenta hacerse el héroe ―le recriminó Damian a ese tipo despiadado capaz de llegar a tales extremos con tal de conseguir el amor de Ellie.
―Y tú el chico bueno que siempre hará lo correcto.
―Voy a crear la historia de tu personaje y a hacer que Ellie juegue con él. Y luego voy a…
―Vas a perder, porque mi personaje es capaz de cualquier cosa, incluso de jugar sucio, con tal de ganar una segunda oportunidad de la chica que ama.
Y eso lo hace tanto en el videojuego como en la vida real ―contestó Max, más seguro que nunca, haciendo que Damian negara con la cabeza y se rindiera en un juego en el que, después de conocer la historia que compartían esos dos, sabía que no podía ganar.
Luego Damian se dedicó a torturar un poco a ese tipo contándole maliciosas historias sobre cómo cambiaría las características de su personaje en el juego, algo que realmente no haría porque su amiga conocía demasiado bien al personaje del que se había enamorado, a pesar de que esa fuera una verdad que ella se negaba a admitir en la realidad.