La vida es un puzle y el amor, un juego Capítulo 21
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Capítulo 21

A la mañana siguiente no tuve ninguna duda de quién había consolado a Ellie cuando, durante el descanso para el almuerzo, Damian entró abruptamente en mi despacho y me estampó contra la pared tras agarrarme por las solapas de mi camisa.

―Buenos días a ti también.

―¡Has vuelto a hacerla llorar! ―me gritó a la vez que afirmaba su agarre sobre mí.

―Sí ―confirmé, incapaz de negarlo.

―¡¿Hasta cuándo vas a seguir jugando con ella?

! ―chilló Damian, dirigiendo un airado puño hacia mi rostro.

Pero cuando vio que yo no hacía el menor intento de esquivarlo y que aceptaba sumisamente su castigo por considerar que, definitivamente, me lo había ganado, Damian acabó desviando su golpe hacia la pared.

―Hasta el momento en el que nadie pueda dañarla ―respondí evasivamente.

―¡Tú eres el que más daño le está haciendo! ―señaló Damian, provocando que me enfrentara a la realidad y cerrara los ojos mientras echaba mi cabeza hacia atrás, arrepintiéndome de las lágrimas de Ellie, pero no de mis acciones.

―Ellie me persiguió a una cita de negocios que había organizado con unos potenciales accionistas que estaban interesados en invertir en el proyecto de su juego, pero ella lo estropeó todo.

Ahora, sus posibilidades de tener un futuro lejos de esta empresa se han esfumado.

El desarrollo de su juego sigue atado a esta empresa y yo, a los caprichos de mi padre.

―¿Pero le explicaste siquiera cuál era la situación? ¿No le comentaste lo que pretendías hacer? ―inquirió Damian.

―No, Ellie cree que su trabajo no me interesa y que estoy buscando a otras personas que estén más comprometidas con su proyecto para alejarme de ella.

―¡Joder! ¿Y se puede saber por qué demonios cree eso?

―Porque yo se lo dije.

―¡Eres idiota!

―Eso es algo que no puedo negar, sobre todo cuando estoy con Ellie y solo busco su felicidad.

―No vuelvas a hacerla llorar… ―me advirtió Damian, a lo que yo respondí con una sonrisa sarcástica.

―Eso es algo que no puedo prometerte. A partir de ahora comenzarán a aparecer rumores sobre las numerosas citas que tendré con las mujeres adecuadas que mi madre me buscará. Si Ellie siente algo por mí, le dolerá.

―¡¿Qué?! ¿Acaso estás buscando a otra mujer? ¡Creí que amabas a Ellie!

―No busco otra mujer: lo que busco es a otro accionista que financie el desarrollo del juego de Ellie de forma independiente y he decidido utilizar a mi madre de la misma manera que ella me utiliza a mí.

Mientras ella me busca a la mujer perfecta, yo buscaré a algún potencial inversor para el proyecto, y nada más…

porque sé que la única mujer que siempre encajará conmigo, lo vean o no los demás, siempre será Ellie.

―Supongo que eres consciente de que puedo aprovecharme de esta situación, ¿no?

―Sé que no lo harás.

―No sabes las ganas que tengo de golpearte…

―Probablemente sean las mismas ganas que tengo de que me golpees cada vez que veo las lágrimas de Ellie. ¿Sabes si ella ha elegido ya el final para su juego? ―pregunté con cierto temor, siendo consciente de que, si me dejaba fuera de este, también lo haría de su vida.

―Aún no, pero después de lo que has hecho seguramente muy pronto tendremos ese final… y créeme cuando te digo que no será un final feliz.

―Hazme un favor: encárgate de que aparezca también la historia del estúpido del protagonista.

Puede que esto te ayude a crearla ―dije mientras le entregaba un guion donde relataba la historia de mi adolescencia, en la que mostraba lo que sentía de verdad por esa mujer mientras jugábamos a enamorarnos.

―¿Por qué me das esto? No pretenderás que te ayude a afianzar tu relación con Ellie, ¿verdad? ―preguntó Damian, bastante molesto con mi petición.

―No. Creo que después de cómo me estoy comportando no tengo demasiadas probabilidades de acabar junto a Ellie, tal vez por eso quiero que mi personaje sí las tenga.

Sé que si dejo esto en manos de Ellie ella nunca desarrollará esa posibilidad en su juego.

Ellie nunca me escuchará, y aún menos después de todo el daño que le estoy haciendo, pero…

si tiene que jugar con ese necio protagonista, tal vez me escuche… aunque no me comprenda ni me perdone.

―¡Eres un maldito manipulador! ―me gritó Damian, aunque, como era un buen tipo, aceptó mi guion con curiosidad―.

No te prometo nada ―me dijo al final y yo sonreí, sabiendo que él aceptaría mi petición para que pudiéramos jugar en igualdad de condiciones en el amor.

Damian quería ganar limpiamente el amor de Ellie, pero, para su desgracia, a mí nunca me había importado hacer todas las trampas que fueran necesarias para salirme con la mía.

Damian comenzó a alejarse sin haberme dado mi merecido, hasta que en un momento dado se volvió y se percató de mi sonrisa. Entonces se paró y pareció cambiar de opinión, tras lo que se volvió hacia mí y me gritó, pillándome por sorpresa:

―¡Aprieta los dientes! ―tras su advertencia me lanzó un fuerte puñetazo con el que me partió el labio―. Ahora estamos en paz.

Damian abandonó mi despacho mientras yo pensaba que Ellie había sufrido mucho más que yo, y que, sin duda, ella creería que me merecía mucho más que un simple golpe.

―Creo que se merece una palmadita en la cara ―opinó Linda en la videollamada que mantenía con mis dos amigas durante la hora del almuerzo, mientras Dina se decidía a terminar esa frase por ella de una forma bastante rencorosa con la que yo no podía decir que no estuviera de acuerdo.

―¡… con una silla!

―Sé que el hecho de que Max quiera cederle mi proyecto a otra empresa para no verme más es despreciable, pero podía haber acabado con él con toda facilidad y no lo ha hecho.

―¡Venga ya! ¿Ahora vas a defenderlo? ¿Acaso piensas ponerle un monumento? ―se quejó Linda porque defendiera un poquito a ese sinvergüenza mientras Dina, por su parte, seguía acompañando nuestra conversación con su ácido sentido del humor completando las frases de Linda.

―¡… en un basurero!

Después de que ambas reprendiéramos con la mirada a Dina por sus interrupciones, esta no pudo evitar quejarse:

―¿Qué? ¡Solo estoy proponiendo algunas formas de darle una lección a ese tipo que, por lo visto, nunca recibe lo que se merece!

―Ellie, tienes que hacer algo: ¡Damian ha golpeado a Max! ―intervino de repente Anuska, interrumpiendo mi videollamada mientras corría hacia mí, seguramente preocupada por la posibilidad de que despidieran a nuestro amigo.

―Vaya… Retiro lo que he dicho: parece que por fin ese tipo sí que va a recibir lo que merece.

¡No lo estropees! ―me advirtió Dina al ver mi cara de preocupación antes de finalizar la videollamada.

Y mientras Anuska solo parecía estar inquieta por Damian y por su futuro, yo no pude evitar salir corriendo para comprobar cómo se encontraba Max.

En cuanto recogí mi bolso corrí hacia el despacho de Max y poco me importó que estuviera reunido: entré abruptamente en la estancia tras ignorar las protestas de su secretaria y fijé mis ojos en él para recorrerlo con la mirada.

―¡Ah! ¿Tú también vienes a exponerme tus quejas de la misma manera que Damian?

―manifestó Max irónicamente, seguramente buscando fastidiarme lo suficiente como para que me alejara de él.

Pero tras ignorar la presencia de Austin, que lo regañaba en silencio con la mirada, y el sarcástico tono de ese hombre que quería que lo abandonara, me dirigí hacia él.

―Seguro que lo has provocado ―afirmé al tiempo que empapaba un pañuelo que llevaba en mi bolso con un poco de agua fría y se lo colocaba sobre el labio partido, mitigando su dolor.

Austin no tardó en abandonar el despacho para dejarnos a solas, y fue entonces cuando Max me dirigió una mirada interrogante.

―¿Qué estás haciendo? ―preguntó Max, extrañado porque lo cuidara.

―Ver cómo se encuentra el idiota que siempre acaba metiéndose en alguna pelea.

―Cualquiera diría que te preocupas por mí ―manifestó Max, volviendo a utilizar ese sarcástico tono de voz y esa sonrisa falsa que tanto detestaba.

―¿Y qué pasa si me preocupo? ―le pregunté, dejándolo sin saber qué responder hasta que, mirándome a los ojos, dejó de esconderse detrás de su sonrisa falsa y me sujetó la mano para anunciarme con tristeza:

―No me lo merezco.

―Lo sé ―repuse, incapaz de negar que él aún me importaba a pesar de todo el daño que me había hecho―. Apriétalo hasta que deje de sangrar. Pronto se curará ―le dije, buscando alejarme de la parte de ese hombre que siempre me conquistaba, porque sabía que luego aparecía otra que me dañaba.

―Dime algo, Ellie: ¿las tuyas también se curarán? ―me preguntó Max, dándole un beso a la mano que lo curaba antes de atraerme hacia él.

―Puede…

Y cuando sus labios ya estaban muy próximos a los míos y se acercaban lentamente con la promesa de un beso, de repente, nos interrumpió la madre de Max.

Él se separó de mí de inmediato, intentando fingir que no ocurría nada y su reacción volvió a herirme, al igual que lo hicieron las palabras que no pronunció mientras ignoraba mi presencia.

―Ya he concertado la cita que me pediste con esa chica tan sumamente adecuada para ti.

Con su educación y su estatus, sin duda encaja a la perfección contigo ―declaró la madre de Max mientras me recorría de arriba abajo con una mirada glacial que me hizo sentir miserable y que quizá no hubiera dolido tanto si Max no hubiera guardado silencio ante sus palabras.

Y otra vez me quedé con las ganas de que él proclamara frente a todos que me deseaba, que me quería a mí, que me elegía por encima de todo y de todos… pero, como siempre, Max solamente permaneció callado para contentar a los demás.

―Creo que será mejor que hablemos de ese tema en privado, madre ―dijo Max mientras me acompañaba hasta la puerta.