Capítulo 20 #3
Mientras Philip nos animaba a volver a sentarnos a su mesa sin saber lo que estaba pasando, Austin sudaba sin apartar los ojos de Bárbara y de su reacción ante el anuncio que Ellie le mostraba. Bárbara pasó de sonreír expectante a parecer espantada hasta que, finalmente, se levantó ofendida.
―¿Eh? ¿Qué te ocurre? ―preguntó Philip, sorprendido por el comportamiento de su hermana.
―¡¿Que qué me ocurre?! ¡Pues lo que ocurre es que no pienso trabajar con esa mujer! ―chilló Bárbara con indignación antes de marcharse del restaurante.
Un par de minutos más tarde, al móvil de Philip llegaron varios mensajes. Se trataba de Bárbara, explicándole lo ocurrido. Afortunadamente, Philip era un hombre dotado de un gran sentido del humor que solamente se rio de toda esa situación.
―No os preocupéis: hablaré con mi hermana. Ella se ofende con mucha facilidad cuando le tocan determinados temas sensibles ―declaró Philip, echándonos una mano, logrando que suspirara aliviado mientras me disponía a hablar con Ellie para que no volviera a meter la pata.
―¿Por qué has hecho eso? ―le pregunté, recibiendo de ella únicamente una mirada provocadora que me advertía de que tenía más anuncios con los que ofender o traumatizar a los demás miembros de esa reunión―. ¡Trae acá!
―Yo también me dedico al mundo de la animación como tú, Anuska. Es posible que hayas visto alguno de mis anuncios contra el acoso escolar ―manifestó Philip cordialmente, tratando de retomar el hilo de la reunión.
―Por supuesto: son bastante conocidos ―respondió Anuska con una amable y sospechosa sonrisa.
―Todos dicen que mis mensajes son fáciles de captar.
Dime qué aprendiste de ellos ―quiso saber Philip, un hombre que había desarrollado una notable carrera profesional respaldada por la industria publicitaria de su familia.
Un hombre amable, aunque algo susceptible ante las críticas a su trabajo…
y aunque Anuska no le hubiera criticado, evitando agraviarlo de ese modo, todavía podía salirse con la suya de otra manera.
―Pues mira, aprendí esto… ―dijo Anuska antes de levantarse y coger un refresco gaseoso de la mesa.
A continuación, agitó la botella y luego la abrió, haciendo que el líquido del interior saliera disparado hacia Philip.
Y aunque ese era un momento gracioso que el propio Philip había usado en una de sus campañas contra el acoso escolar para que un chico acosado repeliera el ataque de su abusador y le diera una lección, al creativo no le gustó rememorarlo de esa manera.
―Muy bien. Y ahora me habéis ofendido a mí…
―declaró Philip mientras se secaba la cara con un pañuelo―.
Max, si aprendes a controlar a tu equipo, llámame para hablar del proyecto.
Hasta entonces, te recomiendo que olvides mi número de teléfono ―manifestó Philip antes de levantarse de la mesa, haciéndome perder una gran oportunidad de alejar a Ellie del peligro y del sufrimiento que podían llegar a acarrearle mis padres…
hasta que vi las lágrimas que se derramaban por su rostro y me di cuenta del daño que, sin pensar, le estaba causando yo.
―¿Por qué querías cederles mi proyecto a ellos? ¿Acaso me odias tanto como para querer alejarme de ti a toda costa?
―No es eso, Ellie ―negué a la vez que me mesaba nerviosamente mis cabellos, esquivando su mirada y me devanaba los sesos a toda velocidad para buscar alguna justificación que no la hiciera llorar más.
―Entonces, explícamelo.
―No puedo ―dije. Y como prefería provocar sus lágrimas antes que hundir su carrera para siempre, terminé mostrándole mi faceta de frío empresario que mi padre me había enseñado y la alejé de mí―.
Y aunque pudiera, te recuerdo que la relación que nos une ahora es estrictamente profesional.
Yo puedo hacer lo que quiera con tu proyecto, incluso cedérselo a quien me parezca oportuno.
―¿Vas a quitarme mi juego?
―No, solamente pretendo ofrecérselo a alguien a quien le pueda interesar más que a mí ―dije abruptamente mientras veía el daño que le causaba con mis palabras. Y a pesar de que lo único que deseaba en esos instantes era abrazarla para consolarla, añadí―: Ya me he cansado de jugar con el amor.
― Game over ―declaró Ellie entre lágrimas―. Me has perdido… La verdad es que nunca se te ha dado muy bien este juego, tal vez porque jamás has llegado a entender qué es el amor, ni en los videojuegos ni en la vida real.
Ellie se apartó de mí y yo sentí que no tenía derecho a perseguirla porque, una vez más, había callado que lo que deseaba, que lo que quería, que lo que amaba era a ella.
Con los puños apretados a ambos lados de mi cuerpo, conteniendo mis verdaderos anhelos, no pude evitar que alguna lágrima perdida se me escapara también.
Y cuando ella ya no me escuchaba y no había peligro de que intentara volver con un idiota tan grande como era yo, susurré hacia la chica a la que nunca dejaría de amar y que, al parecer, yo estaba destinado a perder siempre que jugaba con ella:
―El amor, en ocasiones, es ocultar lo que sientes; es guardar silencio para que los demás no destruyan esa felicidad que mereces alcanzar y a la que no podrías llegar si te enamorases del chico inadecuado.
―Vamos, hombre perfecto, te invito a una copa ―murmuró Austin al tiempo que me golpeaba suavemente en un hombro después de que hubiera pasado demasiado tiempo embobado mirando el camino que había tomado Ellie para alejarse nuevamente de mí.
Las palabras de Austin me hicieron sonreír de pura ironía porque, mientras para algunas personas yo representaba el estereotipo de una persona sin defectos, para Ellie siempre sería el hombre defectuoso que la hacía llorar.