La vida es un puzle y el amor, un juego Capítulo 20 #2
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Capítulo 20 #2

―O un acosador... ―añadió Dina, provocando que todas la fulmináramos con la mirada mientras Linda miraba nerviosa las mesas de alrededor.

Unos minutos más tarde, llegó un camarero que colocó sobre nuestra mesa una cesta llena de frutas exóticas que parecían bastantes apetitosas.

Tras repartirnos la carta, comenzó a hablarnos sobre los diferentes platos vegetarianos y los que llevaban carnes que no eran carnes, pero sabían a carne y parecían carne.

Todas nos miramos algo confusas. Sin embargo, decidimos darles una oportunidad a esos platos… hasta que vimos los precios.

―Bueno, si lo prefieren, puedo anotar ya su pedido o pasar más tarde, cuando hayan visto algo que llame su atención.

―No, no hará falta ―respondió Linda tras cerrar la carta y, para nuestro asombro, mirando seriamente al camarero le pidió―: ¿Tiene alguna bebida sin gas, sin azúcar, sin ningún añadido artificial, sin olor y sin sabor?

―¿Eh? ¿Agua? ―preguntó el camarero, confundido.

―¡Sí! ¡Perfecto! Pónganos cuatro ―manifestó Linda, devolviéndole la carta al camarero que permanecía boquiabierto ante su descarada petición. En cuanto el hombre se fue, Linda bajó su máscara de diva y nos comentó en voz baja―: Más tarde me invitáis a una hamburguesería. Me debéis una.

Unos minutos más tarde, después de que el camarero nos trajera el agua, centramos nuestra atención en los traidores que teníamos cerca de nosotras.

Y mientras lo hacíamos se nos despertó algo de hambre, por lo que nos pusimos a comer las exóticas frutas de la cesta que teníamos en nuestra mesa y que, por lo visto, se trataba de una muestra gratuita del establecimiento, ya que nosotras todavía no habíamos pedido nada.

―¡Míralo! ¡Ahí tenemos a uno de los traidores hablando amistosamente con esa mujer! Seguro que es una cita doble y que la pareja de Austin no tardará en venir ―dijo Anuska, cada vez más molesta―. Seguramente será alta, rubia, de ojos azules, cuerpo de infarto y…

―Pues mira allí. Sí que tiene los ojos azules, es una persona alta, rubia y con ese cuerpo sin duda está muy cerca de que le dé un infarto ―intervino Dina mientras nos señalaba al hombre rechoncho y de rostro amigable que estaba sentado con Austin.

Anuska suspiró más tranquila, cosa que yo no podía hacer cada vez que Max se acercaba a esa mujer y conversaba amablemente con ella.

―¿Creéis que pueda tratarse de una cita de negocios?

―No parece una cita doble, a no ser que a Austin le gusten los hombres ―apuntó Dina mientras los miraba, plenamente concentrada, y sacaba su libreta de bocetos. Al mismo tiempo, Linda y yo nos fijamos en Anuska para que nos aclarara cuáles eran los gustos de Austin.

―No, no le gustan los hombres ―nos confirmó.

―Pero si esto es una cita de negocios, ¿a qué viene tanto secretismo?

―pregunté, sumamente intrigada. Y mientras nos devanábamos los sesos por intentar descifrar qué clase de negocio podría estar llevando Max a cabo con esas personas y por qué los hacia a escondidas de su padre, el camarero colocó una bandeja de entremeses de alguna clase de verduras enrolladas con muy buena pinta y otra con verduras gratinadas que nos tentó muchísimo, hasta que recordamos los precios de los productos de la carta y nos quedamos mirándolos con temor por nuestras cuentas corrientes.

Linda se apresuró a llamar al camarero, que en esta ocasión también traía entre sus manos un estrafalario cóctel acompañado de una nota.

―Disculpe, yo no he pedido nada de esto ―dijo Linda.

―No se preocupe, señorita Davis: es una invitación del dueño.

Cuando Linda leyó la nota todas notamos cómo se sonrojaba. Luego buscó a alguien con la mirada hasta que pareció dar con él, ya que un atractivo individuo de sonrisa seductora alzó su copa hacia ella en señal de saludo desde su mesa, sin dejar de sonreír hacia mi amiga en ningún momento.

―¿Quién es? ―preguntó Dina.

―¡Mierda! Ese es el chico malo al que no puedo engañar con mi actuación de chica perversa. Sin duda, se está riendo de mí.

―¿Qué pone en esa nota? ―pregunté, ante lo que Linda reaccionó tapándose la cara con las manos mientras nos anunciaba avergonzada:

―Pone que nos invita a cenar para que dejemos de comernos el centro de mesa…

Cada una de nosotras dejó la fruta a medio comer lo más disimuladamente que pudo de nuevo en su cesta y aceptamos la invitación mientras que el camarero se apresuraba a recuperar el centro de mesa, no sin antes reprendernos silenciosamente con la mirada.

Por su parte, el tipo perverso que no dejaba de mirar a mi amiga se rio a carcajadas, haciendo que Linda se avergonzara un poco más.

―¿La nota dice algo más? ―preguntó Dina cuando vio que el sonrojo de nuestra amiga persistía.

―¡No, que va! ―negó Linda, intentando ocultarla de la curiosa Dina, olvidándose de que yo también era bastante curiosa, por lo que no dudé en hacerme con ella y leerla en voz alta:

―«Tengas dinero o no, puedes caminar desnuda por mi restaurante siempre que te apetezca».

Tras leer esas palabras, Linda ocultó su rostro avergonzado entre sus manos mientras recordaba las palabras que había pronunciado con todo descaro al maître unos minutos antes en el momento en el que estaba realizando su interpretación de chica mala.

Por supuesto, las demás también nos ruborizamos al percatarnos de que nos había pillado.

Cuando Linda dejó de esconderse, le devolví la nota de ese tipo que ella se apresuró a guardar en su bolso.

―Ten cuidado. Ese hombre parece peligroso…

―Si quieres, podemos irnos ahora mismo ―propuso Anuska, dispuesta a ayudar a su amiga a pesar de su evidente deseo por conocer de qué iba esa reunión al desviar su mirada hacia la mesa de Austin en más de una ocasión.

―No, nos quedamos. Esta nota solo es una provocación, un reto que no puedo permitirme rechazar porque las chicas malas no los rechazan, sino que los devuelven ―respondió Linda mientras buscaba a ese tipo con la mirada.

Y cuando ambos se miraron, ella alzó su cóctel en un brindis a la vez que gesticulaba una digna respuesta ante el provocador mensaje―: Ni en tus sueños.

Las carcajadas del hombre se detuvieron ante la respuesta de mi amiga, pero entonces apareció en su rostro un nuevo gesto: una sonrisa maliciosa que anunciaba que el juego entre esos dos no había terminado, sino que tan solo acababa de comenzar.

Dejando a un lado la extraña relación de Linda con el propietario del restaurante, nos concentramos en la cena.

Y tras acabar con varias botellas de vino y algún que otro cóctel, ya no nos importó demasiado que lo de Austin y Max fuera una reunión de negocios o de otra clase.

Anuska y yo decidimos continuar con lo que habíamos ido a hacer allí y, en cuanto Max y Austin se levantaron un momento de su mesa, nosotras nos dirigimos hacia ella, dispuestas a espantar a aquellos desconocidos para estropear las citas de esos engañosos hombres que habían jugado con nosotras sin piedad hasta romper nuestros sueños.

¡Qué menos que devolverles el favor comenzando a romper los suyos, sin importar que tuvieran que ver con los negocios o con el amor!

―Bueno, pienso que esta reunión va viento en popa. Philip parece bastante interesado en el proyecto y su hermana Bárbara también ―le comenté a Austin, cometiendo el error de celebrar mi victoria antes de tiempo

―Pues yo pienso que Bárbara está más interesada en ti que en el proyecto ―replicó mi amigo.

―¡Eh! ¡Solamente he hablado de negocios durante toda la cena!

―Sí, pero, como siempre acostumbras a hacer, has desplegado todos tus encantos con las mujeres que te rodean y has provocado que Bárbara se centrara más en ti que en los negocios.

―¡Perfecto! Así invertirá en nuestro proyecto sin hacer muchas preguntas. Por cierto, no he desplegado mis encantos con todas las mujeres que me rodeaban. De hecho, he intentado mantenerme alejado e ignorar a las cuatro que nos espiaban escandalosamente desde la mesa de enfrente.

―Ya, pero eso solamente se debe a que sabes que con ellas tus encantos no funcionan.

―Puede ser. Pero volviendo al asunto que nos ocupa, formamos muy buen equipo: tú deslumbras a Philip con tus números y estadísticas mientras yo hago lo propio con Bárbara usando la sonrisa que mis padres tanto me hicieron practicar durante mi adolescencia.

Si estamos juntos, no hay quien nos detenga.

―¿Estás seguro?

―Sí. Totalmente seguro: no hay nada que nos detenga ―afirmé, percatándome unos momentos después de lo ilusa que resultaba mi actitud cuando llegamos a nuestra mesa y nos encontramos a Ellie junto a Bárbara, mostrándole un vídeo en su teléfono.

Y cuando escuché de qué vídeo se trataba y recordé de qué iba, me di cuenta de que no firmaríamos ese trato―.

¡Mierda! Nada puede detenernos, excepto el anuncio del pavo.

―¿Qué? ¿El anuncio del pavo? ―repitió mi amigo completamente confundido.

―Sí, es un anuncio bastante sarcástico que fue retirado del mercado por inapropiado, en el que aparece un pavo de dibujos animados muy triste y lloroso buscando a su hermano antes de que la feliz voz del comercial le anuncie, con imágenes reales, que su hermano ahora es un espléndido pavo de acción de gracias.

―¡No! ¡¿Y piensa ponerle esa clase de anuncio a una persona vegana?! ―exclamó Austin, espantado.

―Podemos negar que las conocemos ―propuse. Pero cuando nos acercamos a la mesa, Philip nos recibió con una gran sonrisa mientras nos hacía saber que nuestra única vía de escape del fracaso era imposible.

―¡Austin! ¡Philip! ¡Qué bien que hayáis vuelto! Justo estábamos charlando con dos de las chicas que forman parte del proyecto del que nos habéis hablado: Ellie, la desarrolladora y guionista del juego, y Anuska, la responsable de las animaciones y la creación de los personajes. ¡Sentaos!