Capítulo 19 #2
―Te gusta jugar con las mujeres: prueba de ello es que no desalientas para nada a todas las que te ponen ojitos en el trabajo ―añadió Austin, y recordé las veces que él había hecho de intermediario para entregarme notas con el número de teléfono de muchas chicas.
Ignoré sus palabras mientras seguía con mi explicación.
―Si me viera con otra chica, Ellie no me permitiría explicarle que solo se trata de una estrategia con la que pretendo mantener calmado a mi padre mientras encuentro en otro lugar el capital necesario para que no pueda poner en peligro el trabajo de su equipo por el mero capricho de dirigir mi vida.
―Y dime, ¿cuánto tiempo pretendes mantener esta… estrategia?
―¿Cuántas citas puedes aguantar?
―No muchas más. Esto no es lo mío. Estas mujeres me ponen tremendamente nervioso, sobre todo cuando alguna de ellas intenta llevarme a la cama después de escuchar tu nombre.
Nunca en mi vida he sido tan atractivo para las mujeres y, lo más increíble de todo es que, para serlo, tan solo tengo que decir que soy tú.
―Bueno, quizás ahora comprendas por qué nunca accedo a asistir a las citas que me prepara mi madre.
Esas mujeres no me conocen ni quieren hacerlo: solo les interesa el dinero que les prometen mi posición y mis padres.
Ellos quieren comprarle una perfecta pareja a su perfecto hijo, pero su problema es que yo no soy perfecto, ni quiero serlo.
―¿Sabes? No me siento nada cómodo haciéndome pasar por ti y lo peor: sospecho que Anuska sabe algo.
―¿Estás saliendo con Anuska? ―inquirí, sorprendido.
―No, y comienzo a pensar que, como ella descubra este engaño, nunca lo haré. Así que date prisa en encontrar nuevos inversores.
―Estoy en ello, aunque es más difícil de lo que parece. Pero no te preocupes, tengo un plan para mantener a mi madre y a mi padre tranquilos y acabar con estas citas. Solo tienes que comprometerte con una de las chicas y…
―¡¿Qué?! ¡Tú estás loco! ―gritó Austin. Mi amigo se levantó airadamente de la mesa justo cuando su cita volvía, lo que provocó que todas las miradas se clavaran en él.
―Venga, confía en mí: repite literalmente todo lo que te diga para salir de esta situación.
Y el iluso y confiado amigo que siempre sería Austin repitió mis palabras:
―Lo siento, he olvidado tomarme mi medicación, pero no te preocupes, estaba hablando solo ―mis palabras atrajeron la atención de la camarera que pasaba en esos momentos cerca de mí, pero, tras señalar mi teléfono que se encontraba sobre la mesa y mis auriculares, dejó de mirarme con sospecha, algo que no ocurrió con mi amigo, ya que él tenía ocultos tanto su teléfono como sus discretos auriculares.
―No me mires ―le recordé a Austin después de que este se volviera hacia mí.
―Tengo unas ganas enormes de golpearte ―murmuró Austin. La mujer que estaba frente a él lo miró espantada―. Eh, perdona. No te lo decía a ti, sino a Max Templeton.
―¿Vas a golpearte a ti mismo? ―inquirió la chica, claramente confundida.
―No… digo, sí ―contestó Austin en ese momento, recordando que se estaba haciendo pasar por mí.
―Creo que lo mejor será que terminemos nuestra cita ―manifestó la mujer, que se apresuró a recoger sus cosas.
―Austin, pregúntale si te volverá a llamar ―le dije a mi amigo.
―¿Para qué? Resulta más que evidente que esta mujer no va a volver a llamarme ―contestó Austin, pareciendo de nuevo un loco que hablaba consigo mismo. Al fin, la chica salió corriendo.
―Creo que hemos hecho un buen trabajo espantando a esa mujer, Austin.
―En mi opinión, si fueras tú a las citas, acabarías espantándolas mucho más rápido que yo; con que vieran una pequeña muestra de tu mentalidad retorcida tendrías el trabajo hecho.
―Sí, pero si lo hiciera, acabaría metiéndome en muchos problemas y…
―respondí distraídamente hasta que alguien me tocó el hombro.
Al volverme encontré a Ellie, cruzada de brazos y fulminándome con la mirada―.
¡Oh! Creo que los problemas han acabado encontrándome ―anuncié a Austin.
Y cuando vi a Anuska dirigiéndose con paso airado hacia su mesa, añadí una última advertencia antes de colgar―: Y a ti también.
―Entonces me centré en Ellie para intentar explicarle mi comportamiento―.
¡Hum! Hola, Ellie, eh… esto no es lo que crees…
―¿De verdad? ¿Entonces no has obligado a Austin a hacerse pasar por ti en una cita o en unas cuantas, por lo que me ha contado Anuska?
―Oh, vaya… entonces sí: es exactamente lo que crees ―confirmé, sin poder negar la realidad.
―¿Por qué has metido a tu amigo en este lío?
―Bueno, es algo que acostumbro a hacer desde la universidad ―le confesé a Ellie. Esa era una verdad que no me importaba revelar.
―¿Por qué has quedado con esas chicas, Max? ―preguntó Ellie. En esta ocasión guardé silencio y ella cerró los ojos decepcionada―. ¿Otra vez estás jugando con el amor?
Quería confesarle la verdad, pero, si lo hacía, si le decía a Ellie que mis padres me estaban chantajeando para que tuviera esas citas y que la debilidad que estaban explotando en mi contra para hacerlo era ella, Ellie desaparecería de mi vida y perdería esa gran oportunidad que se había cruzado en su camino para triunfar.
―Así soy yo: nunca me niego a participar en este tipo de juegos.
Mi amigo necesitaba conocer a alguna buena mujer y a mí me sobran las que revolotean a mi alrededor aunque no me conozcan en persona, así que decidí que nos diéramos el cambiazo para algunas de las citas a ciegas que mi madre me organiza últimamente para que le dé nietos y mejore mi posición ―respondí, haciéndome el gallito, ella rememoró la imagen de mí que tanto dolor le había traído en el pasado y que, desde que nos habíamos vuelto a encontrar, yo intentaba que Ellie olvidara, pero no quería hacerlo a costa de su futuro.
―Creí que solo querías jugar conmigo ―comentó Ellie, e intentó hacerse la fuerte. Pero entonces vi el daño que le había hecho y lo mucho que la había decepcionado en su apenado tono de voz.
―No he salido con ellas, lo ha hecho Austin ―respondí, intentando excusarme.
―Pero has jugado con ellas, las has manipulado y engañado y te has aprovechado de su ilusión por salir contigo utilizando a tu amigo sin piedad.
Has sido cruel cuando podías, simplemente, haberte negado a tener esas citas.
Para justificar tu decisión solo tenías que anunciar ante todos que estabas saliendo conmigo y habría sido suficiente ―declaró Ellie con tristeza.
Mesé mis cabellos, frustrado. Yo no quería que ella recordara esa parte de mí, pero tampoco podía actuar de otra forma si quería que su proyecto triunfara, así que seguí con mi actuación, a pesar de que me dolía el corazón al imaginar que estaba volviendo a perderla.
―Ellie, ellas no son como tú. ¿De verdad crees que esas chicas con las que Austin ha salido tienen verdadero interés por conocerme? Nada de eso: tan solo quieren mi dinero, mi posición, la falsa e hipócrita fachada que represento ante los demás, pero nunca ante mí.
―Si dejaras que alguien se acercara a ti de verdad y no a la mentira que siempre representas, alguien podría enamorarse de ti.
Sus palabras me dieron esperanzas de que ese «alguien» fuera ella, por lo que me acerqué a Ellie y le susurré al oído:
―Tú puedes acercarte a mí todo lo que quieras.
―Tal vez… pero cada vez que lo hago solo veo mentiras ―respondió ella, y me empujó débilmente para que me apartara antes de continuar rechazándome, en esta ocasión con sus palabras―.
Y unas mentiras con las que siempre acabas dañando a otros.
¿Cuándo vas a tener el valor de dejar de esconderte para decir qué te gusta y qué odias de verdad?
―¿Y si lo que me gusta de verdad eres tú, Ellie? ¿Y si lo que odio es todo aquello que nos separa? ―repuse, reteniendo su mano por unos instantes.
―¿Cómo pretendes que te crea si nunca te atreves a proclamar ante todos lo que supuestamente quieres y, en lugar de eso, lo único que veo de ti son innumerables mentiras?
―replicó ella, y se zafó de mi agarre―. Creo que a partir de ahora deberíamos limitarnos a mantener una relación estrictamente profesional.
Yo nunca he sido de las que callan durante demasiado tiempo aquello que odian o que desean y tú estás demasiado acostumbrado a guardar silencio.
Definitivamente, no encajamos ―me anunció Ellie.
Entonces se dirigió hacia la salida, donde se encontraba Anuska, igual de triste que ella.
―Ellie, ese silencio a veces es necesario ―dije. Sus pasos se detuvieron y se volvió hacia mí.
―No sabes cuánto daño puede hacer ese silencio.
―Sí lo sé… ―susurré sin que me oyera mientras apretaba los puños a ambos lados de mi cuerpo.
Contuve las palabras que querían escapar de mi boca, me callé demasiadas cosas que le harían daño al ser consciente de todo lo que perdería Ellie si le contaba lo que estaba ocurriendo y ella decidía enfrentarse a mis padres.
―Creí que habías cambiado, Max, pero no lo has hecho.
Sigues mintiéndole a todos, incluso a ti mismo.
Si de verdad te importara, si me quisieras, no te importaría gritarle al mundo lo que sientes por mí y no jugarías conmigo de esta manera.
Creo que vas a volver a perder, Max, y aunque por un momento hayas conseguido hacerme dudar, no podrás conquistarme ni ganarte mi corazón.
―Dime una cosa, Ellie. Me has reprendido por mi silencio y por mis mentiras, pero ¿qué hay de las tuyas? ―pregunté.
Ella no era del todo sincera y siempre se alejaba de mí cuando yo me acercaba demasiado y me declaraba el malo de la historia, ya que sospechaba que podría acabar enamorándose de ese estúpido que una vez había jugado con ella hasta romperle el corazón.
―Yo no miento, no me escondo de nadie y siempre digo lo que me gusta y lo que no. Y, ahora mismo, tú no me gustas en absoluto.