La vida es un puzle y el amor, un juego Capítulo 18
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Capítulo 18

Tras un largo fin de semana, solo Damian acudió a la reunión de organización, tomando asiento entre su amiga y el tipo que no dejaba de devorarla con la mirada.

A lo largo de esa reunión resultó más que evidente para Damian que algo había ocurrido entre esos dos, sobre todo cuando Ellie no paraba de colgarse de su brazo y susurrarle al oído trucos de algún videojuego.

Quien no escuchara las palabras de Ellie podría llegar a pensar que sus susurros eran secretitos de otro tipo y Damian, por supuesto, se sintió encantado de seguirle el juego a su amiga para poner celoso a Max.

Max no tardó en bullir de rabia, apretó sus puños fuertemente y lo fulminó con la mirada.

―Pensé que estarías más cansada después de este largo fin de semana ―comentó finalmente Max, sonriendo a Damian, intentando mostrarle que jugaba con ventaja. Ellie lo fulminó con la mirada, pero no borró la sonrisa satisfecha de Max.

―No trates de que otras personas malinterpreten lo que ocurre entre nosotros, Max, sobre todo en la empresa donde trabajo. No querrás que empiecen a circular rumores incómodos, ¿verdad?

―Por supuesto que no ―masculló Max.

―Si no recuerdo mal, yo solamente te ayudé a solucionar un problema que no sabías cómo solventar tú solo.

―Sí. Por lo que llegaste a ver en tu teléfono antes de acudir en mi ayuda pudiste constatar que se trataba de un gran problema ―anunció Max. Ellie se sonrojó.

―¿Qué ha pasado este fin de semana? ―interrumpió Damian, cuyos ojos se clavaron en Max.

―Lo que ocurrió fue que tuve que ir a casa de Max para ayudarlo a desconectar un aparato de última tecnología que él estaba probando y con el que tenía bastantes problemas ―explicó Ellie a Damian.

―Sí, y fuiste mi heroína en cuanto lo desenchufaste.

―Sabes que tú mismo podrías haberlo hecho sin necesidad de importunarme para que acudiera a toda prisa a tu apartamento, ¿verdad? ―lo reprendió Ellie.

―Sí, lo sé ―admitió Max con descaro.

―¿Y por qué lo hiciste?

―Porque quería verte ―declaró Max con un tono más serio que sorprendió a Ellie al haber revelado que le gustaba, hasta que recordó que ese hecho tan solo había tenido lugar ante Damian, y no ante ningún otro miembro más de esa empresa.

―Y dime algo, Ellie, ¿por qué no te negaste a venir a mi apartamento? ¿Tal vez porque tú también querías verme a mí?

Damian vio a su amiga mirando a Max con furia en los ojos y no dudó en interrumpir una vez más la conversación.

―¡Ah! Entonces, ¿el mensaje que recibí en mi teléfono no eras tú haciéndote el gallito porque te habías acostado con Ellie?

―Yo nunca haría eso. El envío de aquel mensaje se debió a un error técnico de una máquina defectuosa ―respondió Max, ofendido.

―¿De verdad? ―inquirió Damian levantando una ceja, haciéndole saber que sospechaba lo que había ocurrido entre Ellie y él durante el fin de semana―.

Pues por un momento llegaste a confundirme ―añadió Damian, sonriendo―.

Bueno, y ahora que todos sabemos que lo de este fin de semana solamente fue un error, ¿por qué no avanzamos con el orden del día?

La reunión continuó y Ellie se centró en su proyecto totalmente emocionada mientras Max gruñía y protestaba como un niño mimado que reclamaba la atención de Ellie.

Damian observó complacido cómo su amiga trabajaba en algo que le gustaba y comenzaba a cumplir un sueño que había creído inalcanzable durante mucho tiempo.

También vio, menos complacido, al hombre que miraba a su amiga con deseo, un niñato consentido que siempre conseguía todo lo que quería armado con su sonrisa falsa y su dinero y, por lo que parecía, Ellie era lo único que se le resistía.

Lo viera por donde lo viera, esos dos no encajaban en absoluto y, si realmente estaban manteniendo una relación, sin duda sería Ellie la que saldría más dañada cuando esta acabara y le rompieran el corazón.

Decidido a proteger a su amiga, Damian desvió la conversación hacia sí y la monopolizó cada vez más hasta dejar a Max completamente de lado, enseñándole que él no encajaba en el mundo de Ellie.

Por su parte, Max los interrumpió con severidad en determinados momentos para introducir factores y cuestiones empresariales y legales que ni Damian ni Ellie habían tenido en cuenta, mostrando al despiadado hombre de negocios que la prensa decía que era.

Cuando la reunión terminó y fijaron el día en el que se presentarían al personal y comenzarían a dirigir los diferentes departamentos en los que trabajarían en el proyecto, Ellie se marchó con una sonrisa en los labios.

Por su parte, Damian se quedó en la sala de juntas para poder mantener una conversación privada con ese tipo que no le agradaba en absoluto.

Max no tardó en captar su indirecta y, tras cerrar la puerta para que nadie escuchara su conversación, se sentó frente a él.

―No me caes bien y, definitivamente, no me gustas para Ellie.

―Muy bien, pero creo que a quien tengo que gustarle es a Ellie.

―No encajáis en absoluto.

―Lo hacemos mejor de lo que crees.

―Es evidente que te gusta jugar con las mujeres, pero Ellie no es el tipo de chica a la que le gusta jugar ―advirtió Damian en tono serio, intentando reprimir su desprecio por ese tipo apretando fuertemente los puños.

―Ellie está acostumbrada a jugar a este tipo de juego más de lo que piensas… aunque solo lo hace conmigo ―replicó Max, lo que provocó que Damian perdiera la paciencia y se levantara de su silla para agarrarlo de su camisa.

―¿De verdad vas a arriesgar el sueño de Ellie por una pelea que no vas a ganar? ―manifestó Max en tono burlón. Damian lo soltó. Y mientras recomponía su aspecto sin ninguna prisa, añadió―: ¿Acaso no sabes en quién se inspiró Ellie para crear al protagonista de su videojuego?

Lo que Max creía una victoria no tardó en convertirse en una amarga derrota cuando Damian sonrió complacido.

―Sí, lo sé. Y respóndeme ahora tú: ¿sabes ya cómo acabará ese juego para el que Ellie aún no ha decidido el final?

―Si se trata de un juego de amor, tan solo puede tener un final feliz, ¿no? ―preguntó Max, menos seguro que antes después de ver cómo Damian ampliaba su sonrisa.

―¡Oh! ¡Cuánto me alegro de que no tengas ni idea de videojuegos!

Damian esperó la respuesta de Max, pero este recibió una llamada de alguien que lo hizo tensarse y perder su sonrisa.

Max atendió a su llamada y Damian pudo escuchar unos gritos a través de su teléfono que evidenciaban que él no había sido el único en recibir el mensaje que ese tipo calificaba como un «error técnico», donde presumía de la relación que mantenía con Ellie.

Y mientras veía complacido cómo ese tipo se metía en un problema que lo mantendría alejado de Ellie, Damian se despidió de Max con una gran sonrisa:

―Mucha suerte con tu final feliz.

Definitivamente, no era mi día.

Al llegar a mi empresa y ver que la reunión que debía tener con el equipo de Ellie quedó reducida a quedarme a solas con ella y con Damian, me puse nervioso.

Y al ver cómo Ellie decidía vengarse de mi petición de mantener nuestra relación en secreto coqueteando descaradamente con Damian, los celos me inundaron.

Ellie sabía que cada vez que se acercaba a Damian yo tenía ganas de gritarle que ella y yo estábamos saliendo, como también sabía que no lo haría y me mordería la lengua porque yo mismo había impuesto esa estúpida regla que me obligaba a mantener las distancias con ella en el trabajo.

Ahora, después de mantener una conversación con Damian en la que intenté marcar mi territorio y tras la que únicamente había conseguido salir con más dudas sobre mi futuro con Ellie, mi padre me convocó a su despacho.

Yo temía que el tema principal de esa conversación fuera Ellie, sobre todo después de enterarme por Damian que el maldito mensaje que el fastidioso asistente inteligente había mandado por su cuenta había acabado llegando a prácticamente todos los contactos de mi agenda.

―¿Puedes explicarme qué es esto? ―inquirió mi padre en cuanto entré a su despacho.

―Eso es un mensaje de texto, papá ―respondí, intentando hacerme el tonto.

―¡Ya sé lo que es! ¡No soy idiota! ¡Me refiero a qué significa este mensaje!

―Ese mensaje significa que el prototipo de asistente virtual inteligente que estamos desarrollando y que yo estoy probando personalmente aún tiene muchos fallos en su software de reconocimiento de voz y otros sistemas, así que envía los mensajes que le da la gana a quien quiere.

―Entonces, ¿tengo que creerme que este mensaje es un error?

―Por supuesto.

―Está bien. Hagamos como que me lo creo. ¿Puedes decirme entonces por qué todavía no has contactado con ninguna de las chicas con las que tu madre te recomendó salir?

―Demasiado trabajo.

―Delega en alguien las tareas menos relevantes para que puedas centrarte en las más importantes, las que te conducirán hacia un futuro brillante ―ordenó mi padre, intentando dirigir mi vida una vez más.

―De acuerdo. Eso haré.

―¡Perfecto! Y ahora que estamos de acuerdo, espero que este tipo de malentendidos no vuelvan a ocurrir.

Especialmente teniendo en cuenta que el futuro de esa chica depende de mi empresa ―manifestó mi padre, dejando caer una sutil amenaza hacia Ellie si yo no accedía a cumplir con los caprichos de mi madre.

Pero en esa ocasión yo no estaba dispuesto a dejarme manipular. No pensaba desaprovechar la oportunidad que el destino me había brindado al poner a Ellie en mi camino y ofrecerme la oportunidad de alcanzar mi final feliz.