Capítulo 15 #3
―Lo comprendes mejor de lo que crees ―me contradijo Max mientras mesaba nerviosamente su cabello―.
La parte que has creado hasta ahora está descrita a la perfección.
Pero deberías indagar más sobre él y darle un porqué a su comportamiento ―dijo Max, como si en vez de hablarme del desarrollo de un personaje solamente quisiera que lo conociera mejor―.
Mételo en el juego, haz que nos cuente su historia y dale la oportunidad de elegir la opción correcta en esta ocasión ―insistió Max.
―No puedo.
―¿Por qué no?
―Porque es demasiado peligroso…
―No te preocupes, no creo que falle el proyecto porque cambiemos un poco el guion y…
―No, quiero decir que es demasiado peligroso… para mí ―le aclaré a Max, observando cómo cerraba los ojos, dolido por mis palabras.
―Ellie, dime una cosa: ¿los personajes de tu historia tendrán un final feliz? ―inquirió, clavando su mirada en mí con intensidad.
―No lo sé ―respondí con sinceridad, ignorando cómo continuaría la historia de mi videojuego y cómo acabarían esos protagonistas que volvían a encontrarse. Y mientras yo esquivaba la mirada de Max dudando de todo, él anunció:
―Ellie, yo aún no me he rendido en ese juego.
―Lo pensaré ―me limité a contestar antes de colgar.
Por primera vez, pensé en por qué razón el Max de mi pasado me había hecho tanto daño con la única intención de encajar con todos los demás. Y me pregunté si al averiguar sus motivos podría llegar a perdonarlo como haría la protagonista de un juego de amor para conseguir su final feliz.
No sabía por qué insistía tanto en cambiar esa parte del juego de Ellie.
Tal vez lo hacía porque seguía arrepintiéndome de mis estúpidas acciones de adolescente, pero nunca había dejado de soñar con lo que podría haber ocurrido si me hubiera comportado de otra manera, si no hubiera sido tan cruel y estúpido, si me hubiera enfrentado antes a mis compañeros y alzado mi voz.
Tal vez habría recibido una mirada de amor por parte de Ellie en lugar de una de odio en nuestra despedida.
Es posible que hubiéramos mantenido nuestra relación a distancia y que hoy estuviéramos juntos en vez de enredados en una extraña relación que ninguno se atrevía a definir como algo más que deseo.
Habría sido maravilloso que la vida fuera como uno de los juegos de Ellie. Que, si me equivocaba, pudiera volver a empezar hasta dar con la opción acertada, la correcta, la apropiada, aquella con la que nunca perdía.
Pero la vida no era un juego y todos nos equivocábamos alguna vez en nuestras elecciones y, perdiéramos o ganáramos con ellas, no teníamos más remedio que seguir adelante y aprender de esos errores que, en ocasiones, tanto nos pesaban.
Pero seguir adelante era difícil y en algunos momentos era inevitable acabar pensando «¿qué hubiera ocurrido si… ?».
Cuando escuché por primera vez a mi amigo Austin hablando del juego que Ellie había creado basándose en nuestra historia pensé que tal vez lo habría hecho para pasar página y olvidarse de mí por completo.
Por eso yo sentí que necesitaba recordarle a Ellie que el estúpido y necio protagonista de su juego también tenía su propia historia y quería que le concediera otra oportunidad, si bien tal vez no en la realidad, al menos sí en ese juego que ella había creado y para el cual aún no había escrito un final.
Yo deseaba un final feliz para esa historia inconclusa, pero, al igual que el protagonista de esa historia, no sabía si lograría alcanzarlo.
―¡Dios, Ellie! ¿Por qué no entiendes mi mensaje? ¿Por qué eres tan dura y me lo pones tan difícil? ―exclamé después de haber hablado con ella.
―Mandando mensaje a Ellie Patel: me la pones muy dura ―anunció de repente el aparato que estaba desarrollando mi empresa y que Austin me había pedido el día anterior que probara mientras lo vinculaba a mi teléfono, un trasto de última generación con un nombre de mujer que no recordaba y que, según Austin, me haría la vida más fácil, algo que no estaba dando muestras de hacer en esos momentos.
―¡No, joder! ¡No le mandes a Ellie eso! ―grité al maldito cacharro mientras corría hacia él con mi teléfono en la mano. Sin embargo, en una clara demostración de que las nuevas tecnologías y yo no nos llevábamos demasiado bien, el puñetero trasto entendió lo que le dio la gana.
―Nuevo mensaje para Ellie Patel: quiero joder y que mandes en el sexo.
―¡Te voy a destrozar con lo primero que pille, maldito trasto de los cojones! ¡Te voy a reventar como sigas mandándole esos mensajes a Ellie!
―Nuevo mensaje para Ellie Patel: te voy a destrozar donde te pille. Te doy hasta que se me revienten los cojones.
―¿Cómo puedes haber puesto eso? ―dije, frustrado con esa máquina mientras intentaba contactar con Austin.
― Nuevo mensaje para Ellie Patel: estoy dispuesto para el sexo.
―¡¿Quieres que te apague?! ―le pregunté a ese cacharro inútil con tono amenazante tras comprobar que Austin no me cogía el teléfono.
―Nuevo mensaje para Ellie Patel: ¿quieres que te pague?
Después de ver que mis maldiciones solo empeoraban los mensajes de ese trasto, recordé un consejo de mi amigo para tratar con ese aparato.
―Órdenes simples, órdenes simples… ―murmuré, creyendo que el aparato no captaría lo que estaba diciéndome mientras buscaba una orden simple que darle, pero esa maldita chatarra me escuchó y, por supuesto, lo interpretó como le dio la gana.
―Nuevo mensaje para Ellie Patel: te ordeno porque eres muy simple.
―¡Borrar mensajes dirigidos a Ellie Patel! ―exclamé cruzando los dedos para que el trasto me entendiera y yo pudiera solucionarlo todo antes de que Ellie me odiara un poquito más de lo que ya lo hacía.
―Borrando mensajes enviados a Ellie Patel ―declaró finalmente la cosa, siguiendo mis órdenes y haciéndome suspirar de alivio al saber que Ellie no llegaría a leer esos ridículos mensajes―. No se ha podido completar la eliminación de los mensajes. Videollamada entrante de Ellie Patel.
―¡No aceptes esa videollamada! ―ordené mientras pensaba alguna buena excusa que ponerle a Ellie y, tal y como me había sucedido hasta el momento, el trasto no me obedeció.
―Aceptando videollamada de Ellie Patel.
Furioso con ese fastidioso cacharro, lo cogí y lo arrojé contra el suelo con fuerza, dispuesto a reventarlo, aunque se tratara de un caro prototipo de asistente inteligente que estaba desarrollando mi empresa.
Hice un movimiento brusco, la toalla que llevaba enrollada en la cintura se me cayó y fue entonces cuando vi que ese aparato había conseguido su propósito y una furiosa mujer me observaba desde la pantalla de mi teléfono mientras yo me mostraba ante ella totalmente desnudo.
Por supuesto, Ellie lo malinterpretó todo.
―¡¿Se puede saber de qué vas?! ¡Primero me mandas esos mensajes tan raros y ahora respondes a mi videollamada en pelotas!
―Eh… Esto... Te juro que todo esto es un lamentable error.
.. ―farfullé nervioso mientras intentaba ponerme la toalla en la cintura―.
¡Todo es por culpa de uno de esos trastos de nueva generación que estamos desarrollando, un asistente inteligente que Austin ha conectado a mi teléfono vía bluetooth para que lo pruebe!
En un momento dado he pronunciado tu nombre y el maldito trasto ha malinterpretado todo lo que he dicho y ha comenzado a mandarte los mensajes que le daba la gana.
―Ya, claro… ¿Has conseguido apagarlo para que no vuelva a ocurrir esta clase de… malentendido? ―preguntó ella algo incrédula, pero concediéndome el beneficio de la duda a pesar de todo.
―Sí… ―afirmé dubitativo, aunque Ellie me miró con gesto de reprimenda, tal vez porque me conocía demasiado bien.
―¿Cómo lo has apagado? ―preguntó ella, haciendo que dirigiera la cámara de mi teléfono hacia el trasto que había estampado contra el suelo.
―Así.
―Está bien, te creo. Pero intenta que no vuelva ocurrir, especialmente si te diriges a personas que no te conozcan tan bien y no puedan llegar a creerse tus patéticas excusas.
―Sí. Le mandaré ahora mismo un mensaje a Austin para que venga a recoger este trasto.
―Mandando mensaje a Austin Marlon: vamos a coger a lo basto ―dijo el cacharro desde el suelo con voz distorsionada, haciendo una más de las suyas.
―¡Ayuda! ―exclamé desesperado a Ellie que, gracias a Dios, se dio cuenta de cómo era ese cacharro tras su última jugada.
―Voy para allá ―dijo Ellie mientras negaba con la cabeza.
―Gracias, y una cosa: mientras llegas a mi apartamento, ¿podrías hacerme el favor de ignorar todos los mensajes que pueda mandarte mi teléfono?
―No te preocupes, no me creeré ninguno de ellos ―contestó Ellie antes de colgar. Y mientras me dirigía a mi vestidor, no pude evitar suspirar.
―Ellie, ojalá pudiera hacerte ver cómo encajamos.
―Nuevo mensaje para Ellie Patel: ojalá pudieras creer que te amo.
El último mensaje de ese trasto me hizo sonreír irónicamente porque, por una vez, no iba del todo desencaminado y esa máquina se había atrevido a decir lo que yo aún no me atrevía.
Para mi desgracia, tal y como Ellie me había prometido, ignoraría ese mensaje, no creería en él y tal vez tampoco en mí, un hombre que hasta ahora solo había jugado con el amor porque tomarlo en serio era algo demasiado arriesgado para mi corazón.