La vida es un puzle y el amor, un juego Capítulo 15 #2
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Capítulo 15 #2

Sus palabras descaradamente sinceras me dejaron asombrado, aunque me sorprendió aún más la respuesta de ese serio padre que, con gran tranquilidad, se levantó del sofá y abandonó la estancia, sin duda imaginando que Ellie y yo debíamos mantener una conversación importante y madura a solas antes de seguir adelante con nuestro proyecto.

Por su parte, la anciana no se movió y permaneció entre nosotros, observando nuestra disputa bastante emocionada.

―Tal vez deberías decirles también que nuestra historia no terminó entonces y añadir que fuiste tú quien me dio permiso para volver a jugar contigo si volvíamos a encontrarnos más adelante ―dije mientras ignoraba a esa anciana y su estruendosa pajita y me acercaba más a Ellie.

―Aquel día pensaba que no volveríamos a encontrarnos jamás, por eso escribí aquella nota ―confesó Ellie, acercándose más a mí, por lo que tomé sus manos entre las mías.

―Lo sé, pero lo cierto es que nos hemos reencontrado, Ellie, y quiero retomar lo que dejamos a medias y mostrarte que no soy tan idiota como antes ―declaré decidido, sin soltarle las manos y acercándome a ella para apoyar mi frente contra la suya como hice en el pasado―.

Dame una oportunidad para demostrarte que he cambiado y que ahora no me equivocaré, que escogeré la opción correcta.

Solo quiero hacerte feliz ―continué; me acerqué lentamente a sus labios.

Y justo cuando estaba a punto de besarla, un ruidoso sorbo interrumpió nuestro momento idílico, seguido por una tosecilla inoportuna y la mirada impasible de una anciana que me vigilaba muy de cerca.

Así pues, dando por imposible el continuar con ese momento romántico, me separé de Ellie y le dirigí una molesta mirada a esa anciana que había decidido grabarnos con su teléfono mientras disfrutaba de nuestro encuentro como si fuera una telenovela.

―¡Seguid! ¡Seguid! Por mí no os cortéis: ¡esto es mejor que las series de la tarde!

―Creo que será mejor que sigamos con esta conversación en otro momento, Ellie, así que te dejaré aquí mismo una copia del contrato señalándote los cambios que queremos introducir en el guion del juego para que los estudies detenidamente y me llames si tienes alguna duda o si quieres comentar alguna cláusula.

Espero tu respuesta lo más rápido posible, ya que tenemos una fecha límite para finalizar el proyecto y hemos de comenzar a trabajar cuanto antes ―le anuncié mientras me levantaba.

―Lo haré. Creo que, después de todo, tenemos que hablar ―aceptó Ellie bastante nerviosa, haciéndome saber que esa conversación no sería solo de trabajo.

―Guapito, voy a darte un consejo que más tarde me agradecerás ―intervino la molesta abuelita mirando su reloj. Y creyendo que me hablaría de cómo acercarme más a su nieta después de haber comprobado por mis palabras que era sincero, le presté la mayor atención.

Para mi asombro, la abuela de Ellie gritó:

―¡Corre, chico!

Sus palabras me dejaron confuso, hasta que añadió:

―¿Sabes de esos padres sobreprotectores que tienen pistolas y palas que muestran amenazadoramente a los pretendientes de sus hijas a la menor oportunidad y a modo de advertencia para que estos se comporten adecuadamente?

Bueno, pues a mi yerno Harry no le gustan las pistolas, pero es un coleccionista de réplicas de armas de sus películas y series favoritas.

Así que te aconsejo que salgas corriendo de aquí antes de que decida cuál de ellas quiere usar para jugar contigo antes de que tú intentes jugar con su hija.

En ese momento creí que esa anciana exageraba, hasta que Ellie me miró espantada y me empujó hacia la salida mientras me daba el mismo consejo que su abuela.

―¡Corre y no mires atrás!

―¡Pero, Ellie! ¿Y qué hay del contrato? ¿Y sobre nosotros y esa conversación pendiente que…

? ―dije, dispuesto a ser un valiente. Pero eso solo me duró hasta que vi a un hombre armado hasta los dientes con dagas, espadas, un arco, nunchakus y el rostro maquillado como un guerrero dirigiéndose hacia mí.

El aspecto del padre de Ellie me hizo saber que había sido incapaz de elegir solo un arma para asustarme y parecía estar dispuesto a probar todo su arsenal con el hombre que él consideraba que quería partirle el corazón a su hija.

Nunca podría haber imaginado que mi plan aparentemente infalible para seducir a Ellie fallaría tan estrepitosamente como había sucedido durante mi adolescencia por lo que, al no saber cómo salir de esa ridícula situación, corrí como alma que lleva el diablo recordando que en el pasado había acabado de la misma manera en más de una ocasión.

Y fue entonces cuando a mi mente acudió la certeza de lo peligroso que era jugar con esa chica.

No obstante, y a pesar de ello, no estuve dispuesto a abandonar el juego porque el premio era demasiado importante como para dejarlo marchar una vez más.

Cuando vi correr a Max, espantado, recordé cómo había acabado en más de una ocasión cuando éramos adolescentes e intentaba conquistarme y no pude evitar sonreír.

Comprendí que en el instituto él insistía en ir detrás de mí porque quería conquistarme para complacer a sus amigos en su cruel plan de hacerme daño, pero no entendía por qué quería volver a jugar conmigo ahora, por qué insistía en ir tras de mí cuando podía tener a cualquier mujer a sus pies, por qué iba detrás de la chica rara en vez de perseguir a esas famosas bellezas con las que la prensa siempre relataba que salía cuando su adinerada familia celebraba alguna fiesta.

Y a pesar de no comprenderlo en absoluto, yo había aceptado seguir ese peligroso juego desde el momento en el que habíamos vuelto a encontrarnos.

Ya en mi casa, revisé el contrato con calma prestando especial atención a las partes que Max quería modificar del juego para el que aún no tenía un final.

Leí que él insistía en añadir la perspectiva del protagonista masculino para que las personas pudieran jugar también con él, una propuesta que me hizo al principio.

Por eso, sin entender todavía del todo a ese hombre, lo llamé para hacerle algunas de esas preguntas que eran peligrosas de pronunciar en voz alta cuando estaba demasiado cerca de él.

―Buenas noches, Ellie. ¿Tienes alguna duda sobre el contrato o sobre mí? ―contestó Max.

―Quiero saber una cosa: ¿por qué insistes en que incluyamos la perspectiva del protagonista en mi juego de forma que los usuarios puedan jugar también con él?

―¡Ah! Propongo que mejor hagamos una videollamada para esta conversación ―respondió Max, haciéndome dudar. Pero finalmente, sintiéndome lo suficientemente segura por la distancia que nos separaba, accedí.

Debería de haber sospechado que ese hombre pretendía hacer alguna de las suyas porque, en cuanto la cámara se activó, me mostró que Max solamente iba ataviado con una toalla en torno a su cintura.

Su pecho musculoso seguía húmedo de la ducha de la cual yo acababa de sacarlo y en ese instante usó una toalla pequeña para secarse el pelo despreocupadamente.

Me mordí el labio inferior en un intento por contener mi deseo mientras miraba cómo algunas traviesas gotas de agua se deslizaban por su torso hacia zonas más atrevidas.

Ante la imagen que tenía delante, yo ya no me sentí tan segura de estar a salvo, pese a la distancia que había entre nosotros.

Por mi parte, yo intenté arreglar un poco mi aspecto para que cuando Max dejara de secarse el cabello y me mirara estuviéramos a la par, por lo que me solté el pelo.

Pero, al hacerlo, este no cayó como una sedosa y sensual cascada como en las películas románticas, sino que más bien parecía una maraña rebelde.

Pensé en quitarme las gafas, pero entonces no vería nada, así que las dejé y solo me desprendí de la parte superior de mi pijama de trocitos de sushi con caritas sin recordar que debajo llevaba una camiseta de tirantes con los mismos dibujos.

Finalmente, caí en la cuenta de que en esa videollamada, mientras él parecía un adonis, yo volvía a ser la chica rara.

―Hola, Ellie. Como ves, acababa de salir de la ducha cuando me llamaste ―declaró Max, sonriéndome desde la pantalla.

―¿Por qué siempre que nos vemos tienes que parecer un dios y yo una friki? ―repliqué mientras renunciaba a la idea de parecer una mujer seductora que pudiera llamar la atención de ese hombre y volví a recogerme el pelo en un improvisado moño usando un lápiz.

―Lo creas o no, siempre serás la chica en la que no puedo dejar de pensar.

―Sí, claro ―respondí irónicamente―. Dime, ¿por qué quieres que cambie mi juego?

―La respuesta es muy simple: porque tenemos dos personajes en esa historia de amor, Ellie.

―Bueno, también hay varios personajes secundarios con los que la protagonista podría quedar cuando llega a la edad adulta. Estoy trabajando en ello y…

―Ellie, tú y yo sabemos que no quedará con ninguno de esos personajes.

―En los juegos otome siempre se ve únicamente la perspectiva de la protagonista y se relata muy brevemente la historia de los chicos con los que puede tener un final feliz.

Nunca se desarrolla una historia demasiado elaborada de uno de los personajes a elegir ni mucho menos se ofrece la opción de jugar con él.

―Justamente. Ahí lo tienes, Ellie: yo no quiero hacer un juego igual que los demás, yo quiero hacer algo distinto y creo que tú también, o de lo contrario jamás habrías utilizado nuestra historia para crear tu juego. Si quieres un juego realista, incluye también la historia del chico.

―Me gustaría añadir su perspectiva, pero no puedo.

―¿Por qué?

―Porque nunca llegué a comprenderlo.