Capítulo 14 #3
―Suena muy extraño que a todos les haya surgido algo en el último momento, ¿no te parece?
―Pura coincidencia ―respondió Max con una sonrisa perversa―. Bueno, ¿por qué no vamos a la sala de reuniones y seguimos con aquella conversación que dejamos pendiente? ―añadió mientras abría amablemente la puerta de la sala, haciéndome rememorar lo que habíamos hecho allí.
―Creo que yo tampoco podré acudir a esta reunión.
―¿Por qué? ¿Acaso temes no poder resistirte si nos quedamos a solas? ―susurró Max a mi oído, poniéndome tremendamente nerviosa. Y sin saber qué decir, a mi mente acudieron los lamentables consejos de una de mis amigas.
―Mi abuela está muy enferma y puede que en cualquier momento reciba una llamada y tenga que salir corriendo ―declaré. Max me miró con sospecha―. Y ahora, si me perdonas un momento, tengo que ir al baño.
Sin esperar su respuesta, salí corriendo hacia el baño y, en cuanto me encerré dentro, llamé a mi abuela.
―¡Abuela, te necesito! ―exclamé desesperada en cuanto ella contestó a mi llamada.
―No te preocupes, cariño: soy la coartada perfecta para cualquier tipo de delito, tengo mucho tiempo libre y por mi edad siempre puedo aludir a que tenía demencia senil en el momento de los hechos, así que llamo a unos amigos y escondemos el cadáver.
―¡Abuela! ¿Quieres dejar de ver esa serie de mafiosos? Si tu nieta te llama, lo más normal es que sea para pedirte dinero o un consejo.
―No tengo ni un duro y mis consejos son una mierda, así que solo me queda la opción de ser tu coartada para algún delito.
―Abuela, no te llamo para que seas mi coartada y no he cometido ningún delito.
―Entonces, ¿para qué me necesitas?
―Necesito evitar una reunión, así que me he inventado que estás enferma.
―¿Ves? Me llamas para que sea tu coartada. Y ahora dime: ¿por qué quieres evitar esa reunión?
―Más que evitar la reunión, lo que quiero evitar es quedarme a solas con el hombre que dirige el proyecto de desarrollo de mi videojuego.
―Te lo has tirado, ¿verdad? ―preguntó mi abuela, sabiendo que yo no era de las que huían de un enfrentamiento, pero sí de cualquier posible relación.
―Bueno, verás… él es un chico que me rompió el corazón en el instituto y…
―Y tu venganza perfecta al volver a encontrártelo fue echarle un polvete.
―¡Abuela!
―No lo niegues. ¿Por qué otra razón ibas a querer evitar quedarte a solas con ese hombre?
―¿Me ayudarás o no?
―¿Para qué están las abuelas sino para ayudar a sus nietos? ¿Cómo de muerta tengo que estar?
―Tú solo llámame dentro de diez minutos y finge que estás enferma. ¡Pero no exageres demasiado! ―repuse, consciente de cómo podía ser mi abuela en algunas ocasiones.
―Muy bien, cariño: ¡abuela moribunda al rescate!
Cuando salí del baño, Max me esperaba en la sala de reuniones con una sonrisa irónica que me anunciaba que sospechaba lo que había estado haciendo en el baño.
Pese a todo, se mostró bastante profesional explicándome todos los términos del contrato, a pesar de que yo no pudiera apartar la mirada de mi teléfono.
Y tal y como yo le había pedido a mi abuela, en medio de una de las explicaciones de Max recibí su llamada.
―¡Oh! Lo siento mucho, pero he de atender el teléfono porque estoy segura de que es mi abuela y tengo que saber cómo esta ―dije mientras intentaba coger mi teléfono que había dejado encima de la mesa. Pero Max fue más rápido y se hizo con él activando el manos libres.
―A mí también me interesa saber cómo está tu abuela.
―Hola, cielo. Te llamo para decirte que estoy muy enferma y bla, bla, bla… ―dijo mi abuela con un tono de voz desganado que me llevó a interrumpirla de inmediato antes de que me delatara por completo.
―Abuela, estás hablando por el manos libres.
―Cof, cof, cof… ¡Ay, cariño! ¡Estoy muy malita!
―manifestó mi abuela tras unas falsas toses―.
¡Oh, Dios mío! ¡Me estoy muriendo! ¡Quiero tener a mi querida nieta conmigo en mis últimos momentos!
―exclamó mi abuela, tan exagerada como había temido, haciendo que Max clavara su mirada en mí y ampliara su sonrisa irónica.
―No te preocupes, abuela, a Max no le importará posponer la reunión para otro día, y así podremos reunirnos todo el equipo.
―Claro que no. No tengo ningún inconveniente ―dijo Max. Suspiré aliviada por librarme de esa reunión, pero Max se levantó de repente y anunció―: Vamos a ver a tu abuela, yo te llevo.
―¿Qué? Eh… No hace falta Max, de verdad. Sé lo ocupado que estás y…
―No te preocupes, Ellie. Tú no estás en condiciones de conducir tan nerviosa y preocupada por tu abuela, lo cual es completamente lógico, así que no te preocupes: yo te llevo y así veo cómo está tu abuela y te ayudo en este difícil momento.
―Mierda ―oímos ambos exclamar a mi abuela, por lo que tuve que recordarle que seguíamos escuchándola.
―Abuela, sigues en el manos libres.
―Cof, cof, cof… no te preocupes por mí, Ellie. Estaré esperándote. Te prometo que no me moriré hasta que llegues ―dijo mi abuela antes de colgar, haciendo que me golpeara la frente con una de mis manos e intentara evitar la mirada burlona de Max.
―¿Nos vamos a ver a tu abuela o prefieres seguir con la reunión? ―me ofreció Max, dándome la oportunidad de decir la verdad.
―Vamos a ver a mi abuela ―respondí sin dar mi brazo a torcer, confiando en que mi abuela improvisaría algo con lo que ayudarme.
Posiblemente una enfermedad lo suficientemente real como para que Max dejara de sospechar de mi descarada mentira con la que solo pretendía escapar de ese peligroso juego que había vuelto a empezar con él, arriesgando demasiado.
Y mientras yo intentaba huir de ese amor, Max me sonrió mostrándome que él seguiría jugando conmigo hasta que uno de los dos cayera y perdiera en ese juego en el que la vida me había enseñado que solo ganabas cuando no te rompían el corazón.