La vida es un puzle y el amor, un juego Capítulo 14 #2
63%

Capítulo 14 #2

―¿Tú de verdad crees que Dina estaba pensando cuando hizo eso?

―Estaba muy cabreada con mi jefe por mandarme rehacer diez veces mi trabajo por el que luego se colgó todas las medallas sin concederme a mí el mérito.

Y también estaba enfadada con el hombre que dirige a mi jefe y que no se da cuenta de que es un completo incompetente, así que cuando llegué a mi casa después de tomarme unas cuantas cervezas, me inspiré y luego terminé los últimos bocetos en el trabajo.

―¿Por qué piensas que ese hombre ha descubierto lo que has hecho? ¿Acaso te ha pillado in fraganti ? ―preguntó Ellie.

―Casi me pilla, pero me dio tiempo a esconder los bocetos.

Veréis, como estaba muy borracha y no tenía a mi lado a ninguna amiga que me diera un buen consejo, terminé publicando mi novela gráfica en una web donde numerosas autoras amateurs suben sus trabajos y ganan algo de dinero según las visitas de la gente.

Y ahora mismo, mi novela se ha hecho muy popular.

Demasiado popular ya que, al parecer, algunas de mis compañeras la han leído y han comentado el parecido del protagonista con el director de nuestra sección.

Creo que es posible que le hayan llegado los rumores.

―¡Dios! Dime que cambiaste algo de la apariencia de tus protagonistas y que si ese tipo llega a leer tu novela gráfica no se dará cuenta de que él es el protagonista ―rogó Linda.

―Sí… bueno, hay algunos rasgos diferentes, como el color de sus ojos… y como no he visto su pene, le eché bastante imaginación. Y por supuesto, también le cambié el nombre.

―¿Cómo se llama el director de tu sección? ―preguntó Ellie, clavando sus ojos en su amiga con sospecha, ya que la conocía demasiado bien.

―Adam.

―¿Y el protagonista de tu novela? ―insistió Ellie, consiguiendo que su amiga susurrara mientras evitaba su mirada:

―Alan.

―¡Viva la creatividad! ¿Dónde se encontraba entonces tu imaginación, Dina? ―exclamó Linda con ironía.

―Creo que estaba demasiado borracha como para pensar un buen nombre. Bueno, ¿tenéis algún consejo que me ayude a salir de este aprieto?

―Evita a ese hombre y procura no parecer muy sospechosa ―aconsejó Linda.

―Creo que están a punto de despedir a mi jefe directo y de ofrecerme su puesto, por lo que quizás acabe trabajando directamente con Adam. Pienso que huir de él sería bastante sospechoso. ¿Qué hago si me pilla?

―¡Niégalo todo! ―dijo Ellie.

―¡Confiésalo todo y pide perdón! ―manifestó Linda.

Cuando Linda y Ellie comenzaron a discutir, Dina supo que su amiga había olvidado sus problemas y, sonriendo a ambas, anunció mientras abría otra cerveza:

―No os preocupéis, chicas. Estoy segura de que mi nuevo jefe no es el tipo de hombre que lee ese género de novelas gráficas, así que creo que por más sospechas que tenga, estaré a salvo.

―¿En serio? ¿No leería tu novela después de escuchar los rumores ni siquiera por curiosidad? ―preguntó Linda, haciendo que Dina se diera cuenta de lo peligroso que era utilizar a su jefe como inspiración para ese tipo de obras.

―No habrás subido más capítulos, ¿verdad? ―preguntó Ellie, recordando que su amiga nunca aprendía de sus errores.

―¡Mierda! ¡Estoy muerta! ―exclamó Dina exageradamente mientras se desplomaba en el sofá―.

Tienes razón, Linda: ese hombre es bastante curioso.

Como decida indagar sobre la novela y se dé cuenta de que el protagonista es él, no parará hasta dar con el autor.

Afortunadamente, fui precavida y utilicé un seudónimo en mi perfil y nadie en mi empresa conoce mi afición por escribir novelas gráficas de amor entre chicos ―dijo Dina finalmente.

Y mientras ponía una nueva cerveza en manos de Linda, anunció―: Bueno, ahora te toca a ti.

Si has traído tantas cervezas sin conocer previamente cómo había acabado la reunión de Ellie ni mi problemilla, seguramente se debe a que querías emborracharte con tus amigas por algo, así que desembucha…

―Sospechaba cómo había acabado el reencuentro de Ellie y Max, de ahí las cervezas y…

―comenzó Linda, hasta que las elocuentes miradas de sus amigas la obligaron a decir la verdad―.

¡Está bien! Os contaré lo que me pasa ―se resignó Linda―.

Ya sabéis que, harta de la reputación que siempre me daban en el instituto de ser una chica mala que jugaba con los hombres a su antojo, decidí hacerme pasar por una en mi trabajo, una auténtica arpía bastante exigente que desanima a los hombres que intentan acercarse a mí, evitando así que estos me metan en problemas.

Con mi reputación también evito que las chicas intenten hacerme alguna jugarreta porque piensan que mi respuesta puede ser terrible.

Esos rumores de chica mala me funcionaron a la perfección hasta ahora…

pero resulta que me he topado con un hombre al que no puedo alejar con esos rumores.

»Se llama Connor Masle, un empresario que ha contratado los servicios de mi empresa para una campaña publicitaria completa de una nueva gama de cosméticos que van a sacar al mercado.

Este hombre siempre está en las sesiones fotográficas y me pone tremendamente nerviosa porque, cada vez que me ve interpretar mi papel de mala, me sonríe como si se estuviera riendo de mí y de mi mentira.

Creo que él es un chico malo de verdad que ha descubierto mi mentira y que por eso no puedo espantarlo como a los demás.

―¿Te gusta ese chico malo? ―preguntó Dina.

―No lo sé. Siempre me han gustado esos chicos buenos que se acercaban a mí confesando que su amor duraría para siempre, pero ese tipo de hombre siempre me decepciona: dudan de mí a la menor oportunidad y creen en las lágrimas falsas de otras chicas más que en mis palabras solo porque yo no sé llorar.

Tal vez debería probar a jugar con un chico malo.

Al menos sé que este no me decepcionará porque no esperaré nada de él.

―Puede que tengas suerte con él ―opinó Ellie, que siempre había querido que su amiga encontrara a un hombre que no la decepcionara.

―No lo sé, Ellie. Nunca he tenido suerte con los hombres: o bien me persiguen los pervertidos a los que tengo que espantar o bien me topo con esos que se autoetiquetan como buenos y que siempre me acaban viendo como la mala y echándome la culpa de todo.

Si no tengo suerte con los buenos, dudo mucho de que vaya a tenerla con uno malo ―declaró Linda, bastante desanimada.

―¿Cómo de mala es la reputación de ese hombre? ―quiso saber Ellie.

―Más o menos igual de mala que la mía. Dicen que no tiene corazón y que juega con las mujeres hasta que se aburre de ellas.

También aseguran que es despiadado con sus enemigos y tremendamente generoso con sus amigos, algo que puede permitirse, ya que es asquerosamente rico.

Algunos dicen que para poder disfrutar de esa riqueza no tiene piedad en los negocios y acaba sin miramientos con los que se cruzan en su camino y le suponen un obstáculo, pero lo que más temo es la última parte de esos rumores que aseguran que siempre consigue todo lo que desea, sea a través de su dinero o mediante su persuasivo encanto.

Y los temo porque cada vez que su mirada se cruza con la mía, tengo la sensación de que lo que desea ahora es a mí.

―¿Crees que intentará conquistarte? ―preguntó Ellie emocionada, mientras Dina añadía llena de preocupación:

―¿O comprarte?

―No lo sé, pero cualquiera de las dos opciones me preocupa bastante.

―Si intenta comprarte lo mandas a la mierda ―dijo Dina.

―¿Y si lo que intenta es conquistarme?

―También puedes mandarlo a la mierda, pero, si te gusta, yo en tu lugar probaría a tener una aventura con el chico malo para variar ―opinó Dina, tras lo que Ellie añadió, intentando hacer desaparecer la preocupación de su amiga:

―Si al final no te gusta, siempre puedes alejarlo de tu lado haciendo tu mejor interpretación de chica mala.

―No, eso no funcionaría con él ―comentó Linda negando con la cabeza. Y cuando vio la preocupación de sus amigas, alzó su cerveza y las animó a brindar con ella, decidida a olvidarse de sus problemas por el momento.

Linda decidió seguir interpretando su papel de chica mala mientras ignoraba las sonrisas irónicas de ese hombre; Dina no buscaría más su inspiración en su lugar de trabajo e intentaría acallar los rumores de que su jefe era el protagonista de su obra y Ellie intentaría una vez más jugar a un juego en el que quizás nunca admitiría que podía llegar a perder en más de una ocasión, sobre todo si este estaba relacionado con el amor.

Por nada el mundo pensaba perder en ese juego que me traía con Max.

Era indudable que para no ceder ante él tenía que establecer una distancia entre nosotros y pensé que podría mantenerla si no volvíamos a quedarnos a solas, pero, como la noche anterior me habían recordado mis amigas, ese hombre era un tramposo.

En cuanto salí de mi apartamento hacia la reunión de esa mañana, mis compañeros de proyecto empezaron a llamarme, uno tras otro, poniéndome excusas diversas para no acudir a la reunión: a Damian lo habían llamado para un trabajo de última hora; Milton tenía que recoger el jugoso donativo de un rico empresario para la asociación en la que trabajaba como voluntario.

Curiosamente, ese rico empresario también quería que dieran uno de sus espectáculos para los hijos de sus trabajadores.

En cuanto a Anuska, me contó que tenía que acudir a recoger un premio que le habían concedido y, sin comerlo ni beberlo, al final resultó que yo era la única que no estaba ocupada para tratar con ese hombre que sonreía demasiado como para que los inesperados compromisos de mis compañeros fueran una simple casualidad.

―¿Puedes volver a decirme por qué seguimos adelante con esta reunión de trabajo cuando faltan los demás miembros de mi equipo?

―Los miembros de tu equipo llamaron para excusarse en el último momento, pero me aseguraron que tú los representarás a la perfección, por lo que no veo por qué deberíamos posponer esta reunión.