Capítulo 14
Definitivamente, Max podía engañar exitosamente a la chica de su pasado con la que se había vuelto a reencontrar, a su estricto padre cargado de exigencias, a los rectos y viejos ejecutivos que siempre buscaban en él un error, a los subordinados que lo rodeaban en esas oficinas y a los empleados que buscaban su aprobación y para los que siempre mostraba la más amable de sus sonrisas.
Pero al único al que no podía engañar era al persistente amigo que lo perseguía con una reprobadora mirada y que, acostumbrado a solucionar sus problemas, no lo perdía de vista para que no se metiera en muchos más.
―¿Puedes decirme qué estabas haciendo en la sala de reuniones con Ellie Patel? ―preguntó Austin a su esquivo amigo mientras le dirigía una de sus estrictas miradas.
―No ―negó Max, evitando la mirada de su amigo, llevándolo a sospechar que había vuelto a comportarse de un modo nada profesional con esa mujer de su pasado.
―Espero que estuvierais hablando de negocios y te mostraras serio y profesional en todo momento.
―Más o menos… ―anunció Max evasivamente, que no quería responder con claridad―.
Te puedo asegurar que las negociaciones con Ellie fueron muy duras, pero que al final conseguí todo lo que quería de ella ―añadió Max con una sonrisa demasiado perversa como para que solo estuviera hablando de negocios.
Y fue entonces cuando Austin se percató de una prenda de color amarillo que asomaba del bolsillo de la chaqueta de su amigo, una prenda que no dudó en arrebatarle.
―¡Ah! Ya puedo imaginarme cuan duras fueron esas…
negociaciones ―manifestó Austin al comprobar que lo que había sacado del bolsillo de Max no eran otra cosa más que unas braguitas bastantes llamativas y animadas que su amigo se apresuró a recuperar y guardar de nuevo en su bolsillo, dejando bien claro hacia dónde se habían dirigido sus negociaciones.
―Te dije que conseguí todo lo que quería de ella ―repuso Max con descaro.
―¿Conseguiste que esa mujer firmara el contrato cediéndonos los derechos de su videojuego?
―No.
―¿Conseguiste concertar una nueva reunión para comenzar a hablar con más detalle con su equipo acerca de los plazos y objetivos del proyecto?
―No.
―¿Acordasteis por lo menos los cambios que querías que se realizaran en el guion?
―No.
―¡Entonces, ¿se puede saber qué demonios conseguiste en esa reunión?! ―gritó Austin.
―Sus bragas.
―¿Te digo dónde has dejado en este momento tu profesionalidad?
―Deja de regañarme, Austin. Sé que pierdo un poco el norte cuando estoy con Ellie ―declaró Max mientras se mesaba el pelo, un tanto frustrado.
―¿«Un poco», dices? ¿Se puede saber en qué estabas pensando para acostarte con esa mujer en la sala de reuniones en la que minutos antes se habían reunido los socios más antiguos de esta empresa?
―Mejor no te lo digo.
―¡Dios! Dime que por lo menos has obtenido el beneplácito de tu padre para seguir adelante con este proyecto.
―Sí, eso sí. Él ha dado el visto bueno… siempre y cuando mantenga una relación meramente profesional con Ellie y a cambio de que acuda a alguna de las citas a ciegas que mi madre y él me preparan desde hace algún tiempo con chicas que consideran adecuadas para que me ayuden a mantener o mejorar mi posición empresarial.
―¡Joder! ¿Y entonces por qué has vuelto a acostarte Ellie, poniéndolo todo en riesgo? ―increpó Austin a su amigo, sin comprender cómo un hombre como él se arriesgaba a perder tanto por una chica con la que nunca encajaría.
―Porque no puedo resistirme a ella, Austin.
Le hice mucho daño a Ellie y a mí mismo con mis acciones, y me di cuenta cuando ya la había perdido.
El niño estúpido que fui ha crecido y no piensa dejar escapar esta oportunidad.
Ya no soy un adolescente majadero que, por querer quedar bien con todos, se somete a lo que los demás quieren.
―No, ahora eres un hombre majadero que ha accedido a la petición de su padre de salir con otras mujeres mientras sigue intentando conquistar a la que desea de verdad, arriesgando de paso un proyecto de varios millones de dólares.
¿Quieres que te enumere todas las cosas que pueden salirte mal en esa maravillosa estrategia que has planeado con una parte de tu cuerpo que no es precisamente tu cerebro?
―Austin, esta era la única forma para que mi padre invirtiera en nuestro proyecto y para que yo no perdiera a Ellie antes siquiera de que pudiéramos comenzar una relación.
―Entonces, ¿qué piensas hacer? ¿Salir con Ellie y mentirle mientras sales a escondidas con las mujeres que tus padres te presenten, mintiéndoles también a ellos? ―interrogó Austin a su amigo, intentando que entrara en razón.
―Si hago lo que deseo en realidad y anuncio públicamente que la única mujer que quiero en mi vida es Ellie, mi padre, para alejarla de mí a toda costa, pondrá todos los obstáculos posibles al desarrollo del proyecto, incluso es capaz de retirar el capital en el último momento y Ellie no llegará a cumplir su sueño.
Por otra parte, Ellie aún no confía en mí lo suficiente, por lo que sin duda saldrá huyendo.
Así que, si tienes una idea mejor que me permita salir victorioso en la ejecución de este proyecto sin perder a la mujer que amo, soy todo oídos.
―Podrías… deberías… ¡Joder! Ni idea… ¿Hay algo en lo que pueda ayudarte? ―preguntó Austin, compadeciéndose de su amigo hasta que este le ofreció su silla. Luego le sirvió una copa de un fuerte y caro licor y colocó frente a él una pequeña montaña de expedientes que Austin miró con resignación.
Pero antes de que abriera la primera carpeta siquiera, Max fue deslizándose lentamente hacia la puerta haciendo sospechar a Austin que los documentos que había sobre la mesa no eran el trabajo extra habitual al que él estaba acostumbrado.
―Gracias por ofrecerme tu inestimable ayuda ―dijo Max mientras sujetaba el pomo de la puerta, para luego añadir antes de salir precipitadamente―: Esas carpetas contienen información sobre las chicas con las que mi madre quiere que tenga una cita.
Ninguna de ellas me conoce en persona, por lo que… ¡mucha suerte en tus citas con ellas!
―¡¿Qué?! ¡Esta no es la ayuda a la que me refería! ―gritó Austin, pero sus recriminaciones se dirigieron a un despacho vacío: su amigo había desaparecido para proseguir con ese peligroso juego que podía ser el amor.
―¡Mira lo que tengo para ti! Te servirán por partida doble: por un lado, podrás celebrar tu triunfo al conseguir que desarrollen tu juego y, por otro, conseguirás mantener las distancias con ese hombre de modo que puedas concentrarte en tu trabajo ―anunció Dina emocionada mientras entraba por la puerta del apartamento de su amiga y le entregaba un nuevo juego de ropa interior con dibujitos de su anime favorito.
―No sirven. Y prefiero no volver a arriesgarme ―declaró Ellie, devolviéndole el regalo a Dina al no querer que tuviera lugar un nuevo y tórrido encuentro con Max en cualquier lugar de su empresa donde él pensara que su ropa interior le había sonreído e invitado a seducirla.
―¿Cómo que no sirven? ―preguntó Dina, intrigada, mientras Linda entraba por la puerta con dos packs de doce cervezas.
―He comprobado que este tipo de ropa interior no desanima a Max: más bien aumenta su curiosidad… y también lo que no es su curiosidad.
―Ya te dije que eso no serviría ―intervino Linda―. ¡No me digas que Max te sedujo en su oficina! ―añadió incrédula, recordando lo serio y profesional que parecía Max.
―No, por supuesto que no ―negó Ellie―: fue en la sala de reuniones donde minutos antes habíamos tenido la reunión con los ejecutivos. Y tras nuestro encuentro, me robó la ropa interior.
―Ellie, ¿de verdad crees que podrás mantener una relación estrictamente profesional con ese hombre que te seduce a la menor oportunidad? ―preguntó Linda, bastante preocupada por el juego que su amiga se llevaba con Max mientras se derrumbaba en el sofá con una cerveza.
―No, no puede ―sentenció Dina, sentándose a su lado con otra cerveza. Ambas miraron a Ellie con preocupación.
―¿Cómo que no? He quedado en volver a reunirme con Max mañana para firmar el contrato y, definitivamente, pienso mantener una relación lo más profesional posible con él. Soy perfectamente capaz de resistirme a sus encantos.
―Has llamado a todo tu equipo de desarrolladores para que te sirvan de escudo, ¿verdad? ―aventuró Dina, levantando una ceja con ironía.
―Sí ―contestó Ellie con una débil vocecita―. ¿Algún consejo?
―Sí, que no tenga lugar en la sala de reuniones ―apuntó Linda.
―Y si te falla tu equipo, búscate una buena excusa y huye ―añadió Dina.
―¡Y por nada del mundo te quedes a solas con Max! ―aconsejaron Dina y Linda al unísono, que conocían demasiado bien a ese conquistador.
―¿Por qué iba a fallarme mi equipo?
―Pues porque sabemos que Max es un tramposo y, quieras verlo o no, va en busca de la victoria en ese juego que os traéis los dos ―le recordó Linda.
―Yo soy una jugadora excelente en cualquier tipo de juego y os digo que no pienso enamorarme de él. ¿Es que acaso no confiáis en mí? ―preguntó Ellie a sus amigas, recibiendo como respuesta el silencio y miradas esquivas.
―Bueno, cambiando de tema: creo que me he metido en un pequeño lío y necesito un consejo de mis amigas ―anunció Dina antes de lanzarle una cerveza a Ellie para que dejara a un lado sus preocupaciones y se centrara en las de ella―.
Creo que el jefe de mi jefe, el director de la sección de diseño gráfico, está comenzando a sospechar que lo utilizo como modelo para las novelas gráficas que hago en mi tiempo libre y en las que, cuando me cabreo con mi jefe de sección, dibujo escenas bastante explicitas de él dándole a mi jefe de todas las maneras habidas y por haber.
―¡¿Qué?! ―exclamó Linda, mirando a su amiga con espanto por lo que se había atrevido a hacer.
―¡¿Se puede saber en qué demonios estabas pensando cuando hiciste eso?! ―reprendió Ellie a Dina mientras Linda reaccionaba uniéndose a la reprimenda.