La vida es un puzle y el amor, un juego Capítulo 13 #2
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Capítulo 13 #2

Al final, conseguí la conformidad de todos los directivos de la empresa para un proyecto en cuya aprobación mi padre permaneció en silencio en todo momento. Cuando creía que ya tenía la victoria en mis manos, él cerró la carpeta de los informes y me anunció con seriedad, mirándome pensativo.

―Maximilian. Tú y yo tenemos que hablar muy seriamente sobre este proyecto.

En el momento en el que me llamó por mi nombre completo, mi padre me hizo saber que esa sería una conversación privada, más personal que profesional. A continuación, se levantó, dejándome un amargo sabor de boca cuando se marchó de la sala y los demás lo siguieron.

―¿Eso significa que han aprobado o que han rechazado nuestro proyecto? ―me preguntó Ellie, nerviosa, haciendo que los demás miembros de su equipo me miraran expectantes.

―Eso significa que todo depende de esa conversación ―respondí mientras me mesaba el pelo con frustración, sabiendo que mi padre solo esperaba de mí que fuera un hombre ejemplar tanto en el trabajo como en mi vida, donde nunca tendría cabida un amor como el que yo deseaba.

No quería fallarle de nuevo a Ellie, pero tal vez lo haría si mi padre la veía como una debilidad y me chantajeaba con el sueño que ella perseguía y que mi empresa podía llegar a cumplir con tanta facilidad.

Sin duda, con lo exigente que era mi padre, no se olvidaría de recordarme lo que todos nos repetían incesantemente: lo poco que encajábamos dos personas tan diferentes como nosotros…

y a pesar de ello, ambos seguíamos intentando alcanzar el mundo del otro con la excusa de que, para nosotros, todo era tan solo un juego.

Brian Templeton, un hombre de porte elegante pero altivo, de fríos ojos azules y pelo negro que comenzaba a encanecer, miraba a su hijo bastante enfadado desde detrás del gran sillón de su despacho.

En su juventud hubo un momento en el que Max se rebeló ante él, en el que se metió en problemas y se alejó de las amistades que podían convertirse en importantes contactos para el futuro… y todo por una chica problemática.

Antes de que él se viera obligado a intervenir para cortar de cuajo esa relación, la chica se fue de su lado, se alejó y Brian pensó que todo volvería a la normalidad en la vida de su hijo.

Pero no fue así. Max dejó de ser el estudiante perfecto, el ejemplo a seguir, para convertirse en un hombre cínico y sin amigos o, por lo menos, sin los amigos influyentes que Brian había querido que su hijo tuviera a su alrededor.

El lugar que él le había construido a Max dentro de su empresa fue rechazado por su hijo y, en vez de aceptar un puesto a su lado, el chico buscó crear algo nuevo e innovador.

Brian lo dejó hacer creyendo que fracasaría, pero, para su sorpresa, sus proyectos habían triunfado y Max se abrió un camino y se ganó una reputación en la empresa por sus propios méritos, lo cual lo alejaba cada vez más de él y de sus intentos de manipulación.

Cuando su hijo decidió organizar esa convocatoria dirigida a nuevos desarrolladores y sus creaciones para seleccionar un videojuego que llevar al mercado, Brian lo dejó dirigirlo a su gusto.

Pero los resultados le estaban causando más de un problema de los que tan solo había sido consciente después de leer el dosier de su hijo y descubrir quién era el protagonista de ese estúpido videojuego sobre el amor que, Brian estaba seguro, su hijo quería sacar al mercado, no solamente por motivos puramente comerciales.

―Esa tal Ellie Patel es la chica que te metió en tantos problemas en el pasado, ¿verdad? ―comenzó Brian mientras fijaba su inquisidora mirada en su hijo.

―¿Qué? No, qué va… ―negó Max evitando la mirada de su padre.

―Entonces, me confirmas que Ellie Patel no te conocía de nada hasta que presentó su proyecto a nuestra empresa y tú lo elegiste, ¿cierto?

―Bueno, puede que la conociera de algo…

―Max, ¿acaso crees que soy idiota? Te veo con toda claridad en el resumen de la sinopsis de esa historia y la veo a ella en la descripción del personaje femenino principal.

―Podría ser cualquiera, papá.

―¿En serio? ¿Cualquiera? La descripción dice literalmente del protagonista masculino: «rubio, alto, de ojos azules, con sonrisa de galán, pero falsa, bueno en los estudios y capitán del equipo de baloncesto, amistoso con todos y un conquistador nato».

Y algo que te delata por completo: «pésimo en manualidades».

―¡Eh! ¡Que yo era muy bueno en artes plásticas!

―Eras pésimo, hijo. Todavía recuerdo el jarrón de cerámica que me regalaste con cuatro años, ese que tu madre me obligó a poner en mi despacho y que parecía una mierda.

―¡Vamos! ¡No estaba tan mal! ―exclamó Max, ante lo que su padre sacó el mencionado objeto de un cajón de su escritorio para mostrárselo. Max tuvo que guardar silencio y reconocer que su padre tenía razón.

―La cuestión aquí no es lo malo que seas haciendo jarrones, sino que no hayas sido imparcial a la hora de elegir el videojuego que desarrollaremos, así que no te atrevas a mentirme.

Mírame a los ojos y dime que no elegiste ese videojuego porque querías volver a formar parte de la vida de esa chica que te acarreó tantos problemas y que dudo mucho de que no vuelva a traértelos ahora.

―No lo elegí porque Ellie fuera la desarrolladora, papá ―dijo Max, volviendo a esquivar la mirada de su padre mientras le mentía descaradamente.

―¡¿Cómo te atreves a mentirme?! ―exclamó Brian, que conocía demasiado bien a su hijo.

―No te miento. Puede que el argumento del juego sea mi historia con Ellie y también podría ser cierto que quisiera volver a verla, pero creo sinceramente en las posibilidades de su juego y quiero invertir en él ―declaró Max, mostrando la suficiente sinceridad como para preocupar a su padre, que percibió el interés que Max comenzaba a mostrar hacia esa mujer y su proyecto.

―Entonces, me aseguras que no tienes el menor interés personal en esa chica, ¿verdad?

―No ―dijo su hijo con tono dubitativo.

―Y, por supuesto, como no tienes ninguna chica en mente ahora mismo, no te importará acudir a una de las citas que tu madre quiere organizarte desde hace tiempo con las hijas de algunas de sus amigas, ¿verdad?

―continuó Brian con una sonrisa maliciosa, provocando que su hijo cediera finalmente a una de esas citas a ciegas con las que su madre no dejaba de atosigarlo.

―Sí, no me importará ir a alguna de esas citas… ―convino Max a regañadientes.

―¡Estupendo! Y como el serio y responsable hombre de negocios que eres, imagino que estarás de acuerdo con que, si descubro que mantienes una relación con Ellie Patel más allá de la estrictamente profesional, esta empresa retirará el capital y el apoyo necesario para culminar su proyecto, una cuestión que, por supuesto, se debería por mi parte únicamente a un motivo profesional y no personal.

»De la misma manera que si me aseguras que no has elegido el proyecto de esa chica porque quieras volver a conquistarla, yo te prometo que no retiraré mi dinero porque quiera darte una lección, sino porque no sería justo para los demás desarrolladores que presentaron sus juegos ―terminó Brian, mostrándole a su hijo su propia sonrisa falsa, jugando con él y mintiéndole tan descaradamente como Max hacía.

―Perfecto, entonces ¿tengo tu aprobación para este proyecto? ―replicó Max, devolviéndole ese falso gesto que había aprendido de él.

―Sí. Siempre y cuando puedas mantener una relación estrictamente profesional con esa chica ―confirmó Brian, cerrando con firmeza la carpeta del proyecto.

―Por supuesto, papá. Yo siempre soy un profesional y Ellie Patel no será la excepción ―anunció Max a su padre, pero la sonrisa ladina que mostró por unos segundos al pronunciar el nombre de esa chica lo delató, haciéndole saber a Brian que, como en su juventud, su hijo estaba a punto de meterse en un millar de problemas…

y lo más aterrador de todo era que la excusa para esta nueva locura tal vez fuera el amor.

Tras salir bastante molesto del despacho de mi padre, me dirigí hacía la sala de reuniones para decirle a Ellie que mi empresa desarrollaría su juego, pero que para cumplir con los caprichos de mi padre teníamos que mantener una relación estrictamente profesional.

Por lo menos hasta que el juego saliera al mercado.

En la sala solamente encontré a Ellie esperando mi regreso. Los demás miembros de su equipo habían vuelto a sus atareadas vidas y solo ella se mantenía a la espera de mi respuesta que la llevaría a cumplir o no el sueño que tenía desde hacía tiempo.

―¿Qué tal? ¿Han dado el visto bueno a mi juego? ―preguntó Ellie, visiblemente nerviosa.

―Sí… ―confirmé, callándome todo lo demás.

―¿Hay algún problema? ―añadió, viendo la preocupación en mi rostro porque no sabía cómo alejarme de ella por su bien y el de sus sueños.

―Ninguno ―mentí, dispuesto a establecer una distancia entre nosotros y, como me había ordenado mi padre, mantener una relación meramente profesional con ella.

Pero mi inquebrantable convicción de hacer lo correcto comenzó a tambalearse cuando a Ellie se le cayó su carpeta y, en el instante en el que se agachó a recogerla, vi una gran cara sonriente en su ropa interior.

―Ellie, ¿qué cojones llevas puesto? ―pregunté extrañado, señalando lo que me había llamado la atención.

―Solo es ropa interior normal ―respondió Ellie, sonrojada, mientras se levantaba rápidamente y se tapaba la falda con la carpeta que había recogido.

―Tu ropa interior me ha sonreído cuando te has agachado a recoger la carpeta ―le dije, haciéndole ver que su ropa interior no tenía nada de simple.

―Bueno… eh… fue idea de mis amigas: es ropa interior antierótica para rebajar tu libido y que no intentes nada conmigo en la oficina.

―Ajá… ―murmuré mientras echaba el pestillo de la puerta, bajaba las persianas y caminaba a su alrededor. Su ropa interior me causaba cada vez más curiosidad―. Enséñamela ―le dije a Ellie―. No sabremos si funciona si no me la enseñas, ¿no te parece?