Capítulo 10 #3
Tras disfrutar de una película, la cena y unas cervezas mientras se desahogaban sobre su trabajo y los contratiempos de sus vidas, Dina y Linda se despidieron de Ellie dejándola a solas con sus problemas, sabiendo que el mayor de ellos tenía nombre y apellido.
―Mucha suerte en la reunión de antiguos alumnos ―dijo Linda.
―Suerte con tu juego con Max ―añadió Dina.
Cuando las amigas de Ellie se marcharon, ella aún no sabía si era buena o mala idea asistir a la reunión, pero, tras reflexionar, Ellie decidió acudir.
Llegó a la conclusión de que un tipo como Max Templeton nunca rechazaría juntarse de nuevo con esas antiguas amistades que tanto había valorado, hasta el punto de no importarle hacerle daño a los demás.
―¿Le mando el emoticono del dedo corazón o el de la mierda sonriente? ―le pregunté a mi amigo durante el breve momento de descanso que me tomaba tendido en el sofá de mi despacho antes de regresar a la montaña de informes, presupuestos y comunicados varios en los que Austin aún seguía enfrascado.
―¿Han vuelto a enviarte algún tipo de spam ?
―Algo parecido: un conocido me ha enviado una invitación para acudir a una reunión de antiguos alumnos del instituto.
―Mándale los dos ―respondió Austin. Lo miré alzando una ceja, sorprendido―. ¿Qué? No tengo muy buenos recuerdos del instituto, y aún menos de mis compañeros.
―Bueno. Creo que con un simple «estoy ocupado» bastará para que Wyatt entienda que no quiero ir a esa reunión.
―¡Eh! ¡Espera! ―exclamó Austin―. ¿No dijiste que Ellie fue una antigua compañera de clase? ¿Y si a ella le han enviado también una invitación?
―Ellie nunca iría a esa clase de eventos.
―Yo de ti me aseguraría antes de rechazar esa invitación ―opinó Austin, haciéndome dudar. Finalmente, me decidí a preguntarle a Wyatt si sabía si Ellie iría a esa reunión y su respuesta me sorprendió.
―Wyatt dice que Ellie ha confirmado su asistencia.
―Entonces tú también deberías ir.
―¿Para qué?
―¡Para qué va a ser! Para proteger a esa mujer y ganar algún punto con ella.
―Austin, mis viejos compañeros han crecido. Dudo mucho que vuelvan a meterse con Ellie.
―Tú no conoces a esos tipos, algunos nunca maduran. Te lo digo por experiencia propia.
―Bueno, de todas formas, Ellie sabe defenderse perfectamente ella sola.
―No sabes qué pueden tener planeado para ella.
Es cierto que algunas personas maduran con el tiempo, pero otras se vuelven más crueles y son capaces de causar el daño que antes no pudieron.
Si Ellie va, tú también tienes que ir. Además, así podrás charlar con ella sobre los pormenores del proyecto; recuerda que estamos trabajando en ello y todavía no tenemos la aprobación de la desarrolladora ni el visto bueno de tu padre ―dijo Austin, insistiéndome en que cerrara el trato con Ellie, acelerando y facilitando su trabajo―.
Por cierto, cuando te encuentres con ella no hagas nada que pueda provocar retrasos o que entorpezca nuestra tarea.
―De acuerdo, iré. Prometo comportarme, pero me parece que exageras, Austin. De verdad, no creo que debas preocuparte tanto. Seguro que ellos han madurado, a fin de cuentas, yo mismo lo he hecho.
Finalmente, la reunión de antiguos alumnos se celebró en un bar amplio, elegante y acogedor.
Mis compañeros se sentaban a lo largo de un gran sillón vintage , frente a unas mesas de mármol.
Se trataba de un local selecto, con paredes de ladrillo visto donde colgaban algunas fotografías de Nueva York en blanco y negro y cuyos techos estaban adornados con relieves.
Una gran barra de madera antigua acompañada por taburetes clásicos me llamó la atención, ya que se encontraba apartada de las mesas y detrás de ella se podían observar unos estantes de cristal con botellas caras y los expertos baristas que podían entretenerme si la reunión se volvía demasiado pesada.
Me bastó un segundo en ese lugar para comprender que algunas personas de las que me rodeaban no habían madurado en absoluto.
Mis antiguos compañeros de clase, aquellos a los que les gustaba meterse con otros, seguían siendo tan idiotas como siempre, sobre todo Wyatt, que no dudó en meterse con Ellie en cuanto entró por la puerta vistiendo unos leggings y una cómoda sudadera con orejitas de gato que llevaba impresos los personajes de algún anime, en lugar de haberse decantado por algún vestido sugerente o una vestimenta más seria y formal.
―Ya vemos que todos hemos cambiado y madurado con el paso de los años, excepto Ellie ―comentó Wyatt, burlón.
―¿Te digo algo que tampoco ha cambiado con el paso del tiempo, Wyatt? Mira: mi dedo corazón ―replicó Ellie. Las risas a su alrededor se acallaron ante su brusco gesto con el que demostraba que era difícil meterse con ella.
En cuanto mis compañeros me vieron, las falsas alabanzas y las risas comenzaron a oírse a mi alrededor y, al contrario que a Ellie, numerosas personas me invitaron a sentarme junto a ellas.
Pero tras rechazarlas a todas, enfilé directamente hacia el rincón apartado que prefería compartir con Ellie antes que volver a sumirme en un mundo falso y vacío que nunca llenaría mi corazón.
―¿Cómo has conseguido convencer a todo mi equipo para participar en tu proyecto? ―me soltó Ellie de sopetón, sin saludarme siquiera.
―Buenas tardes a ti también, Ellie ―la saludé sonriente. Me acerqué un poco más a ella y le susurré al oído mi sugerente respuesta―: Le di a cada uno lo que deseaba, algo que también puedo hacer contigo. ¿Que deseas de mí, Ellie?
―Solo quiero que no presumas demasiado de tu victoria ―respondió Ellie en cuanto me senté.
―No soy de ese tipo de hombres ―dije. Ellie me miró con ironía antes de mostrarme el vídeo de mi ridículo bailecito de la victoria que le había mandado.
―Sí, sí lo eres.
―Bueno, da igual. ¿Por qué has venido a esta reunión? No creo que guardes ningún buen recuerdo de nuestros compañeros, entre los que, por supuesto, debo incluirme ―le pregunté, sin eludir mi culpa, queriendo saber si tenía alguna oportunidad de que me perdonara.
―Sentía curiosidad por saber si habían cambiado ―respondió Ellie.
A continuación, señaló a Wyatt, que se había quitado la camiseta y había comenzado a moverla en círculos por encima de su cabeza como cuando era adolescente, a la vez que se insinuaba a alguna joven camarera.
Ambos llegamos a la misma conclusión―. Y la respuesta es no: no lo han hecho.
No han cambiado ni madurado en absoluto.
―¿Y yo, Ellie? ¿He madurado o todavía me ves como el estúpido que una vez te hizo daño, o por lo menos lo pretendió?
―No lo sé ―contestó Ellie, mirándome con recelo.
―¿Y quieres saberlo? ―le pregunté, acercándome a ella.
Y justo como en el pasado, nuestros inoportunos compañeros tuvieron que meterse en medio intentando imponer una distancia entre nosotros, haciendo que nos separáramos y olvidáramos la promesa de un beso que ambos todavía recordábamos.
―¡Hola, Max! ¡Cuánto tiempo! ¡Te veo estupendo! Me he enterado de que te van bastante bien las cosas, ¿verdad? ¿Por qué no nos dices qué se siente al ser el presidente de una empresa tan importante como la de tu padre? ―preguntó Stella, acercándose y centrando sus avariciosos ojos sobre mí.
―Hola, Stella. No soy el presidente de la empresa de mi padre, solo el responsable de un nuevo departamento y el director de un proyecto que aún está en desarrollo y para el que estoy trabajando muy duro, ya que el triunfo o el fracaso de esta nueva división depende completamente de mi equipo y de mí ―respondí, dejándole claro a Stella que no gozaba de la fama y del dinero que se imaginaba.
―¡Vaya! Parece muy interesante. ¿Por qué no me cuentas más sobre tu duro trabajo? ¿A qué se dedica el departamento que has creado?
―Su trabajo es sacar videojuegos al mercado ―contestó Ellie en mi lugar, acabándose otra cerveza cuyo vaso no dudó en soltar bruscamente sobre la mesa para atraer la atención de la mujer que la había ignorado hasta el momento.
―¡Ah, Ellie Patel! ¡Estás aquí! Como en el instituto, no me había dado cuenta de tu presencia.
¿Podrías, por favor, hacerme un sitio junto a Max?
―preguntó Stella, intentando ocupar un lugar en el sofá en el que ambos estábamos sentados con intención de alejar de mi lado a la única mujer que me interesaba de esa reunión.
―No ―negó Ellie, sorprendiéndome gratamente.
―Pero es que tengo muchas cosas que recordar con Max…
como nuestro baile de graduación, por ejemplo.
¡Fue una noche maravillosa! ―declaró Stella, sonriendo maliciosamente mientras le recordaba un momento doloroso de su pasado.
Creí que Ellie se alejaría de mí, pero, en lugar de eso, me apretó fuertemente el brazo y se negó a moverse de mi lado.
―Lo siento, Stella, pero quiero formalizar un contrato con Ellie para que mi empresa pueda sacar al mercado el juego que ella está desarrollando, así que creo que tengo muchas más cosas que hablar con ella que contigo ―dije, mostrándole a Stella una sonrisa falsa que, como siempre, provocó que Ellie me mirara con disgusto.
―Bueno, está bien. En ese caso, en cuanto termines de aburrirte y quieras divertirte un poco, búscame.
―¿Vas a irte con ella? ―preguntó Ellie enfadada, concediéndole algunas mínimas esperanzas a mi maltrecho corazón ante la remota posibilidad de que ella pudiera estar celosa.
―Solo he venido a esta reunión para continuar con nuestro juego, Ellie ―dije, usando a propósito ese doble sentido para recordarle que aún había cosas sin aclarar entre nosotros―. Así que pronuncia ya esas palabras que ambos necesitamos escuchar.
―¡Ponme otra cerveza! ―pidió al camarero en vez de contestarme, intentando ignorarme.
―Va a ser una noche muy larga, Ellie, pero estoy seguro de que al final acabaré escuchando de tus labios las palabras que he venido a oír ―declaré al tiempo que le arrebataba su cerveza para tomármela frente a su molesta mirada, con la que me retaba a jugar una vez más con ella.