La vida es un puzle y el amor, un juego Capítulo 10
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Capítulo 10

Tras lograr también la colaboración de Melvin ya solo me faltaba Anuska, la elfa furiosa, que no solía mostrar clemencia hacia ninguno de sus enemigos.

Contacté con ella mediante el chat privado, Anuska me indicó sus exigencias para conseguir su participación en el proyecto: tenía que ganarle en alguno de los juegos en los que era una experta, así que quedamos en unos salones recreativos del centro comercial y llevé a Austin conmigo sin comentarle que él sería mi sustituto en esa cita.

―Me alegro de que, para variar, hayamos decidido hacer algo que me gusta a mí y no a ti, un bonito detalle de tu parte después de la tonelada de trabajo que estoy sacando adelante en el actual proyecto ―comentó Austin, muy contento, sin imaginar que lo llevaba a una encerrona―.

Si me hubieras dicho que veníamos a unos recreativos me habría cambiado de ropa ―añadió, señalando su formal traje gris oscuro.

―No te preocupes, así vas bien ―lo tranquilicé, sabiendo que si Anuska lo veía con sus vestimentas más frikis Austin no podría hacerse pasar por mí.

―¿Has quedado con alguien más?

―Sí.

―¿Con quién? ¡No me digas que al fin has conseguido volver a reunirte con tu antiguo amor!

―No, pero estoy a punto de lograrlo y para ello tienes que ayudarme ―respondí mientras revisaba los mensajes de Anuska, que me indicaba que buscara a una mujer de veintitrés años con coletas.

―Ya me parecía a mí… ―suspiró Austin―. ¿Me puedes contar ya cómo se supone que voy a ayudarte?

―Verás, ya tenemos reunido a casi todo el equipo de Ellie.

Solo me falta una integrante para que ella firme el contrato que le ofrezco: Anuska, quien me ha dicho que si le gano en alguno de los juegos en los que ella es buena aceptará colaborar en el proyecto.

Y como tú y yo sabemos que la posibilidad de que yo salga victorioso en cualquiera de esos juegos es completamente nula, he decidido aprovecharme de que nunca nos hemos visto y darle el cambiazo: serás tú quien juegue contra ella y le gane.

―¡Eso es trampa! ―me reprendió mi amigo, indignado―. Tú no querrás obtener una victoria con engaños, ¿verdad?

―Bueno…

―No, no quieres, porque ahora eres un adulto serio y responsable. Por lo tanto, los dos iremos a ver a esa chica y le explicaremos tu situación y si quieres, yo me ofreceré a sustituirte como tu paladín y a ser su rival para ayudarte, ya que soy un gran amigo que nunca te dejaría tirado.

―¡Ah! Veo que te pica la curiosidad y quieres conocer a esa chica, ¿eh? ―repliqué, conociéndolo demasiado bien como para creerme su discurso.

―Sip ―confirmó. Entonces yo le señalé a nuestra cita, la única mujer que llevaba su pelo, de color azul, recogido en unas coletas esperando junto a la entrada de los recreativos.

Una chica ataviada con unos pantalones vaqueros rotos con cadenas, unas botas militares adornadas con tachuelas y una camiseta negra que anunciaba «muerte a los perdedores».

Aunque era bonita, su rostro mostraba una cara de cabreo monumental que hizo que mi amigo se pensara mucho lo de prestarme su ayuda―.

¡Me voy! ―exclamó, e intentó escabullirse.

―¿Dónde está ese «gran amigo que nunca me dejaría tirado»? ―le recriminé.

―Intentando desarrollar un gran proyecto para no perder su trabajo. Además, no somos tan íntimos.

―Austin, si no consigo que Ellie firme tendrás que presentarme el resumen de otro juego y te advierto que, de los que me has presentado, solo este me ha llamado la atención.

―¡Bueno, está bien! ¡Todo sea por librarme de la interminable carga de trabajo que tendré que soportar si no consigues lo que quieres! ―aceptó Austin. Alzó las manos al cielo e intentó ponerme sus condiciones―. Prométeme que nos acercaremos a ella con la verdad.

―Está bien ―declaré, dando mi brazo a torcer.

Ambos nos acercamos a Anuska y como solamente le había dicho que iría a ataviado con un traje, ella nos recorrió a ambos con la mirada.

Nos midió con un gesto de desdén y no tardó en descartarnos al considerarnos unos rivales inofensivos, algo que al experto gamer que era mi amigo no le gustó en absoluto.

―No sé cuál de los dos es Max, pero estoy segura de que puedo ganaros a cualquiera de los dos con los ojos cerrados.

Y en el instante en el que estaba a punto de dar un paso hacia delante para presentarme, fue Austin el que le tendió la mano.

―Yo soy Max ―dijo.

―Seré magnánima contigo y te ahorraré el mal trago de sufrir una humillante derrota.

¿Por qué no te rindes? Un tipo trajeado que trabaja en una oficina llevando papelitos de un lado a otro y tecleando con los dos dedos índices frente a su ordenador no puede ser un rival digno de mí en ninguno de estos juegos.

―Tú no sabes de lo que es capaz un hombre de oficina cuando está estresado ―declaró Austin, aceptando el reto de Anuska.

―Intenta no hacer nada que delate que no eres Max Templeton.

Ya sabes: un conquistador y serio empresario que siempre consigue todo lo que se propone ―le susurré al oído, bastante preocupado al ver que se estaba perdiendo en el juego que había comenzado con esa mujer y que con ello podía llegar a delatarse.

―Te doy mi última advertencia antes de comenzar a jugar ―insistió Anuska, señalando su camiseta donde lo declaraba un perdedor.

―¿En serio? En ese caso yo también tengo un mensajito para ti ―replicó mi mano derecha.

Y para mi asombro, Austin se aflojó la corbata, se desabrochó los botones de su camisa y la abrió abruptamente haciendo saltar los botones para mostrar una camiseta con la ese de Supermán modificada de forma que decía «superfriki».

Entonces me golpeé la frente, sabiendo que mi amigo se había delatado. No obstante, Anuska aceptó seguir adelante.

A lo largo de la velada vi a un Austin en su elemento, arrojándome la chaqueta y la camisa y acabando con su cara corbata sobre la frente celebrando a gritos sus victorias sobre esa chica que lo había infravalorado.

En más de una ocasión discutieron sobre quién había ganado, obligándome a intervenir como juez, pero cuando comenzaron a compartir más de una risa, me alejé y los dejé solos, concediéndoles a esos dos la intimidad que necesitaban para seguir con un juego más serio y peligroso que nada tenía que ver con los negocios.

Después de no recibir ninguna llamada de mi amigo deduje que las cosas entre ellos debían marchar bastante bien.

Especialmente cuando a la mañana siguiente recibí un corto mensaje de Austin donde me comunicaba que había conseguido la colaboración de Anuska y aprovechaba para pedirme unas largas vacaciones que se había ganado con creces.

―«Reto cumplido. Ahora solo faltas tú» ―le escribí a la chica con la que estaba deseando reencontrarme después de que nuestros caminos volvieran a cruzarse.

―¡Maldito tramposo! ―maldije al hombre al que no podría evitar durante mucho más tiempo porque cuando Max perseguía algo, lo hacía hasta el final y su nuevo objetivo era yo.

O, mejor dicho, mi estúpido corazón, que había vuelto a latir emocionado ante la posibilidad de que él no hubiera podido olvidarme.

Aún no podía creer que Max hubiera conseguido convencer a mis amigos.

Como durante su adolescencia, seguía mostrando grandes dotes de persuasión para manejar a la gente, algo que había corroborado tras recibir un mensaje donde se regodeaba de su victoria.

Las posteriores conversaciones que mantuve con cada miembro de mi equipo me confirmaron que Max los había conquistado.

Cuando me comuniqué con Damian no dudé de que él estaría de mi lado, pero Max había convencido a la parte más práctica y racional de mi amigo, de forma que fue el propio Damian quien me recordó que esa era una gran oportunidad para el equipo y para mí, que muy probablemente no se repetiría, por lo que él opinaba que debíamos aceptar participar en el proyecto de Max.

No pude rebatir sus palabras sin parecer egoísta y me mostré algo preocupada en esa videollamada hasta que Damian me hizo sonreír contándome los problemas en los que había metido a Max. Al finalizar la llamada, él dejó en mis manos la decisión última sobre si aceptar o no la oferta de Max.

Melvin, por su parte, me habló emocionado del hombre que le había conseguido más de una docena de objetos difíciles de obtener para mejorar el equipamiento de su personaje en el juego de rol en línea que compartíamos.

Acabó alabándolo como a un dios, valorando muy positivamente las fabulosas habilidades que Max debía tener para haber sido capaz de conseguir esos objetos legendarios en tan poco tiempo: apenas una noche…

habilidades que yo sabía que él no tenía.

Por último, Anuska me dijo que Max era un hombre maravilloso y capaz de ganarle en algunos de los juegos en los que ella era una experta.

Su tierno corazón me rogó que le diera una oportunidad, sin sospechar que había sido estafada por un experto mentiroso que, al parecer, no había cambiado demasiado.

Conociendo a Max y su pésima forma de jugar, no dudé ni por un instante que él no era el hombre con el que se había encontrado Anuska, y no quise que nadie jugara con ella como habían hecho conmigo.

―Creo que deberías darle una oportunidad. Parece que ha cambiado. Cuando se quita su seria chaqueta de empresario es un poco friki, pero bastante divertido. Creo que comprenderá nuestro juego y nuestro proyecto a la perfección.

―Anuska, ¿de verdad Max te ganó a algún juego?

―Sí, es bastante habilidoso. Incluso en alguno de ellos se sabía trucos que yo desconocía. Fue sorprendente.

―Anuska, Max era pésimo en los videojuegos. A él solamente le gustaba jugar con la gente: los conquistaba con su falsa sonrisa y sus convincentes palabras para que hicieran lo que él quisiera, aunque luego a menudo se dejaba guiar por otros.

―¿En serio? Ellie, Max no tiene pinta de conquistador. De hecho, es algo tímido. Aunque si le quitas sus gafas sale su parte más atrevida y… lo siento, Ellie, pero creo que me gusta.