La vida es un puzle y el amor, un juego Capítulo 8
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Capítulo 8

Cuando perdí a la primera chica de la que me enamoré, mi vida cambió o, mejor dicho, yo decidí cambiar.

En el instituto y en la universidad no pretendía ser el más popular, aprendí a no callarme y a decir lo que pensaba sin miedo a quedarme sin amigos.

Esta nueva faceta les gustó a algunos y otros, como Wyatt, la detestaron porque ya no me dejaba manipular.

Pero es que después de conocer a Ellie no podía seguir siendo el mismo.

Ya habían pasado diez años, pero aquella chica me había enseñado que la gente que de verdad importa no pone condiciones para compartir su amistad y también me había hecho ver que yo era más feliz siendo un hombre imperfecto al que unos pocos aceptaban antes que un hombre falsamente perfecto que buscaba gustar a todos.

A mi padre no le gustó que dejara de intentar cumplir sus altas expectativas y siempre pretendió culpar a aquella chica alocada que ya no estaba en mi vida. Yo no se lo permití y le dejé claro el tipo de persona que era antes de seguir mi camino.

Cuando acabé los estudios de Gestión y Dirección de Empresas conseguí un puesto como directivo en la empresa de mi padre, concretamente en su sede de Nueva York, adonde mi padre había regresado para dirigirlo todo, incluido a su hijo.

Por supuesto, al haberme desviado un poco de su estricto camino, no me lo puso fácil. Yo trabajaba para modernizar su imperio y dirigía sus inversiones no solo hacia el desarrollo de nuevas tecnologías, sino también hacia el sector del entretenimiento, así que quise crear algo nuevo.

El día en el que me presenté en el despacho de mi padre para entregarle mi proyecto de negocio detecté una sonrisa de superioridad en su rostro.

Él esperaba que fallara, por lo que aceptó mi arriesgada propuesta con alguna que otra condición y me puso a los mandos de un nuevo departamento donde, para su desconcierto, conseguí sacar al mercado varios videojuegos que habíamos desarrollado a partir de populares novelas gráficas que nos aportaron grandes beneficios.

En aquel momento yo quería arriesgarme a crear algo nuevo desde cero y mi equipo me estaba preparando varias ideas de programadores novatos, con guiones interesantes que necesitaba revisar.

Cuando llegué a mi lujoso apartamento después de un agotador día de trabajo, arrojé mi chaqueta a un lado y me aflojé la corbata mientras revisaba los mensajes de mi contestador.

Tenía uno de mi madre, en el que me decía que pretendía organizarme citas para que conociera a alguna chica con la que mantener una relación estable y me recordaba que quería nietos, reprendiéndome que mi única relación seria hasta ese momento fuera con mi trabajo.

Tenía otro mensaje de mi padre, que me exigía que le adelantara ya la propuesta de mi nuevo proyecto porque tenía intención de presentarlo ante la junta antes de que finalizara el mes y, finalmente, otro de mi hermana para decirme que me había dejado una caja en el salón con algunos trastos inútiles y que nuestra madre había sacado del trastero tras una limpieza a fondo, sin atreverse a tirarlos por si acaso eran recuerdos importantes para mí.

En ese momento me volví hacia la mesa y ahí estaba la caja.

Al abrirla me topé con viejas camisetas de la universidad, un balón de baloncesto desinflado firmado por mis compañeros, recuerdo de mi último año, algunos viejos anuarios y, para mi sorpresa, la breve nota de despedida de una chica cuyo recuerdo siempre me hacía sonreír con cariño a pesar de que nuestra historia de amor no hubiera acabado demasiado bien.

Mientras releía la nota en la que aquella chica me había dado la oportunidad de volver a enamorarla pese a saber que era muy improbable que volviéramos a encontrarnos, recibí una llamada de Austin, el gerente de mi departamento y también mi amigo de la universidad, que en esos instantes me apremiaba a que tomara una decisión sobre el videojuego que elegiríamos desarrollar en nuestro nuevo proyecto.

―¡Hola, Max! Te llamo para comentarte que, después de trabajar durante todo el fin de semana y apenas haber dormido cuatro horas cada día, al fin hemos terminado la selección de varios proyectos y he redactado un informe detallado de cada uno de ellos.

Ahora solo falta que les eches un vistazo y des el visto bueno a alguno…

Y te recomiendo que lo hagas pronto, antes de que mi equipo se rebele y decida abandonar.

―No te preocupes, Austin: los miraré detenidamente ―dije tras encender mi portátil. Pero después de comprobar el tamaño de los archivos que Austin me había enviado, le pregunté―: Mientras tanto, ¿por qué no me haces un resumen breve?

―No vas a leer los informes, ¿verdad?

―Ya sabes que no soy demasiado aficionado a los videojuegos, así que confío mucho más en tu criterio que en el mío.

―Ya, ya… Bueno, hay varios desarrolladores de videojuegos que nos parecen interesantes.

Tenemos a un chico que ha creado un juego de estrategia desde la perspectiva del villano.

Es bastante entretenido, pero puede ser excesivamente complicado y algunas de las decisiones que tiene que tomar el jugador son bastante cuestionables; en segundo lugar, tenemos una historia de aventuras en un mundo mágico relacionado con cuentos de hadas clásicos.

Es bonito y tiene buenos gráficos, pero es demasiado parecido a muchos otros que hay en el mercado.

Finalmente, tenemos un juego otome que trata de una historia adolescente que me parece bastante divertida.

La desarrolladora colgó una demo del juego en una plataforma gratuita y tuvo mucho éxito.

―Sabes que las historias de amor no van conmigo, Austin ―comenté a mi amigo mientras sonreía cínicamente a la vez que sostenía la carta de mi primer amor.

―Pues es una pena, Max, porque el tema parece interesante y bastante original: va de una chica decididamente antisocial a la que le encantan los videojuegos y de un chico que es el más popular del colegio y que tiene que conquistarla porque sus amigos, que son unos idiotas, quieren que la enamore y luego le rompa el corazón, pero…

―… pero ella descubre desde el principio el juego de ese chico y le pone muy difícil conseguir su amor ―terminé por mi amigo, sin poder creer en la inmensa casualidad que estaba viviendo: primero, topándome con la carta de Ellie y después, descubriendo que esa mujer me había convertido en el ridículo protagonista de un videojuego.

―¡Oh! ¿Te has leído el resumen?

―Algo así… ―repuse evasivamente, sin revelarle a Austin que esa historia era la mía.

―Ya te digo que el juego es muy divertido: ¡no puedes imaginarte siquiera lo idiota que es el protagonista! La desarrolladora ha incluido numerosas opciones de diálogo y de acciones bastante estúpidas que te llevan a reírte del pobre tonto ―dijo Austin entre risas.

―Creo que tendrás que enviarme un informe más detallado del proyecto que elija. Por lo menos de doscientas páginas… ―respondí vengativamente.

―¡Vamos, Max! ¡No me jodas! Antes de pedirme eso podrías hacer el esfuerzo de leerlo al menos, ¿no te parece? ―replicó mi amigo, visiblemente cansado y desesperado.

―¡Hum! Cuéntame más del juego y todo lo que sepas de su desarrolladora.

―De acuerdo. Lo tienes en mi informe, pero te lo repetiré: se trata de un videojuego otome, es decir, un videojuego dirigido fundamentalmente a un público femenino donde el objetivo es tener citas con chicos hasta conseguir una relación romántica con alguno de ellos.

Obviamente, se juega desde la perspectiva de la chica, pero el personaje es algo inusual para este tipo de contenido y ahí reside su originalidad: la creadora deja atrás el papel de víctima inocente y desvalida y crea a una chica de armas tomar y algo friki.

»Otro elemento original es que el juego contempla dos etapas: una inicial en la que los protagonistas son adolescentes y otra más tardía, que puede ir enfocada a atraer a un público mayor, donde los protagonistas son adultos y se vuelven a reencontrar años después.

Dispongo de pocos datos de esta segunda parte, ya que la desarrolladora no nos ha dejado ver más de esa parte en la breve presentación que pedíamos.

Parecía como si su guion estuviera inconcluso.

»En resumen, puede ser una obra bastante interesante, pero lo problemático es la autora.

Se trata de una joven creadora desconocida.

Se llama Ellie Patel y en el perfil de presentación del proyecto, en lugar de adjuntarnos una fotografía, nos mandó el dibujo de un champiñón gritando.

Y su dirección de correo electrónico es… algo peculiar.

―¿Por qué?

―Porque su correo es «quetedencontodoloduro», todo junto. Eso me lleva a pensar que quizás la chica no iba demasiado en serio a la hora de presentar su proyecto o que, simplemente, nunca imaginó que podría ser una opción para nuestra empresa.

―Ni, mucho menos, que sería la elegida… ―anuncié a Austin, dirigiendo una maliciosa sonrisa hacia la vieja carta que me decía que entre Ellie y yo aún había una historia pendiente, sobre todo ahora que volvíamos a encontrarnos.

―¡Joder! Eliges el proyecto del desarrollador más difícil de contactar solo para fastidiarme, ¿verdad?

―No te preocupes: en esta ocasión yo mismo contactaré con ella ―le dije, haciendo que mi amigo suspirara aliviado. Pero eso solamente fue hasta que añadí―: Tú tan solo tienes que entregarme otro informe de ese proyecto. Más detallado.

Tras colgarle a mi airado amigo que me maldecía de mil y una maneras distintas, volví a leer la nota de Ellie en voz alta y me di cuenta de que no la había olvidado.

―« Game over. Hasta que volvamos a encontrarnos…». Muy bien: el juego entre nosotros ha vuelto a comenzar ―murmuré, sonriendo al as que tenía en mi mano y que me permitiría volver a acercarme a ella para reescribir una historia de amor. Esta vez no pensaba perder.