La vida es un puzle y el amor, un juego Capítulo 7 #4
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Capítulo 7 #4

―Ni siquiera un poquito ―repuse con voz temblorosa, dejando escapar un gemido cuando Max me mordió muy suave.

―Ya… ¿y tu respuesta a mis besos también fue mentira? ―preguntó, acercando su cuerpo más al mío.

―Sí ―respondí, apoyando mis manos sobre su pecho para apartarlo. Pero acabé acariciándolo cuando percibí los acelerados latidos de su corazón.

Sorprendiéndome, Max me levantó la cara. Esperaba que me besara, pero no lo hizo; abrí los ojos y vi esa pícara sonrisa un poco maliciosa que siempre me conquistaba.

―Ellie, no sabes mentir… o, por lo menos, no cuando estás entre mis brazos ―declaró Max antes de besarme y demostrarme que él tenía razón.

Me derretí con aquel abrazo y me agarré a su traje cuando su lengua buscaba con desesperación la mía, mostrándome un placer más adulto.

―Dime que no te he perdido… ―me pidió, colocando su frente sobre la mía.

―Max, tuviste muchas oportunidades de decirme la verdad, de pedirme perdón, de abandonar ese juego antes de hacerme daño ―respondí, con lágrimas en los ojos, queriendo ser sincera con él y conmigo misma―. Sí, me has perdido.

―Soy un idiota ―susurró, exhibiendo una sonrisa con la que parecía burlarse de sí mismo.

―Sí, un idiota que juega con el amor.

―La próxima vez voy a jugar para ganar, Ellie, y voy a conseguir que te enamores de mí ―declaró con una sonrisa decidida que me hizo temer lo que podría ocurrir si dejaba que se acercara a mí de nuevo.

―Volverás a perder ―contesté antes de darle un beso que en esta ocasión solo fue un leve roce de nuestros labios.

No le aclaré que ese sería nuestro último beso antes de que me mudara de la ciudad, y como dudaba de que nuestras vidas volvieran a cruzarse en el futuro anuncié, demasiado segura de mí misma―: Pero puedes intentar volver a retarme las veces que quieras…

¿quién sabe? Puede que algún día consigas ganarte mi corazón.

Me alejé de él y me marché de allí, llevándome conmigo aquella sonrisa que me decía que quizá Max había estado dispuesto a perseguir mi amor. Mientras que yo, como la cobarde que era, solo sabía huir de él cuando dolía demasiado.

Cuando mi padre me recogió, me dejó bien claro que le disgustaba profundamente que mi impecable expediente se hubiera visto manchado por el altercado con Wyatt.

Al llegar a casa, me echó un sermón de más de una hora, pero no me importó el tremendo enfado de mi padre ni la desilusión de mi madre, tampoco la decepción de mis profesores ante mi comportamiento: yo sabía que Wyatt se merecía una paliza desde hacía tiempo y sentía que había hecho bien al defender a Ellie.

Aquella noche Ellie me dio una buena lección, pero, sobre todo, me había demostrado que nuestro juego se había convertido en algo demasiado peligroso en el que ambos habíamos perdido.

Aunque sabía que había perdido su amor, ella no había cerrado del todo la posibilidad de que pudiera recuperarlo en un futuro, por lo que en ese preciso momento decidí que no pensaba desperdiciar ni un instante, no pensaba dejarme manejar por los demás: pensaba gritar bien alto lo que me gustaba y lo que me gustaba era Ellie.

Estaba decidido: me acercaría a ella con la verdad. Sería completamente sincero y me ganaría su cariño haciendo que olvidara poco a poco todos los errores que había cometido con ella y que me perdonara por haber sido un idiota que se dejaba manipular por los demás.

Al día siguiente llegué al instituto esperanzado, dispuesto a cambiarlo todo, pero la sonrisa con la que llegué se fue apagando cuando no vi a Ellie.

Nadie pareció echar de menos a la chica rara con la que se metían, nadie excepto yo.

Durante las clases estuve recordando el tierno beso que me había dado Ellie antes de alejarse de mí, y poco a poco me di cuenta de que había sido una despedida.

Así pues, dispuesto a averiguar la verdad, en el recreo fui a buscar a sus amigas y les hice la pregunta que me había estado haciendo durante todo el día.

―Ellie se ha marchado, ¿verdad?

Linda y Dina me miraron con lástima. Tal vez porque el porte orgulloso que siempre mostraba ante todos con mi falsa sonrisa de conquistador ya no estaba allí y, en su lugar, me mostraba derrotado: estaba claro que había perdido a alguien que comenzaba a importarme.

―Se ha mudado con su familia ―dijo Linda, apiadándose de mí.

―No va a volver… ―musité, sabiendo la respuesta antes de que ambas negaran con la cabeza.

―Me ha dejado una carta para ti ―dijo Dina en ese momento, entregándome un sobre con mi nombre.

Cuando lo abrí era un mensaje corto, pero uno que solo nosotros dos entenderíamos.

Un mensaje que resumía nuestra relación en pocas palabras y la situación en la que nos encontrábamos en esos momentos.

En letras bien grandes pude leer la burlona frase « Game over» que me anunciaba que nuestro juego había terminado, pero sonreí al ver la frase que la acompañaba.

―«Hasta que volvamos a encontrarnos» ―leí en voz alta, para luego arrugar ese papel en mi mano.

Por primera vez fui consciente de cómo se sentían las chicas con las que yo jugaba y a las que les rompía el corazón; por fin me di cuenta de lo que podía doler el jugar con el amor.

Sonriendo cínicamente ante mi situación, me percaté de que había perdido en el amor antes siquiera de haber empezado a luchar por él. Pero me juré a mí mismo que no desaprovecharía la oportunidad que Ellie me había dado si volvíamos a encontrarnos.