La vida es un puzle y el amor, un juego Capítulo 7 #3
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Capítulo 7 #3

―¿Que por qué? Tenía que bajarle los humos a esa chica, Max. Seguro que ahora esa idiota no es capaz de mantener la frente tan alta; ya no irá por ahí con ese aire desafiante y no será capaz de salir de casa en días…

―¡Ya estamos aquí! ―anunció de repente la jovial voz de Ellie mientras entraba en el salón del baile acompañada de sus amigas, dejando boquiabierto a Wyatt en medio de su discurso con el que se regocijaba de una victoria que nunca conseguiría.

―Vaya… Sin duda, en lo referente a Ellie siempre tienes razón ―dije irónicamente, alegrándome de que Ellie nos hubiera dado una nueva lección.

―¿Se puede saber qué hace Ellie aquí en vez de estar llorando? ―me recriminó Wyatt, molesto, mirándonos a Ellie y a mí.

―¿Porque ella no es de las que lloran, quizá? ―repliqué―. Creo que es de las que prefieren hacer llorar a los demás ―añadí, le puse una mano a Wyatt en el hombro y me apiadé de la que nos esperaba tanto a él como a mí por habernos atrevido a jugar con ella.

―¡Rápido! ¡Haz algo! ―me ordenó Wyatt. Y yo lo hice: me deshice de Stella, ignoré los gritos de Wyatt y me dirigí hacia Ellie, con quien tendría que haber venido al baile, si no hubiera sido un completo idiota.

El baile era tal y como mis amigas y yo nos lo habíamos imaginado.

El gran salón de actos estaba lleno de globos amarillos y azules que colgaban del techo con unas guirnaldas doradas en forma de estrella.

En uno de los laterales se extendía una mesa con manteles azules, repleta de aperitivos y bebidas.

El salón de actos había sido convertido en una gran pista de baile y allí estaban todos nuestros compañeros con sus mejores galas.

El escenario estaba adornado con un arco de globos amarillos y azules y un DJ pinchaba la música que mis compañeros pedían.

En el exterior, junto a la puerta del salón de actos, habían montado otro escenario donde habían colocado una enorme pancarta con el mensaje «¡Feliz graduación!» junto a nuestro año de promoción, frente al que nosotras nos habíamos hecho una foto sacando la lengua.

Había pocos profesores y estaban continuamente ocupados con los compañeros más graciosillos, como aquellos que se habían dedicado a tirar de los globos del techo para pintarles una polla con rotulador y soltarlos para que regresaran junto a los demás.

En el preciso momento en el que estaba a punto de recriminar a mis compañeros por aquel comportamiento tan infantil, me di cuenta de que Dina también lo estaba haciendo, así que la reprendí con la mirada, y soltó el globo que sostenía antes de que la pillara algún profesor.

En el instante en el que me disponía a regañarla, Linda me tiró del brazo y me dijo, muy alterada:

―¡Rápido! ¡Max viene hacia aquí! ¡Déjame que te maquille un poco! ¡Tienes que estar espectacular para que se arrepienta de haberte dejado plantada! ―exclamó Linda, intentando aplicarme su carmín.

―Paso ―rechacé. Negué con la cabeza y me manché en la mejilla con el pintalabios.

Yo fulminé a Linda con la mirada y ella se alejó de mí lentamente. Dina cogió una toallita y se puso a restregármela por toda la cara. Tras arrebatarle la toallita a Dina y reprender a ambas con una áspera mirada, exigí a Linda su espejito.

―Maravilloso, lo habéis conseguido: estoy segura de que no voy a pasar desapercibida para Max ―declaré observando mi rostro enrojecido por los restos del carmín de Linda que Dina había esparcido.

Max venía hacia mí y me callé de repente.

―¡Nosotras nos vamos! ―dijeron en ese momento las muy traidoras, dejándome a solas con Max.

―¡Creía que ibais a apoyarme! ―exclamé, intentando que se quedaran a mi lado para que Max no tuviera la oportunidad de decirme lo que no quería escuchar.

―Y te apoyaremos, pero desde lejos ―respondió Dina, bromeando y levantando sus dos pulgares.

―Max y tú tenéis muchas cosas de las que hablar ―añadió Linda. Y sin darme tiempo a decir nada más, las dos se alejaron.

―Hola, Ellie. Eres la más…

―Como digas «la más guapa del baile», te arreo ―le advertí a ese farsante adulador, para dejarle claro que no me dejaría manipular con tanta facilidad.

―¿La más roja? ―replicó con una sonrisa traviesa que podía conquistarme más que sus falsas sonrisas de niño bueno. No obstante, por más encantos que desplegara no podía olvidar lo que me había hecho―. Tengo muchas cosas que explicarte…

―Dale esas explicaciones a quien te las pida, Max ―dije, intentando alejarme de él.

―¿No quieres saber por qué he venido con otra chica al baile?

―No necesito tus excusas, Max. Yo sé por qué no has venido a recogerme y por qué has venido con Stella. Pero no te preocupes: todos dicen que haces mejor pareja con ella que conmigo… ―dije. Entonces le susurré al oído―: ¡Cobarde!

Con esa sola palabra conseguí que Max se tensara, pero no que desistiera de acercarse a mí.

―Concédeme un baile, Ellie. Solo un único baile y deja que me explique durante lo que dure la canción. No te pediré nada más y te dejaré tranquila.

―No ―me negué. Quería irme de allí, pero Max me agarró la mano y tiró de mí para acercarme a su cuerpo. Luego me susurró al oído lo mismo que yo le había arrojado a la cara segundos antes―. ¡Cobarde!

Mis intentos de apartarlo se detuvieron y, mirando su gesto desafiante, seguí de nuevo sus pasos en ese juego que ninguno de los dos sabía cómo terminar.

Nos pusimos a bailar y vi a lo lejos a Wyatt hablando con el DJ.

Empezó a sonar una balada lenta y romántica y supuse que, una vez más, tanto Max como sus amigos estaban preparando el escenario para romperme el corazón.

La cercanía de Max me distrajo un poco; sus brazos me acercaron más a su cuerpo y me retuvo entre ellos como si de verdad se hubiera enamorado de mí.

―Soy un idiota, Ellie, y lo más idiota que he hecho nunca es no haber ido a recogerte antes para venir al baile contigo ―dijo Max, colocando una de mis manos sobre su pecho, donde sentí su corazón inquieto.

―No, Max, no eres un idiota. Solo eres un cobarde que nunca se atreverá a reconocer lo que le gusta, lo que quiere o lo que desea y que siempre se dejará manipular por los demás.

Seguramente todos te dijeron que yo no era la pareja adecuada para ti y mientras tú creíste sus palabras, yo quise averiguarlo por mí misma y darte una oportunidad.

Ahora sé a ciencia cierta que no eres para mí ―declaré, buscando su mirada para acabar de una vez por todas con ese juego.

―¿Y si lo único que deseo, que me gusta y que quiero eres tú? ―preguntó Max. El corazón me latió emocionado dentro del pecho; quería creer en él. Y cuando sus labios se acercaban a los míos, escuché las palabras que había esperado oír desde el principio de nuestro juego.

―Max, ¿cuándo piensas decirle a Ellie que toda vuestra relación ha sido solamente un juego para ver cuánto tardabas en romperle el corazón? ―nos interrumpió Wyatt; cerré los ojos. Aunque me había preparado para escuchar aquello, no significaba que me doliera menos.

Para mi sorpresa, las crueles palabras de Wyatt quedaron silenciadas por Max. Me apartó y se abalanzó sobre su amigo para golpearlo. La pelea interrumpió el baile y la música paró. Max gritaba furioso a Wyatt que se callara mientras, por su parte, Wyatt seguía intentando hacerme daño.

―¡Cállate ya! ―gritó Max mientras lo sujetaban.

―¿Por qué debería hacerlo si es la verdad?

La única posibilidad para que un chico popular como tú se fije en una chica tan rara como ella es gastarle una broma ―manifestó Wyatt, limpiando la sangre de su labio partido.

Y tras mirarme con malicia, me preguntó―: No habrás creído ni por un momento que Max se había enamorado de ti, ¿verdad?

―¡Tú no sabes nada! ―gritó Max, furioso, revolviéndose con rabia mientras intentaba soltarse para volver a callar al bocazas de Wyatt que se mostraba demasiado emocionado con la idea de verme llorar, así que no le regalé esas lágrimas que tanto quería ver.

―Por supuesto que no ―contesté impasible.

Max se sorprendió con mi respuesta y Wyatt perdió su sonrisa y me miró confundido―: Cuando los idiotas de turno que quieren hacerle daño a alguien se ponen a planear su jugarreta delante de la supuesta víctima creyendo que no los está escuchando, cuando en verdad lo oyó todo porque tenía apagados sus auriculares, la maniobra está destinada al fracaso desde el principio.

Pero me resultó muy divertido seguiros el juego; me he divertido mucho con vosotros y con las estúpidas maneras con las que intentasteis conquistarme.

Solo tengo dos palabras para vosotros, chicos: « Game over ».

―¡Serás hija de…! ―gritó Wyatt, furioso porque me hubiera reído de él, y me levantó la mano. Yo cerré los ojos, sabiendo que nadie me defendería, pero, antes de que Wyatt me golpeara, Max se soltó de sus compañeros y volvió a abalanzarse sobre su amigo para seguir golpeándolo.

Por fin acudieron los profesores para terminar con la pelea y acabaron expulsando a los dos del baile. Decidiendo que aún no había terminado con Max, lo seguí hasta el despacho al que lo habían relegado hasta que vinieran sus padres a recogerlo.

En cuanto vi que los profesores salían, no dudé en entrar y en enfrentarme de nuevo a ese chico al que amaba y odiaba por igual.

―¿Qué haces aquí, Ellie? ¿Es que no te has reído ya bastante de mí? ―me preguntó Max con una sonrisa cínica.

―Solo me he limitado a jugar contigo de la misma forma en la que tú pretendías hacerlo conmigo ―dije, ocultando que por unos instantes había creído que su amor podría convertirse en una realidad.

Max se levantó de la silla y con una triste sonrisa se acercó a mí haciéndome retroceder. Acorralándome contra la pared, me preguntó:

―¿De verdad todo fue una mentira, Ellie?

―Sí ―contesté, intentando alejarlo de mí y hacerle tanto daño como él me había hecho. Pero Max insistió:

―¿Puedes decirme con sinceridad que nunca llegué a gustarte ni un poquito? ¿Que nunca llegaste a quererme? ―preguntó. Me estremecí cuando me rozó el cuello con sus labios.