Capítulo 7 #2
Yo los veía planear mi caída y llegué a la conclusión de que las personas que a menudo quieren hacer daño a otras se convencen a sí mismas de que son demasiado inteligentes y creen erróneamente que los que se dejan dañar son unos idiotas y unos ilusos fáciles de engañar.
Ni siquiera se les pasa por la cabeza que ese presunto iluso podría estar dándoles una oportunidad para demostrar que no son unas personas despreciables, que la confianza que depositan en ellos no es ciega y que, en cuanto le hagan daño, serán descartados de su vida para siempre, porque las oportunidades se acaban y ellos no parecen capaces de cambiar.
Desde que comenzamos a salir le había dado a Max muchas oportunidades de decirme la verdad, de alejarse de mí sin romperme el corazón, pero él las desaprovechaba todas.
A veces yo creía que su acercamiento hacia mí era real, que de verdad quería conocerme, ser mi amigo o incluso algo más, pero las mentiras persistían, el corazón ya empezaba a dolerme y me resultaba complicado continuar fingiendo que no me enteraba de su juego.
Wyatt y Stella cuchicheaban en los rincones cada vez que me veían con Max, y yo sospechaba que el golpe de gracia a mi herido corazón llegaría pronto. Probablemente en el baile de graduación.
Fingir que me divertía junto a Max, que sentía algo por él o que me importaba me resultaba más y más difícil a medida que pasaba el tiempo porque, en realidad, cada uno de esos sentimientos, de esas risas y de esas preocupaciones estaban convirtiéndose en algo muy real: me había dado cuenta de que Max podría ganarle a alguno de los personajes de mis videojuegos si no fuera por el hecho de que él solamente quería conquistar mi corazón para romperlo después.
Cuando estábamos a solas, Max me mostraba una faceta suya que no le mostraba a nadie más.
No parecía tan falso como cuando nos conocimos, era una pieza que encajaba por completo conmigo, pero en cuanto estábamos con otra gente, volvía a convertirse en una pieza falsa que encajaba con todos, excepto conmigo.
Max seguía intrigándome. No comprendía por qué tenía tanto miedo y me preguntaba si alguna vez se enfrentaría a sus temores para convertirse en el chico del que podría enamorarme perdidamente.
Durante mucho tiempo me estuve preparando para el baile: me compré un vestido bonito y planeé una noche de ensueño.
Mis amigas me acompañaban en mis elecciones, pero tenían dudas; no estaban seguras de que fuera buena idea que asistiera al baile.
Tal vez sospecharan, como yo, que ese sería el momento en el que Wyatt querría utilizar a Max para que me rompiera el corazón, para reírse a gusto en su venganza absurda.
Y yo, estúpida, seguía adelante para darle una nueva oportunidad a Max.
Cuando llegó el gran día, ilusionada, me puse mi vestido nuevo, mis padres me hicieron cientos de fotografías, más emocionados que yo, y después aguardé con impaciencia el desenlace de mi historia que, como en los videojuegos, podía acabar con un final trágico o con uno bonito y lleno de amor.
Y mientras esperaba a Max sospeché que la vida no era como en los juegos y que la opción correcta para elegir un final feliz a veces no existía para mí.
―¿Cómo estoy? ―pregunté con impaciencia a mi hermana, deshaciendo mi corbata para que me ayudara con ella.
―Nervioso ―respondió Kate, riéndose de mí.
―Llegaré tarde ―murmuré, a la vez que escribía ese mensaje en el teléfono para Ellie.
―No te preocupes: si le llevas un buen ramillete, ella te perdonará ―comentó Kate, recordándome el regalo que le había comprado, hacia el que corrí antes de que mi hermana terminara de arreglarme la corbata, por lo que volvió a acabar algo torcida.
Cuando llamaron al timbre supuse que sería la limusina que había alquilado para impresionar a Ellie, pero, para mi sorpresa, eran Wyatt y Stella. Los miré confuso, no sabía qué diablos hacían allí; Stella me arrebató el ramillete de Ellie y se lo puso en la muñeca, declarándose mi pareja.
―¡Oh, gracias, Max! ¡Es perfecto! Qué bonito detalle de tu parte para tu pareja del baile de graduación ―declaró Stella, agarrándome del brazo al tiempo que Wyatt anunciaba alegremente:
―¡Sorpresa! ¡He encontrado la pareja perfecta para ti!
Las palabras de Wyatt me llevaron a pensar que su afirmación habría sido cierta en el pasado, pero ahora no lo era. En ese momento apareció mi padre con su cámara, nos hizo decenas de fotografías y me felicitó por haber escogido a una chica adecuada.
―Definitivamente, esta es la chica más apropiada para ti ―manifestó mi padre, contemplándome con orgullo por cumplir sus estándares, así que Stella se agarró aún con más fuerza a mi brazo.
Pero, aunque pudiéramos aparentar ser una pareja perfecta, mi corazón me decía que a esa chica le faltaba mucho para ser perfecta para mí.
Sin embargo, pese a lo que me decía mi corazón, mi cabeza se dejó guiar una vez más por los demás.
Mi intento de encajar en el molde que había creado mi padre para mí me hizo guardar silencio y seguir a Wyatt y a Stella en su juego.
Kate negó con la cabeza al ver cómo callaba y me dejaba manejar por otros; yo seguía adelante, dejándome llevar hacia la limusina que había alquilado para Ellie, con una chica que no era ella y que se había apropiado de su regalo.
―¡Ya verás la cara que pone Ellie Patel cuando se dé cuenta de que la has dejado plantada y de que está tan sola como se merece! Así le quedará claro que solo has estado jugando con ella ―dijo Wyatt, haciéndome sentir cada vez más culpable.
En ese momento me llegó un mensaje de Ellie que no pude evitar que Wyatt y Stella leyeran en mi teléfono con una sonrisa de satisfacción: «te esperaré», leí. Me dolió el corazón y me sentí despreciable.
Wyatt y Stella se rieron a gusto mientras se acomodaban en sus asientos y yo, apretando mi teléfono, solo pude susurrar:
―No me esperes, Ellie, no me lo merezco…
―No va a venir, ¿verdad? ―preguntó Ellie, cuando las únicas que aparecieran fueron sus locas amigas ataviadas con chándales a juego, decididas a llevarla al baile con ellas.
Darcy miró apenada a su hija. Por su parte, Harry maldecía en voz baja a ese chico mientras intentaba retener a la anciana Amelia para que no acudiera al baile de su nieta para darle una paliza a Max.
―¡Somos tus nuevas parejas de baile! ―anunció Dina, intentando animar a su amiga a la vez que se señalaba su chándal negro con dos grandes franjas de lentejuelas plateadas a ambos lados de las perneras de los pantalones, a juego con su chaqueta.
Por su parte, Linda respondió a la pregunta de Ellie mostrándole un vídeo de la fiesta de graduación que se estaba celebrando en esos momentos que habían subido a la web del instituto y en el que Max aparecía bailando con Stella.
Aunque ya sospechaba qué haría Max esa noche, a Ellie no le dolió menos la traición; en el fondo, había tenido la esperanza de que Max se atreviera a gritar ante todos que le gustaba ella.
―Lo siento, Ellie ―dijo Linda, apagando el vídeo que demostraba que todo había sido simplemente un juego.
Ellie podría haber llorado y maldecido al chico que se había hecho con un trocito de su corazón, pero en lugar de eso, decidió seguir adelante y enfrentarse a Max y a sus mentiras.
―Voy arriba a cambiarme. Enseguida vuelvo ―dijo Ellie, decidida a poner fin a ese estúpido juego.
Ellie se quitó el vestido y se puso un chándal similar a los de sus amigas. Se quitó los zapatos de tacón, se puso sus zapatillas deportivas y se apresuró por las escaleras para no llegar más tarde a un baile en el que nadie la esperaba.
―¡Nos vamos al baile! ―anunció Ellie a sus amigas, mostrando que estaba dispuesta a seguir jugando con Max y a demostrarle que, aunque le dolía el corazón, este seguía intacto y más duro que nunca.
―¿Estás segura de que quieres ir? ―preguntó Harry, preocupado por su pequeña.
―¿Por qué no? Lo que todos esperan es que me quede en casa llorando en un rincón y yo no soy de las que lloran, así que iré y les demostraré que no me hace falta ningún chico para pasármelo bien. Además, es mi último día aquí y no pienso desaprovecharlo ―contestó Ellie.
―¿Y si se ríen de ti? ―preguntó Harry, sin atreverse del todo a darle su beneplácito.
―Alguien me enseñó a ignorar las risas que quieren hacerme daño y a enfrentarme a ellas ―respondió Ellie, sonriendo―. No te preocupes, papá: no les permitiré que me hagan daño.
―Pero cariño, lo permitamos o no, la gente a veces nos hace daño. Y ese chico… ―declaró Harry, sabiendo que Max era el único chico que Ellie había dejado que se acercara a ella.
―Ese chico tampoco me lo hará, no se lo permitiré.
Max quería jugar conmigo y yo voy a enseñarle que al final he sido yo quien ha jugado con él ―declaró Ellie, decidida a enfrentarse a Max para que no pudiera reírse más de ella ni de su estúpido corazón que había sido capaz de confiar en un amor tan falso como el que Max Templeton podía ofrecer.
Era el más estúpido del baile, y también el más falso.
Mientras bailaba con Stella, no dejaba de mirar hacia la puerta pensando en escapar de aquel lugar para ir a por Ellie y traerla hasta la fiesta. Pero cada vez que daba un paso hacia la salida, Wyatt se cruzaba en mi camino y Stella volvía a engancharse a mi brazo.
―Seguro que ahora Ellie estará llorando amargamente por el plantón que le has dado.
Además, acabo de subir un vídeo a la web del instituto en el que estáis Stella y tú bailando muy acaramelados…
seguro que lo ha visto ―declaró Wyatt con satisfacción.
Cerré los ojos, arrepentido por no haber dejado de lado a mis amigos y haber corrido hacia la chica que me gustaba sin importarme lo que pensaran los demás.
―¿Por qué has hecho eso? ―pregunté, aunque ya sabía cuál sería su cruel respuesta antes de que abriera la boca.