La vida es un puzle y el amor, un juego Capítulo 6
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Capítulo 6

Cuando íbamos a la Comic Con, mis amigas y yo intentábamos compaginar y compartir nuestras aficiones y así, mientras Dina y Linda soportaban largas filas para jugar a los juegos que me gustaban a mí y se disfrazaban de los personajes de algún videojuego, yo participaba con ellas en los concursos de baile que le gustaban a Linda, las tres hacíamos cola para comprar los mangas que le encantaban a Dina y la acompañábamos a las charlas de los dibujantes de novelas gráficas a los que admiraba.

En aquel momento estábamos en el escenario al que me había subido todos los años anteriores y, aunque llevábamos ensayando la coreografía desde hacía meses, estaba muy nerviosa. Max me miraba ilusionado desde que me había cambiado de ropa para el concurso de baile, y no puede evitar sonrojarme.

―Te está empezando a gustar ese chico… ―me dijo Linda cuando se estaba colocando a mi lado.

―¿Eh? ¡No, qué va! ―repliqué, negando demasiado rápido. Dina también se acercó.

―Aunque me encanta el personaje del disfraz de Max, creo recordar que la historia de ese manga no termina demasiado bien… y la tuya tampoco lo hará, Ellie.

―Ya lo sé, sé que no debo fijarme en él porque es un falso, y también sé que todo lo que dice es mentira, pero algunas veces me pone nerviosa.

Sobre todo, cuando finge tan bien que sus palabras parecen verdad.

¡Vamos! ¡Decidme algo para que deje de pensar en él antes de que empiece a sonar la música!

―¿Tu padre ha venido a la convención como todos los años? ―preguntó Linda. Y sin darme tiempo a contestar, Dina añadió:

―Por cierto, ¿le has dicho al sobreprotector de tu padre que este año has venido con un chico?

―¡Ya está! ¡Ya lo habéis conseguido! ¡Ahora estoy aún más nerviosa, y no solo por Max, sino también por mi padre!

―No te preocupes por eso, solamente tenemos que evitar pasar por las zonas que le gustan y todo solucionado ―propuso Dina, intentando aliviar mi preocupación mientras Linda, por su parte, nos ordenaba que practicáramos nuestros movimientos antes de que comenzara a sonar la música.

Nos llegó el turno de actuar y subimos al escenario.

Siguiendo los pasos que Linda nos había enseñado, hicimos una complicada coreografía que nos salió genial a las tres.

No miré ni por un instante hacia donde estaba Max para no ponerme nerviosa si me estaba mirando o, lo que hubiera sido peor, para no decepcionarme si hubiera puesto mala cara.

Cuando terminé, me mantuve en mi pose en el suelo y, después de los aplausos, bajamos del escenario para que subiera el siguiente grupo. Entonces fue cuando me atreví a mirar a Max. Estaba realmente asombrado, boquiabierto, y cuando llegué a su lado me preguntó al oído:

―¡Habéis estado genial! ¿Se puede saber por qué la gente piensa que no sabes bailar?

―Porque si la música no me gusta, no bailo ―contesté despreocupadamente, encogiéndome de hombros.

―¿Bailarás conmigo en el baile de graduación? ―en ese momento me emocioné con la idea, pero enseguida recordé que Max estaba jugando conmigo y que ese baile solo sería un paso más en su planeada seducción.

―Puede que lo haga si te comportas ―respondí, sin aceptar su propuesta, pero sin rechazar por completo la posibilidad de que Max fuera mi pareja.

―¿Y qué me harás si no me comporto? ―me susurró al oído sugerentemente, muy cerca de mí, provocando que me sonrojara y que me apresurara a desviar la conversación hacia temas menos peligrosos.

―Vamos a hacer algo que te guste a ti ―propuse, tirándole de la mano para que nos mezcláramos entre la multitud y nos alejáramos de aquel rincón en el que estábamos solos. Sin embargo, Max no se movió y, para mi sorpresa, me dio un fuerte tirón de la mano y caí entre sus brazos.

―¿De verdad quieres saber lo que me gusta, Ellie? ―me susurró al oído. Luego acercó poco a poco su rostro hacia el mío y, cuando estaba a punto de rozarme los labios, cerré mis ojos y él volvió a susurrarme:

―Pues sígueme…

Me cogió de la mano y me condujo hacia una zona que hasta aquel momento yo había intentado evitar.

Pensé en qué juegos podía compartir con Ellie.

Recordé el pasado, cuando me guiaba por mis sueños y no por las demás personas ni por las apariencias y señalé hacia una zona en la que estaban haciendo una especie de duelos con espadas de gomaespuma y escudos acolchados encima de un ring de colchonetas que me recordaron a cuando yo era un niño inocente que quería ser un guerrero, cuando no me importaba que los adultos me dijeran que era algo imposible.

―¡Oh! ¿Quieres participar en una pelea de soft-combat ? A mí no me importa, pero te aviso de que soy una experta y cuando lucho contra alguien siempre gano… ―respondió Ellie con gesto desafiante, como si me estuviera advirtiendo de que su victoria iría más allá de aquel simple juego.

―Ya te dije que yo también juego para ganar. Pero no te preocupes, prometo no ser demasiado duro contigo ―declaré, arrastrándola hacia una fila interminable. Y mientras esperábamos, quise seguir adelante―. Ahora que conozco algunos de tus gustos, ¿por qué no me cuentas algo más de ti?

―Pregúntame lo que quieras mientras estemos combatiendo. Si tienes suerte, tal vez conteste a tus preguntas.

―Muy bien. Te propongo una cosa: cada vez que te venza en alguno de los combates, quiero que me des una respuesta y que sea completamente sincera. Creo que hay tres asaltos, así que creo que conseguiré tres respuestas antes de que termine el día.

―¡Hum! Entonces supongo que yo podría pedirte lo mismo, ¿verdad?

―Por supuesto ―respondí con una sonrisa. Después de un rato esperando en la fila, las personas encargadas de aquel juego nos pusieron las protecciones y nos contaron las normas para participar en el combate.

―¿Estás seguro de que me responderás con total sinceridad si te gano?

―Sí ―confirmé, aunque quizá le mentiría a Ellie a pesar de exigirle a ella que me dijera la verdad.

―Bueno, en ese caso creo que merece la pena jugar a cambio de algunas respuestas sinceras del chico que siempre finge ante todos ―declaró Ellie haciendo algunos estiramientos y probando su espada con unos movimientos rápidos que me hicieron dudar de que yo pudiera vencerla.

Sobre todo, cuando añadió―: ¿Sabes? Llevo jugando a esto con mi padre desde que era muy pequeña.

Cada vez estaba más seguro de que me costaría muchísimo ganarle, pero contaba con tres oportunidades y estaba dispuesto a arriesgarme con tal de acercarme un poco más a ella para conocerla mejor y tratar de entenderla; para mi sorpresa, estaba empezando a gustarme.

Subimos al ring, nos preparamos y cuando el árbitro dio la señal, Ellie atacó y yo la esquivé hábilmente para, a continuación, ponerla nerviosa al hacer mi primera pregunta:

―¿Por qué se lo pones tan difícil a las personas que quieren acercarse a ti?

Ella contratacó, furiosa, y mientras yo la esquivaba como podía, me hizo su pregunta:

―¿Por qué quieres acercarte a mí? ―Estaba claro que dudaba de mí, de mis intenciones y que sospechaba que todo formaba parte de una gran mentira, que ahora parecía que se estaba convirtiendo en una realidad.

Sus palabras, llenas de furia y de dolor, me hicieron dudar en medio del combate.

Empecé a pensar que Ellie estaba jugando conmigo igual que hacía yo con ella, pero me di cuenta de que estaba yendo un paso por delante: sabiendo que yo solo quería hacerle daño como parte del plan de venganza de Wyatt, Ellie guardaba la esperanza de que yo hiciera lo correcto sin dejarme guiar por los demás.

Por supuesto, ninguno de los dos respondió a la pregunta del otro y cuando Ellie ejecutó un hábil movimiento circular con su espada de gomaespuma, me desarmó y tocó mi casco levemente; perdí el primer asalto. Entonces le contesté con una verdad a medias que a ella no le gustó.

―Quiero acercarme a ti para conocerte mejor.

Ellie negó con la cabeza antes de volver a ponerse en posición.

El árbitro me devolvió el arma y dio la señal.

Volvimos a enfrentarnos y, en esta ocasión, fui implacable con ella y no me dejé engañar por ninguno de sus movimientos mientras volvía a hacerle la misma pregunta de la que, definitivamente, necesitaba una respuesta.

―¿Por qué se lo pones tan difícil a las personas que quieren acercarse a ti?

Ella, jugadora hábil en todos los sentidos, me la devolvió.

―¿Por qué quieres conocerme mejor?

Esta vez podría ganar si jugaba adecuadamente con ella, así que crucé mi espada contra la de Ellie y, cuando nos encontrábamos muy cerca, le susurré la respuesta que solo debía haberle dado si ella me ganaba:

―Porque me gustas.

Ellie se puso tan nerviosa que se apartó de mí inmediatamente, tropezó con la colchoneta y terminó cayendo al suelo. Yo le tendí la mano cuando me declararon vencedor del segundo asalto y, mirándome dolorida, me dio su respuesta:

―No se lo pongo fácil a las personas que solo se acercan a mí para hacerme daño.

Ellie se aferró a mi mano y yo la ayudé a levantarse. En ese momento, usando la misma estrategia, se acercó a mí y me murmuró al oído una pregunta que hizo que me sintiera como un miserable.

―Dime, Max, ¿tú eres distinto a ellos?

Agarré bien fuerte la espada. No estaba dispuesto a perder ese combate porque no quería tener que responderle.

Esta vez me limité a guardar silencio y no hice ninguna pregunta mientras me defendía de Ellie que, implacable con cada una de sus estocadas, solo quería saber la verdad.

Yo estaba decidido a guardar silencio porque, si revelaba la verdad, solamente conseguiría que Ellie me odiara tanto como en ocasiones me odiaba yo.

Así que, para ganar al precio que fuera, hice trampas.