La vida es un puzle y el amor, un juego Capítulo 5
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Capítulo 5

Me hacía mucha gracia pensar en cómo le habría ido a Max con el videojuego que le había recomendado Dina y si habría escarmentado lo suficiente como para no volver a acercarse a mí ni para insistir en jugar conmigo.

En aquel momento vi que algunas de nuestras compañeras estaban colgando con ilusión los carteles del baile de graduación.

Hasta entonces mis amigas y yo nos habíamos saltado los bailes de primavera y todo ese tipo de fiestas cursis en las que te miraban mal si no llevabas pareja, algo que ninguna de las tres echábamos en falta.

Linda estaba bastante desengañada con los chicos, Dina solamente los miraba como posibles candidatos a ser modelos para sus novelas gráficas, mientras que yo prefería a los chicos de mis videojuegos antes que los de verdad.

Cuando se celebraba algún baile, nosotras tres solíamos quedarnos a dormir juntas en mi casa con nuestros mejores pijamas para ver películas de miedo, jugar a videojuegos e hincharnos de chocolate y palomitas.

Para nuestra desgracia, nuestros padres estaban empeñados en que asistiéramos al baile de graduación, según ellos, para tener un bonito recuerdo, aunque las tres estábamos pensando seriamente en acudir en pijama para hacerlo todavía más memorable.

Me disgustaba profundamente la idea de ir a una fiesta en la que el entretenimiento de muchos de los asistentes sería meterse conmigo, así que me quedé contemplando de mala gana el cartel durante más tiempo del razonable, por lo que atraje las burlas de los que no podían vivir sin molestar a otros.

―¡Vaya! ¡No me digas que estás pensando en ir al baile, Ellie! ―exclamó mi compañera Stella, mirándome de arriba abajo con una sonrisa maliciosa, como si considerara que un baile fuera un lugar en donde yo nunca podría encajar.

―¿Tú la viste bailar en gimnasia cuando le tocó hacer una coreografía en grupo? ¡Es malísima! ―declaró Sandra, la amiga inseparable de Stella, riéndose de mí.

―Sandra, ¿con quién crees que irá Ellie al baile de graduación? ―preguntó Stella, acercándose a su amiga para unirse a sus burlas. Puse los ojos en blanco y suspiré, aburrida, por aquellas pullas tan poco originales.

―Pues supongo que irá con un chico al que no le importe que lo pisen mil veces. Sin duda, uno tan rarito como ella ―respondió Sandra entre risitas.

Normalmente yo ignoraba a esas chicas y a sus inútiles intentos por fastidiarme, pero en aquella ocasión decidí fastidiarlas a ellas, especialmente en aquel momento en el que, casualmente, pasó por mi lado el chico de mis pesadillas, pero que era un sueño para ellas.

―¡Eh, tú! ―exclamé en cuanto vi aparecer a Max por la esquina.

―¡Otro encuentro predestinado no, por favor, Ellie! ―manifestó él, espantado, recordándome cómo actuaba con él cada vez que nos encontrábamos y yo recordaba mi suspenso en Historia por su culpa.

―¿Quieres ser mi pareja en el baile de graduación?

―le pregunté, dejando completamente pasmadas a las dos chicas que estaban frente a mí y que nunca se habían decidido a hacerle esa pregunta a Max, el chico que les gustaba, tal vez porque su respuesta les afectaría demasiado mientras que, al contrario, a mí no me importaba lo más mínimo.

Y para la sorpresa de las dos, Max sonrió y aceptó:

―¡Por supuesto! ¡No me perdería ese baile por nada el mundo! Y si voy contigo, sé que no me aburriré.

―Sandra, Stella: muchas gracias por preocuparos por mí y por el «chico rarito» que me acompañará al baile ―dije, colocando una mano sobre uno de los hombros de la atónita Stella, burlándome de ella―.

Pero creo que ahora deberíais preocuparos por ver con quién iréis vosotras ―añadí y me marché con una sonrisa maliciosa.

Y, como no podía ser de otra manera, el chico que pretendía conquistarme me siguió.

―Siempre que me necesites y me llames estaré a tu lado para salvarte de todos los que quieran hacerte daño, porque una persona tan especial como tú no se merece ese trato ―me susurró Max al oído, intentando engatusarme de nuevo con sus dulces palabras, pero recordé que, de todas las personas que me rodeaban, él era quien más daño quería hacerme.

Además, reconocí aquella frase: era del videojuego que mi amiga Dina le había recomendado―.

Muy bien. ¡Ahora voy a sacar mi lanza! ―continuó Max en tono de broma.

Me volví hacia él y lo miré muy molesta.

―No me puedo creer que jugaras de verdad a ese videojuego… ―declaré, intentando averiguar si estaba enfadado conmigo por esa pequeña jugarreta, pero él me sonrió divertido.

―Me lo pasé enterito para aprenderme algunos diálogos y poder impresionarte…

Aunque me he quedado bastante traumatizado y posiblemente tenga pesadillas durante toda mi vida, pero me he aprendido algunas frases y poses que pone el protagonista cuando cambia de armadura; aunque eso sí, la mía no brilla ―respondió, haciéndome reír a carcajadas―.

¡Vamos, Ellie! Tan solo por la tortura de haberme pasado ese videojuego me merezco una oportunidad, ¿no crees?

Además, he dejado que me utilices para devolvérsela a esas arpías.

Sal conmigo una vez. Solo como amigos, para que podamos conocernos mejor.

―Está bien, iremos al cine o a tomar algo a una cafetería ―acepté con tono hastiado.

Propuse aquello para buscar un terreno neutral donde no estuviera en peligro de mostrarle demasiado de mí misma.

Max no me parecía un mal chico, sino alguien con poca personalidad que se dejaba influenciar en exceso por sus amigos, así que no me pareció mal concederle una oportunidad para que se arrepintiera de haber empezado aquel juego y se olvidara de seguir con él.

―No ―negó Max con rotundidad. Su respuesta me dejó confusa, especialmente después de que hubiera insistido tanto en salir conmigo―. Quiero que vayamos a un lugar donde te diviertas, donde puedas ser tú misma y me permitas conocerte de verdad.

―Créeme, no estás preparado para eso ―señalé, consciente de que éramos dos polos opuestos y que nunca encajaríamos el uno con el otro.

―Dime, ¿qué vas a hacer este fin de semana?

―Este fin de semana tengo una cita muy importante a la que no puedo faltar.

―¿Has quedado con alguien?

―Sí, con mis amigas y con unas doscientas mil personas más ―respondí, dejándolo algo confundido con mi respuesta.

―¿Vas a un concierto?

―No, voy a algo mucho mejor.

―¡Quiero ir contigo! ―dijo Max, dispuesto a seguirme, pero aquel día era muy especial para mí, el único en el que no me sentía como una pieza perdida en el mundo, el único en el que las personas como Max eran las que no encajaban.

―No, Max. Te sentirías completamente perdido y ese día estaré demasiado ocupada como para hacer de niñera.

―¿Tan perdida como a menudo te sientes tú entre nuestros compañeros cuando no te dan la oportunidad de encajar y no quieren conocerte? ―inquirió Max. Justo entonces me di cuenta de que yo estaba actuando con él como los demás hacían conmigo.

―¡Juegas sucio! ―exclamé, molesta, sabiendo que Max estaba intentando manipularme para que aceptara esa cita.

―Yo siempre juego para ganar ―contestó, muy seguro de sí mismo, con una confianza con la que acabé de lleno.

―Lo siento mucho, pero ya no quedan entradas para el evento, así que este fin de semana no podemos quedar.

Pensé que al fin habría logrado librarme de Max y que había evitado que se acercara demasiado a mí con sus encantos; a esas alturas, se había convertido en un chico peligroso que podría llegar a gustarme si dejaba de ser tan mentiroso.

Pero, justo cuando estaba a punto de despedirme de Max con una sonrisa victoriosa, apareció Dina corriendo como una loca hacia mí, agitando una entrada.

―¡Ellie, mi hermano no puede venir este domingo y me ha dado la entrada que ha ganado por la radio! ¿Conoces a alguien a quien pueda vendérsela?

Y antes que Dina hubiera podido descifrar mi mirada de incomodidad y advertencia, Max le arrebató la entrada de las manos.

―¡Vendida! ¡Ya no tienes excusas para que no te acompañe este domingo! ―dijo, con una sonrisa maliciosa, jugueteando con la entrada―. Dime, Ellie: ¿me dejarás entrar en tu mundo?

―Solo si lo haces para conocerme de verdad y no tienes segundas intenciones ―respondí finalmente. Max desvió la mirada; me quedó muy claro que pretendía continuar con el plan de sus amigos.

―¿Qué segundas intenciones podría tener, más allá de ser tu amigo? ―preguntó Max, simulando estar ofendido. Entonces se fue, sonriendo y ondeando victorioso su entrada.

―Puedes querer hacerme daño… y conseguirlo si alguna vez creo en ti ―murmuré mientras veía cómo se alejaba, decidido a hacerse un hueco en mi corazón.

―¿Qué ha ocurrido? ―preguntó Dina, extrañada por lo que acababa de pasar.

―Que Max ha conseguido una cita conmigo en la Comic Con. Por lo visto quiere conocerme mejor, así que se nos ha acoplado para el domingo.

―¡Oh, lo siento, Ellie! No tendría que haber gritado que tenía una entrada… ¿qué hago? ―preguntó Dina, preocupada, a lo que yo le contesté sin que me pesara demasiado.

―Cóbrale el doble. Y no te preocupes, mientras Max se prepara para seducirme, yo me prepararé para ponérselo bien difícil.

Tras leer con detenimiento la entrada que le había arrebatado a una de las amigas de Ellie, descubrí que mi cita con ella sería en un evento para gente a la que le gustaba disfrazarse, jugar a los videojuegos o leer mangas.

Tras informar al insistente grupito de Wyatt de mis avances con Ellie, se emocionaron con mi plan y me explicaron que seguramente Ellie y sus amigas irían disfrazadas de alguna heroína de videojuegos, así que me pidieron que les mandara fotos, sobre todo de Linda, la amiga más atractiva de Ellie.