La vida es un puzle y el amor, un juego Capítulo 4 #2
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Capítulo 4 #2

―Creo que tendremos que pasar al plan B, ¿o era el F? Ya no sé por cuál vamos y todavía no quieres aceptar que todos fallan. Quizás deberíamos dejar a esa chica en paz, ¿no te parece?

―¡No! Esta vez no fallarás, porque vas a darle una carta donde le confiesas tu amor. La hemos escrito entre todos.

―¡Joder! ―exclamé, tapándome los ojos mientras negaba con la cabeza ante el nuevo problema en el que querían meterme aquellos idiotas.

―Tranquilo, Max. Verás como esta vez todo sale a pedir de boca. Le hemos dejado una nota en su taquilla para que se reúna contigo debajo del árbol que hay detrás del gimnasio. Allí le entregarás la carta.

―Ya… y supongo que habréis firmado esa nota con mi nombre, ¿no? ―pregunté, ya que las cosas que yo consideraba lógicas no parecían serlo para mis amigos.

―No hace falta. La hemos citado allí porque ese lugar es conocido por todos en el instituto como el rincón de las confesiones de amor, y el único chico que se ha acercado a ella eres tú. Sin duda adivinará que esa nota es tuya.

―Ya… Wyatt, ¿tú estás totalmente seguro de que Ellie sabe que ese lugar es donde todas las parejas se declaran? ―pregunté, dudando de que una chica que no le concedía la menor atención al amor hubiera prestado oídos a esos rumores.

―Sí, estoy convencido. ¡Si hasta las chicas han creado un mito que dice que si declaras tu amor debajo del árbol no serás rechazado! Así que, gracias a nosotros, lo tienes todo hecho. ¿Cómo crees que reaccionará? ¿Llorará de emoción? ¿Saltará de alegría?

―Me pegará una paliza… ―repuse, apuntando la opción más probable. Pero todos me ignoraron y, aunque se quejaron de que Ellie nunca reaccionara a mis intentos por conquistarla, prefirieron seguir con su plan de venganza.

―¿Qué creéis que significa esto? ―preguntó Ellie, mostrándoles a sus amigas la extraña nota anónima que alguien había introducido en su taquilla, donde la citaban en un apartado y solitario lugar, precisamente junto al árbol de detrás del gimnasio.

―¡Eh! ¡Eso es justo lo que pasa en este manga! ¡Sin duda se trata de una nota de desafío! ¡Alguien quiere pelearse contigo debajo del árbol! ―exclamó Dina, mostrando la escena que acababa de describir en el manga que estaba leyendo en ese momento.

―Pero ¿por qué? ¡Si yo no me he metido con nadie!

―Tal vez sea alguna chica que piense que vas detrás de Max Templeton y quiere hacerte una advertencia ―sugirió Linda, conociendo de primera mano lo envidiosas que podían ser algunas.

―¡Hum! ¿Y por qué me habrán citado debajo de ese árbol?

―No lo sé, creo haber oído que corría un rumor sobre él, pero no recuerdo exactamente de qué iba… ―dijo Linda, intentando recordar una conversación a la que no había prestado apenas atención porque sus compañeras la miraban con desdén mientras conversaban.

―¡Seguro que se trata de alguna antigua leyenda de terror en la que alguien enterró a su rival a los pies del árbol! ¡Estoy segura de que te han dicho que vayas allí para intimidarte y alejarte de Max! ―declaró Dina.

―¡Pero si yo no quiero nada con ese chico que solamente quiere jugar conmigo para contentar el ego de su amigo!

―Ya lo sabemos, Ellie, pero las demás chicas no tienen ni idea de ese juego que se traen entre manos y solo ven que Max está intentando acercarse a ti.

―Entonces, ¿qué hago con la nota?

―Tienes que ir al árbol y dejarle claro a esa chica…

―¡O chicas! ―añadió Dina, interrumpiendo a Linda mientras les enseñaba una inquietante imagen de su manga en la que un montón de matones rodeaban al protagonista.

―Lo importante es dejar claro que no te interesa Max. Ya sea una chica o una decena, tienes que dejarles claro que es imposible que te enamores de Max, sino no se van a conformar con mirarte mal y empezarán a acosarte.

―¿Veis? ¡Por eso prefiero el amor en los juegos! El de verdad es bastante complicado y problemático… y eso que ni siquiera me gusta ese chico. Bueno, decidme: ¿qué hago entonces?

―No te preocupes: ¡yo sé lo que tienes que hacer!

―aseguró Dina, decidida a tomar las riendas de la situación y, ya que tenía mucha experiencia por haber leído escenas similares en muchos de sus mangas, iba a hacer que su amiga estuviera preparada para cualquier contratiempo que surgiera en esa dura batalla en la que en ocasiones nos metía el amor, lo quisiéramos o no.

Mis amigos me leyeron su carta de amor. Se habían limitado a copiar decenas de frases románticas que habían encontrado en internet; aquello no tenía ni pies ni cabeza.

No tuve dudas de que en cuanto Ellie recibiera «mi carta» la usaría como papel higiénico. No obstante, seguí adelante con el estúpido plan, pero no estaba seguro de por qué exactamente: si por la satisfacción de ver cómo Wyatt volvía a equivocarse o por ver cómo me sorprendía Ellie esta vez.

―¡Vamos! Seguro que está esperándote impaciente debajo del árbol porque ya se habrá enterado de los rumores que corren sobre él. ¡Quién sabe! Quizás sea ella la primera que se declare… ―dijo Wyatt entusiasmado.

Más tarde, cuando vi a Ellie esperándome, me quedó completamente claro que no había escuchado ninguno de los rumores románticos que circulaban en torno al árbol.

Llevaba un casco y unas hombreras de fútbol americano que seguramente habría cogido prestadas del equipo del instituto, una especie de espada de madera que sujetaba fuertemente con una mano y, para rematar y terminar de asombrarme, un arco colgado del hombro.

Mientras yo me había preparado para entregarle una romántica carta de amor, ella…

ella no sé para qué narices se había preparado.

Lentamente y a escondidas, Wyatt y yo nos acercamos un poco más al árbol seguidos de los demás compañeros que formaban parte de aquel plan absurdo y vimos cómo Ellie se colocaba en una extraña y tensa postura.

A continuación, cogió la espada con las dos manos y ejecutó una serie de violentos movimientos de ataque.

¡La que me esperaba sería tremenda si me atrevía a acercarme a ella!

―¡Me voy! ― les dije a los chicos. A estas alturas, cada vez tenía más claro que no eran mis amigos.

―¡Vamos, Max, que solo vas a darle una carta!

¿Qué podría pasar? ―dijo Wyatt con ligereza.

Yo lo miré furioso y, cuando Ellie se percató de nuestra presencia, echó a correr hacia nosotros esgrimiendo su arma.

Wyatt me dejó la carta en la mano y tanto él como su grupito pusieron pies en polvorosa y salieron huyendo.

Me quedé allí, solo y quieto como un idiota, para ver cómo podría entregarle aquella carta a una chica que parecía haberse armado para luchar contra el amor.

―No quiero pelear contigo ―soltó Ellie en cuanto llegó a mi altura.

―¿En serio? ―repliqué escéptico, mirándola de arriba abajo.

―Estoy preparada para enfrentarme a un acosador que quiere intimidarme y por eso ha quedado conmigo bajo este lúgubre árbol donde seguramente enterraron a alguien en el pasado.

Mis amigas y yo lo llamamos «el árbol del muerto» ―respondió Ellie.

Estaba claro que había malinterpretado la nota anónima que mis amigos habían dejado en su taquilla y que, tal y como yo sospechaba, no sabía nada de los románticos rumores que circulaban sobre el árbol.

―¿Como que «el árbol del muerto»? Ellie, este es «el árbol del amor», todo el mundo lo sabe, porque todos los que se declaran aquí terminan saliendo juntos.

―¿Eh? Pues me gustaba más el nombre que le habíamos puesto mis amigas y yo… ―repuso Ellie, desencantada porque el árbol estuviera asociado a una leyenda romántica en vez de a una más interesante.

―Ellie, fui yo quien dejó la nota en tu taquilla ―mentí, con una sonrisa deslumbrante, dispuesto a seguir el juego al que me habían empujado Wyatt y su grupito. Mi sonrisa desapareció de un plumazo en cuanto escuché la respuesta de Ellie.

―¡¿Qué?! ¡¿Tú eres mi acosador?! ―preguntó, cada vez más confusa. Aquel encuentro que debería estar siendo romántico, estaba resultando todo un fracaso.

―Sí… ¡No! ¿Cómo que «acosador»? ¡Yo solo quería darte esto...! ―dije por fin, enseñándole la carta, queriendo deshacerme de ella lo más rápidamente posible.

Ante mi asombro, Ellie la contempló con espanto antes de preguntarme:

―¿Eso es una carta para retarme a una pelea?

―¿Qué? ―respondí, totalmente perdido, preguntándome en qué narices estaba pensando esa chica―. ¡Pues claro que no! ¡Es una carta de amor! ―grité indignado, llamando la atención de toda la gente que estaba saliendo del gimnasio justo en ese momento.

La mano se me estaba cansando con la carta tendida que ella miraba cada vez más asustada.

―Habría preferido que fuera una carta de desafío ―murmuró Ellie dando unos pasos hacia atrás, bastante nerviosa.

Yo quería una respuesta. Necesitaba una respuesta para que Wyatt dejara de presionarme con sus planes así que, fríamente y sin mostrar sentimiento alguno, insistí para que Ellie cogiera la maldita carta.

―Bueno, ¿y qué me dices? ―le pregunté en voz alta, esperando que todas las miradas se fijaran en ella y así tuviera que darme una respuesta adecuada para no avergonzarme y, de paso, acabar de un plumazo con la romántica leyenda del árbol.

Pero cometí el error de olvidar que a Ellie no le importaba lo que los demás pensaran de ella.

―Tienes razón, te mereces una respuesta tan sincera como los sentimientos que hayas escrito en la carta ―contestó Ellie con seriedad.

Las chicas que nos rodeaban comenzaban a ponerse nerviosas creyendo que me perderían, Wyatt y sus amigos empezaron a frotarse las manos pensando en la victoria y yo estaba muy seguro de mí mismo, convencido de haber conquistado por fin a Ellie.

Para sorpresa de todos, cogió aire y se puso a berrear la pegadiza canción de un anuncio de salchichas.

Yo la fulminé con la mirada y, con la carta todavía en la mano, me crucé de brazos esperando que terminara su burlona respuesta.

―¿Esa es tu repuesta? ―pregunté ofendido y muy cabreado; era incapaz de fingir una sonrisa.