La vida es un puzle y el amor, un juego Capítulo 3 #3
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Capítulo 3 #3

―Porque yo no soy su tipo y tú, por el contrario, parece que eres el tipo de todas las chicas ―respondió Wyatt con una sonrisa irónica que me hizo pensar que, quizá, no solo quería vengarse de Ellie, sino también de mí, por tener éxito con todas las chicas en las que me fijaba, incluidas las que le gustaban a él―.

¡Vamos, no seas así! ¡No nos falles, Max!

―declaró Wyatt con un tono de voz que parecía más de advertencia que de ánimo.

En aquel momento tuve la oportunidad de abandonar el plan, de pronunciar un firme «no» a aquellos amigos que solamente me manipulaban, pero, una vez más, guardé silencio.

Sonreí falsamente e intenté caerles bien a todos, aunque para hacerlo me tuviera que convertir en alguien a quien yo mismo despreciara.

―Creo que si la ayudo con el proyecto puedo recuperar los puntos que he perdido al destrozárselo. Ahora iba a buscar al profesor de Historia para pedirle más tiempo para que pueda entregarlo más tarde y luego seguiré ayudándola. Tal vez, si Ellie consigue una buena nota me dé su número de teléfono.

―¡Ya sabía yo que podíamos contar contigo!

No te preocupes por nada: nosotros estaremos por aquí, apoyándote ―manifestó Wyatt antes de volver a desaparecer con sus seguidores dejándome bastante intranquilo ante la idea de que él y su grupo de idiotas me siguieran ayudando de la misma forma que habían hecho hasta entonces.

No obstante, me centré en los problemas que podía solucionar en el presente y decidí no pensar en el estúpido plan de Wyatt.

Encontré al profesor de Historia y le pedí más tiempo para la entrega del trabajo de Ellie, después de explicarle que el retraso era culpa mía.

El señor Henderson me acompañó a la sala del club de lectura para ver cómo avanzaba con el trabajo y, al abrir la puerta, nos la encontramos dormida sobre el escritorio, babeando sobre la foto que había intentado representar con uno de mis soldados patizambos en la mano.

―La esperaré media hora más en la sala de profesores.

Que coloque los soldados como corresponde y que le pegue en un lateral un pequeño resumen de la batalla.

Si lo entrega a tiempo estoy seguro de que sacará buena nota a pesar del contratiempo ―y aquello sonó a reprimenda porque los dos sabíamos que «el contratiempo» de Ellie era yo.

Cuando el señor Henderson se marchó no quise despertar a Ellie.

Me sentía muy culpable, así que copié el resumen que ella tenía de su anterior trabajo y lo pegué en el nuevo.

Luego, me puse a colocar todas las figuritas que ella había modelado.

En aquel momento, justo cuando estaba bastante atareado, Wyatt y sus compinches volvieron a aparecer.

Wyatt abrió la puerta y me miró extrañado, seguramente porque estaba metiéndole mano al trabajo de Ellie y no a ella.

―¿Se puede saber qué estás haciendo, Max? ¿Quieres dejar de hacer el idiota y aprovechar que estáis solos para conquistarla en vez de hacerle la tarea?

―Estoy intentando que Ellie no me odie, algo imprescindible si quiero que se enamore de mí.

Así que tengo que entregar este trabajo a tiempo para que no suspenda por mi culpa…

o, mejor dicho, por la vuestra ―sin mirarlos siquiera, me levanté con el proyecto de Ellie entre las manos y me dirigí hacia la puerta.

Cuando iba a salir, Wyatt me bloqueó el paso. Podría haberlo apartado, pero tenía las manos ocupadas, así que, por primera vez, en lugar de mirar a mis supuestos amigos con amabilidad, los miré desafiante y a ninguno de ellos pareció gustarle.

―¿Adónde crees que vas, Max?

―Faltan diez minutos para que el profesor de Historia se marche, así que voy a entregarle el proyecto.

―De eso nada. Tú te quedas aquí e intentas conquistar a esa chica. Nosotros nos encargaremos de entregar el trabajo ―dijo Wyatt, arrebatándome el diorama y pasándoselo a uno de sus seguidores.

―Quiero una foto de la entrega de ese trabajo y de la reacción del profesor ―exigí, no estando muy convencido de que Wyatt y sus amigos no hicieran otra de las suyas para fastidiar a Ellie.

―Claro… ya sabes, Eddy: manda al grupo las fotos que Max reclama ―dijo Wyatt antes de que Eddy asintiera con la cabeza y se alejara con el proyecto de Ellie―.

Y ahora, ¿por qué no nos demuestras cómo sueles conquistar a las chicas?

―inquirió Wyatt, sonriéndome con malicia cuando Ellie dio un fuerte ronquido y me maldijo en sueños, algo que no me animaba mucho a acercarme a ella.

―Por supuesto. Verás, Wyatt: el primer paso para la seducción es crear un ambiente adecuado ―dije. Y antes de que Wyatt me preguntara cómo pensaba crear ese ambiente con Ellie, le cerré la puerta en las narices y eché el pestillo.

Cuando me acerqué a Ellie estaba seguro de que Wyatt y su grupito habían pegado los oídos a la puerta para tratar de enterarse de lo que ocurría al otro lado.

Yo, por mi parte, harto de aquel juego estúpido, le eché mi chaqueta por encima de los hombros y le susurré al oído una advertencia que necesitaba hacerle pero que, como un cobarde, declaré cuando nadie me oía:

―No te enamores de mí, Ellie.

Ella se removió inquieta y farfulló «¡idiota!». Entonces yo me limité a sentarme enfrente y a mirarla. Me preguntaba por qué en otras ocasiones no me había importado jugar con las chicas y romperles el corazón, y ahora, sin embargo, me arrepentía de cada uno de mis acercamientos a Ellie.

La estaba mirando con una sonrisa y nuestras miradas se cruzaron cuando Ellie se despertó.

―Dime que no he babeado ni he roncado ―me dijo Ellie con voz ronca mientras se despegaba de la mejilla la fotografía del proyecto.

―Has babeado y has roncado ―le respondí con sinceridad, bromeando, porque con ella me sentía lo suficientemente seguro para ser, simplemente, yo mismo en lugar de la imagen perfecta que intentaba representar con los demás.

―¡Te dije que no me lo dijeras! ―me reprendió ella mientras buscaba con la mirada, algo alarmada, su trabajo de Historia―. Max, ¿dónde está mi diorama de la Guerra de Secesión?

―No te preocupes: he colocado a los soldados, copiado tu resumen de la escena y le he pedido a uno de mis amigos que lo entregara al profesor de Historia para que no te suspendiera. Y todo eso lo he hecho mientras tú dormías, así que creo que me merezco unas palabras de agradecimiento…

―¡¿Qué?! ¡Espera un momento! ¿De verdad me acabas de decir que has hecho que uno de los chicos que se mete conmigo a la menor oportunidad le entregue mi trabajo de Historia al profesor Henderson? ―exclamó espantada.

―No te preocupes, Ellie. En el fondo no son malos chicos, se sentían culpables por el destrozo de tu proyecto y solo querían ayudarte.

Así que no evadas el tema y dime lo mucho que me adorarás a partir de ahora por haberte ayudado ―bromeé, queriendo ganarme su simpatía antes de intentar pedirle su número de teléfono.

Y cuando sonó un mensaje en mi móvil no dudé en abrirlo…

aunque tal vez debería haberlo mirado antes de pasárselo a Ellie―.

Aquí tienes una prueba de que esos chicos han entregado tu trabajo.

Aún estoy esperando que me des las gracias.

―¡Serás hijo de…! ―chilló Ellie. Me sorprendió su reacción, pero la comprendí en cuanto me mostró una fotografía de su trabajo donde algún graciosillo se había dedicado a colocar a los soldados en posturas bastante obscenas. Incluso mi vaca estaba allí, participando en aquella singular orgía.

―¡Te juro que yo no tengo nada que ver con eso, Ellie!

―«Max, te mando una fotografía de la reacción del profesor Henderson, tal y como nos pediste» ―leyó Ellie, para luego mostrarme al señor Henderson con una cara de cabreo monumental y un papel donde había escrito un enorme suspenso.

Nunca habría imaginado ver a Ellie tan furiosa, así que no dudé en arrebatarle el teléfono antes de que lo reventara contra el suelo. Luego salí corriendo y ella, por supuesto, me persiguió gritándome de todo.

Mientras corría por los pasillos me encontré con Wyatt y su grupito.

―¿Qué? ¿Cómo te va con Ellie? ―preguntó Wyatt, interrumpiendo mi carrera por un instante.

―Genial… En tan solo un día y gracias a vosotros he conseguido que no pueda resistirse a correr detrás de mí ―respondí.

―¡Qué grande eres, tío! ¿Podrías darnos algún consejo?

―preguntó Tom, uno de los compañeros de Wyatt, emocionado con conocer algún truco para hacerse con el corazón de alguna chica.

Y utilizándolo de escudo para ocultarme de Ellie, que acababa de llegar junto a nosotros, miré por encima de él hacia esa loca que se acercaba con una cartulina enrollada como si fuera un bate de béisbol.

Mi consejo para todos los chicos que me miraban esperanzados fue muy escueto y simple:

―¡Corred! ―grité antes de salir a toda velocidad sin preocuparme por dejarlos atrás porque, definitivamente, ellos se merecían una lección tanto como yo por intentar jugar con aquella chica a un juego tan peligroso como podía ser el amor.