La vida es un puzle y el amor, un juego Capítulo 3
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Capítulo 3

Cuando mis compañeros se dieron cuenta de que no había conseguido llamar la atención de Ellie con mi mera presencia como conseguía hacer con las demás chicas, a las que tan solo tenía que dedicarles una sonrisa para que se fijaran en mí, decidieron prestarme su ayuda.

Ayuda que, en lugar de agradecer, temí, sobre todo cuando me contaron sus planes.

Por lo visto, ellos creían que la mejor forma de enamorar a una chica que no te prestaba atención era chocar literalmente y hacer que se cayera.

Me explicaron que querían crear un momento memorable que ella no olvidara jamás.

Los muy estúpidos se habían estudiado varias escenas románticas de alguna serie juvenil donde los protagonistas se enamoraban a primera vista tras tropezar en una esquina.

Ellos pretendían que yo emulara esa escena con Ellie, y de nada me sirvió intentar explicarles que esa idea absurda no funcionaría con ninguna chica, pero aún menos con una con la que me encontraba a diario en el instituto.

Así que, al final, me resigné a escuchar aquellas propuestas sin sentido, que tuve miedo de descartar con rotundidad simplemente por temor a quedarme sin amigos.

―Cuando tropieces con ella como si fuera por accidente, vuestro encuentro será memorable.

Sobre todo, porque ella pensará que es obra del destino y no de nosotros y ahí, sin duda, se enamorará de ti.

Solamente tienes que tenderle la mano mientras Ellie esté en el suelo y deslumbrarla con una sonrisa.

¡Seguro que con eso conquistas a esa chica tan solitaria que solo tiene dos amigas bastante raras!

―me dijo Wyatt con entusiasmo, como si su plan fuera brillante.

Yo me acaricié la frente, desesperado, y me pregunté cómo podría hacer entrar en razón a ese idiota.

―Entonces vuestro plan es que derribe a Ellie Patel y luego le sonría. ¿Creéis que podríais inventar algo que no provoque que Ellie me dé una paliza? ―repuse, mirando a esos chicos que me contemplaban esperanzados, creyendo que yo podía hacer milagros con una simple sonrisa.

―¡Vamos, Max! ¿Qué chica podría enfadarse con un conquistador como tú? ―replicó Wyatt, que me daba golpecitos de ánimo en la espalda, animado por la conformidad de los demás, que eran tan idiotas como él.

―Ellie Patel ―respondí temeroso, sabiendo cómo se las gastaba aquella chica. Pero mis amigos ignoraban cualquier cosa que dijera y continuaron adelante con su plan.

―¡Venga! No querrás decepcionarnos, ¿verdad, Max? ―presionó Wyatt y me empujó hacia el lugar de mi planificado encuentro con esa chica.

Por un momento reflexioné sobre lo poco que me gustaba lo que estaba haciendo, sobre que mis amigos me estuvieran llevando por un camino que no quería tomar, en el que acabaría haciéndole daño a Ellie únicamente para satisfacer el ego de Wyatt.

Pero, tras pensar en lo solo que me encontraría cuando todos me dieran la espalda por no hacer lo que me pedían, me limité a guardar silencio y dejé que me manejaran como la marioneta de su venganza.

Al detectar en mi rostro las dudas que tenía, Wyatt siguió empujándome sin dejarme decir nada y muy pronto Tom corrió hacia nosotros para avisarnos de que Ellie no tardaría en aparecer por el pasillo; mi tiempo para tratar de evitar aquel estúpido plan se había acabado.

Finalmente, Wyatt me dio un fuerte empujón hacia la esquina elegida donde, como habían planeado, ambos tropezamos y caímos estrepitosamente al suelo.

Tal y como me habían indicado mis amigos en su estúpido guion, tras levantarme rápidamente, le dirigí una de mis mejores sonrisas y, dispuesto a concederle mi ayuda, le tendí caballerosamente una mano.

Para mi desgracia, al fijarme solo en ella no me di cuenta de lo que había a mis pies y pisé el proyecto de Historia que se le había caído en el momento de nuestro encontronazo.

Ellie me lanzó una venenosa mirada llena de odio, en vez de uno de esos gestos de amor y adoración que mis amigos esperaban que un conquistador como yo obtuviera.

―¡Sonríe más! ―gritaron mis estúpidos amigos, asomándose desde la esquina, desvelando su presencia y complicándome todavía más aquel desastroso encuentro.

A pesar de lo desacertado de su consejo, como yo era el más idiota de todos, hice justamente lo que me dijeron: amplié mi radiante sonrisa, pero solo logré que Ellie me mirara todavía con más odio.

―¡Tú! ―gruñó Ellie, amenazante, provocando que apartara la mano antes de que me la mordiera.

―¿Me creerías si te dijera que este es un encuentro predestinado? Sin duda, el destino quiere que estemos juntos y nos conozcamos mejor.

―Ya, claro… el destino ―dijo Ellie, señalando a mis estúpidos amigos que, además de dar pésimos consejos, no sabían esconderse demasiado bien―.

¿Tienes la menor idea de cuánto he tardado en moldear una a una las cien figuritas de este diorama de la Guerra de Secesión que iba a entregar dentro de unos minutos y que tú has destrozado?

―Yo… lo siento… ―farfullé, incapaz de pronunciar las elocuentes palabras con las que normalmente conquistaba a las chicas.

―No lo sientes… pero te prometo que lo vas a sentir ―declaró Ellie, poniéndose en pie por sí sola para luego dirigirse hacia mí con paso amenazador.

Su reacción me hizo caminar hacia atrás, retrocedí despacio hasta que mi espalda chocó con la pared.

En ese momento dirigí una mirada suplicante hacia mis amigos, rogando por algún tipo de ayuda de su parte, pero me di cuenta de que habían desaparecido.

Para mi asombro, a pesar de ser un poco más baja que yo, Ellie no dudó en acorralarme, con las manos apoyadas en la pared, una a cada lado de mi cabeza, sin dejarme escapar.

Cada vez tenía su cara más cerca de la mía y pensé que algo estaba mal en aquella escena que tendría que haber sido romántica y en la que los papeles se habían invertido; ahora era una situación ridícula, incluso peligrosa, y Ellie me fulminaba con una mirada llena de odio que yo intenté ignorar, pero ante la que terminé contestando con la primera estupidez que se me pasó por la cabeza.

―Solo quería llamar tu atención.

―¿Y para eso tenías que arruinar mi trabajo de Historia?

―me gruñó. Ellie me agarró la corbata y tiró de ella para que no pudiera apartar los ojos de los suyos, vengativos, que me prometían que las cosas no saldrían como mis amigos habían planeado y que lo nuestro no sería un idílico encuentro que nos conduciría hacia el amor con el que yo siempre jugaba―.

¿Quieres pasar más tiempo conmigo? Pues no te preocupes, que vas a pasar más tiempo conmigo: ¡exactamente todo el que necesites para reconstruir el trabajo que has estropeado!

Así que te espero en el club de lectura cuando terminen las clases.

¡Y ni se te ocurra intentar escapar! ―me amenazó, tirando todavía más fuerte del nudo de mi corbata; no podría huir de aquella situación que mi estupidez había provocado.

Cuando Ellie me soltó y se alejó para recoger lo poco que quedaba de su trabajo de Historia, suspiré aliviado por haberme librado de su furia, por el momento al menos.

Y mientras pensaba en la mejor manera de disculparme con ella, para mi infortunio, mis amigos reaparecieron, como también lo hicieron sus inútiles consejos después de contarles lo que me había ocurrido con Ellie mientras ellos no estaban.

Mientras yo solo podía pensar en cómo pedirle perdón de forma sincera a Ellie, mis amigos se dedicaban a planear cómo aprovechar la oportunidad que, según ellos, me había brindado «su fantástico plan» para conseguir el amor de Ellie.

Tuve que morderme la lengua para no decirles que sus ideas solo habían servido para que Ellie me odiara un poco más, pero, como era habitual en mí, me quedé callado y me propusieron un nuevo plan, incluso más absurdo, en el que, definitivamente, yo no llevaba las de ganar en absoluto.

―¿Ves? ¡Te dije que nuestro plan funcionaría!

―exclamó Wyatt. Yo me tapé los ojos con la mano para no fulminarlo con la mirada―.

Ahora que has conseguido quedarte a solas con ella solo tienes que susurrarle alguna frase bonita al oído, alguna de las que utilizas a menudo con las chicas, y la tendrás en el bote como a las demás.

―Ellie no es como las demás chicas ―declaré, y en esta ocasión no pude evitar lanzarle una mirada molesta, ya que era más que evidente que no la conocía en absoluto.

―Pero lo será: tú solo muéstrale todos tus encantos y la tendrás comiendo de la mano en un periquete.

―No creo que eso funcione con ella ―repliqué, recordando las miradas de odio con las que Ellie respondía a cada una de mis sonrisas.

―¡Por supuesto que funcionará! Es evidente que ha puesto como excusa lo de su trabajo estropeado para quedarse a solas contigo durante un buen rato.

Te lo digo yo: esa chica se ha enamorado en cuanto os habéis tropezado, como yo te dije.

¡No falla! En el momento en el que os quedéis a solas, va a ponerte ojitos y a pedirte tu número de teléfono ―declaró Wyatt.

Yo lo escuchaba, escéptico, porque, por mucho que detallara su nuevo plan, no se daba cuenta de que, hasta ahora, solo había conseguido que Ellie me odiara.

―¿De verdad crees eso, Wyatt? ―pregunté a mi amigo, aunque lo que de verdad me preguntaba era si Wyatt no sería más idiota de lo que creía.

―¡Ya lo verás! Estoy seguro de que cuando estéis a solas, Ellie intentará seducirte. Tal vez incluso se maquille y, por supuesto, te dirá palabras cariñosas, con tono dulce, para conseguir lo que quiere.

―¡Ah! Y, según tú, ¿qué es lo que quiere Ellie de mí?

―¿No te resulta evidente después de vuestro encuentro?

Tu amor… ―respondió Wyatt con una sonrisa perversa que me recordaba que todo aquello no era más que un juego de venganza en el que yo era un peón que él utilizaba para intentar romperle el corazón a aquella chica.

Y fue entonces cuando deseé que el idiota de Wyatt nunca tuviera razón.