Capítulo 1 #2
―Ellie, tú eres perfecta tal y como eres.
No permitas que nadie te diga jamás lo contrario.
No tienes que cambiar para encajar con nadie, son los demás los que tienen que cambiar su forma de pensar para aceptar que hay opiniones y gustos diferentes.
―Tras escuchar esas palabras, a mi rostro asomó una sonrisa y mi padre volvió a abrazarme con cariño antes de anunciar a mi madre con un tono bastante serio―: Los profesores ya nos han notificado lo que querían decirnos de nuestra hija, querida.
Ahora nos toca a nosotros darles una respuesta a ellos.
Y como mi padre había prometido, su respuesta no tardó en llegar y fue tan extravagante y escandalosa como a menudo podíamos ser en mi familia, una contestación que, una vez más, me hizo sonreír y darme cuenta de que tal vez me gustara ser esa pieza defectuosa que dice lo que piensa, que defiende lo que le gusta y que no se deja guiar por las opiniones de los demás.
Como respuesta al largo discurso de una profesora que repetía que su hija Ellie debía integrarse y compartir los mismos gustos que sus compañeros y no se molestaba en explicarles cómo solucionaría el hecho de que otros niños se metieran con ella porque no seguía las modas de los demás, Harry Patel apareció en la puerta del colegio a la hora de la salida con una diadema de unicornio con mechones de colores, un complemento realmente llamativo, y más si lo llevaba un hombre grande, corpulento y con barba.
Los adultos que estaban allí lo contemplaban con asombro o con reprobación.
También provocó algunas risas, innumerables cuchicheos y un gran espacio a su alrededor, como si temieran acercarse a él.
Harry, por su parte, ofreció una sonrisa a todas las miradas hostiles o confundidas y no se inmutó ante el grosero comportamiento de muchas de las personas de su entorno debido únicamente a que llevaba puesto algo que, según la opinión de los demás, no encajaba con él.
La profesora de Ellie abrió los ojos, espantada ante el comportamiento de ese padre, y cuando este llegó junto a ella para recoger a su hija, no pudo evitar comentarle con tono recriminatorio:
―Ese comportamiento no ayudará a su hija, señor Patel. ¿Qué cree que diría su esposa sobre esto?
―Pregúnteselo usted misma, señorita Henderson: por allí viene acompañada de su madre ―respondió Harry mientras señalaba a dos personas ataviadas con un disfraz hinchable de dinosaurio que se encaminaban hacia el colegio, ganándose más miradas de extrañeza a su paso.
―¿Es que no hay nadie normal en su familia? ―inquirió la arisca maestra, bastante alterada.
―Defina «normal», señorita Henderson ―repuso Ellie, envalentonada ante la actitud de sus padres, que estaban recibiendo la misma crueldad por parte de algunos de los adultos allí presentes que ella por parte de sus compañeros.
―Normal es cualquier persona que se relaciona con los demás de forma adecuada, como tus compañeros ―le recriminó la maestra a su alumna con un desagradable tono de voz.
Y antes de que Harry le diera una respuesta adecuada a esa mujer, su hija, tras haber comprendido un poco mejor cómo era el mundo, lo hizo por él.
―Si la manera correcta de relacionarse de una persona normal, según usted, es la que tienen mis compañeros conmigo, perdóneme, señorita Henderson, pero prefiero ser rara.
Yo nunca me meteré con otras personas porque no tengan mis mismos gustos, ni los obligaré a adoptarlos a la fuerza.
Pero sí recibiré con una sonrisa a todos los que quieran conocerme y ser mis amigos.
Si soy una antisocial porque no quiero estar con personas que me insultan y me tratan mal, no creo que sea nada malo seguir siéndolo ―declaró Ellie antes de tomar la mano de su padre sin dejarse influir por las personas que cuchicheaban a su alrededor y sintiéndose orgullosa de su familia.
―¿Un nuevo regalo de un fan? ―preguntó Ellie, conociendo la amabilidad de su padre con los niños que leían sus libros y su respuesta ante sus regalos, por más estrambóticos que estos fueran.
―Sí. Ellie, hoy tengo una sorpresa para ti ―contestó su padre después de llevar a su hija hasta el coche y de ayudar a su mujer y a su suegra a entrar en él pese a sus abultados trajes.
―¿El qué? ―preguntó Ellie con extrañeza a su padre, que le sonreía a través del espejo retrovisor.
―Hoy te voy a llevar a un sitio donde vas a encajar y vas a descubrir que no eres una pieza defectuosa, sino una pieza perdida que tiene que encontrar su lugar.
Creí que las palabras que me había dicho mi padre no serían ciertas, que no podría encontrar un lugar donde encajar más allá de entre los miembros de mi alocada familia, pero pronto me di cuenta de lo equivocada que estaba en cuanto llegamos a un extraño edificio donde, ya fueran adultos o niños, todos los presentes iban disfrazados de algún personaje fantástico.
Ninguna de las personas que estaban allí miraban mal a otras ni murmuraban sobre ellas.
En ese lugar parecía que a los adultos se les permitía seguir siendo niños y comportarse como tales.
Había una zona para videojuegos distribuida por todo un lateral del edificio donde se podía disfrutar de juegos increíbles, desde videojuegos antiguos hasta los más modernos, incluyendo algún complicado juego de baile.
Mi favorito era uno en el que había que golpear con dos baquetas un gran tambor japonés, un taiko , al son de una canción que aparecía en la pantalla, en el que se ganaban puntos siempre que consiguieras mantener el ritmo.
Y aunque había una gran multitud, la gente esperaba tranquilamente su turno para disfrutar de una partida. Para mi asombro, además de juego libre también había torneos de algunos de ellos, a los que cualquiera podía apuntarse, sin límite ni restricción alguna.
A un lado del recinto se desplegaba un escenario que contaba con una gran pantalla encima donde aparecían continuamente canciones de animes famosos o vídeos con bailes de algún grupo k-pop , y que todos los adultos que se acercaban al escenario se ponían a imitar sin que nadie los reprendiera por ello ni los mirara mal.
Mi padre me dijo que allí mismo tendría lugar un concurso de baile y otro de disfraces más tarde.
También había una zona dedicada a juegos de mesa en la que todos disfrutaban, ya fueran amigos, familiares o completos desconocidos.
Además, la organización del evento había construido una especie de ring donde los adultos luchaban con espadas de gomaespuma y escudos y otro espacio donde se podía practicar el tiro al blanco usando arcos con flechas con ventosas.
Mi padre me señaló una sala de conferencias, donde daban charlas conocidos dibujantes de cómics, actores de doblaje de películas y videojuegos, creadores de videojuegos y muchas más personas interesantes entre las que más tarde se encontraría mamá.
En cada rincón de ese maravilloso y mágico lugar se podían encontrar escenarios de alguna película o serie fantástica donde los asistentes se hacían fotografías por turnos y, por supuesto, también había decenas de puestos de merchandising en los que se vendían muñecos de colección de ediciones exclusivas, dibujos de artistas, mangas o novelas gráficas como las que hacía mi madre.
Para mí, descubrir ese mundo de ensueño fue una auténtica sorpresa, una conmoción absoluta, y miraba de un lugar a otro, emocionada, sin saber hacia dónde dirigirme ni por dónde empezar.
―¿Crees que podrás encajar aquí? ―me preguntó mi padre, sonriendo ampliamente al contemplar mi cara emocionada.
―¡Síííí! ―exclamé, feliz al comprender que el mundo no se limitaba a lo que me decían algunos adultos y al comprobar que había muchas personas con gustos similares a los míos a las que no le importaba no encajar con los demás, tal vez porque ellos tenían su propio mundo, un lugar en el que nadie juzgaba a los demás y donde podían seguir siendo ellos mismos, un sitio en el que soñar no estaba prohibido.
―¿Quieres conocer a algunos? ―dijo mi padre, tendiéndome la mano, invitándome a dejar de quedarme sola, apartada en un rincón, animándome a ser yo misma y a gritar cuáles eran mis gustos y mis sueños en un lugar donde nadie me juzgaría.
Aquel fue el día más divertido de mi vida: jugué, me reí sin cesar, me divertí, peleé en el ring con una espada de gomaespuma contra mi abuela, que iba vestida con su disfraz hinchable de dinosaurio, asistí a la conferencia que mi madre ofreció sin quitarse su propio disfraz de dinosaurio, hice amigos de mi edad en algunos talleres de manualidades en las que mi padre era nefasto, amigos con los que prometí escribirme y volver a encontrarme al año siguiente…
Acabé completamente agotada, pero inmensamente feliz, atesorando cientos de recuerdos felices y un montón de regalos que mis padres me compraron.
Creía que nadie podría borrar la sonrisa de mi rostro en ese maravilloso día, pero hacia el final del evento, cuando llegó la hora del concurso de baile y un hombre de la edad de mi padre, con barba, un poco gordito y disfrazado de chica mágica se subió al escenario, yo miré a mi padre con preocupación.
―Se van a meter con él… ―susurré mientras tiraba de la camisa de mi padre, queriendo marcharme de allí para no escuchar las risas, los cuchicheos o las burlas que a menudo oía a mi alrededor cuando uno de mis compañeros me señalaba.
―Ya verás… ―contestó mi padre con una sonrisa mientras observaba al hombre del escenario.
De repente, aquel hombre adoptó una pose del personaje de ese anime y comenzaron a escucharse algunos cuchicheos burlones.
―Se van a reír de él… ―dije tristemente, cada vez más preocupada y con lágrimas en los ojos al rememorar las risas crueles de algunas personas que no permitían que otros soñaran.
Mi padre, al verme llorando, me levantó la cabeza con una de sus manos fuertes y, tras secarme con un pañuelo de papel, me anunció, consiguiendo que volviera a mirar al escenario:
―Él no lo permitirá. Mira con atención.