Chapter 55
LIV
Hubo un momento, cerca del final, en que la partera le preguntó, para el papel, qué nombre le iban a poner, y a Nora, por una fracción de segundo que después le costó explicarse a sí misma, se le vino a la boca un nombre que no era el que tenían decidido, un nombre de tres sílabas que empezaba con la misma letra que "Buenos Aires" y que hacía tres años que no decía en voz alta salvo en esa cocina de City Bell una vez por junio.
No lo dijo. Tragó el nombre entero, junto con el dolor de la contracción siguiente, y cuando la partera insistió, dijo el que habían decidido con Rubén meses antes, un nombre elegido de una revista, sin ninguna historia detrás, elegido justamente por eso.
Cuando se la pusieron encima, todavía tibia, todavía cubierta de esa sustancia blancuzca que nadie le había advertido que iba a tener, Nora sintió algo que no esperaba y para lo que no tenía ningún nombre pulido, algo mucho más grande y más simple que cualquier cosa que hubiera sentido hasta entonces, y por un rato, un rato que duró lo que duró esa primera noche entera, no hubo lugar en su cabeza para nada que no fuera esa cara chiquita y arrugada mirando para ningún lado en particular.
Rubén entró cuando lo dejaron pasar, con los ojos rojos de algo que no era solamente el cigarrillo, y se quedó parado en la puerta un momento antes de acercarse, como si necesitara ese momento para creer lo que estaba viendo.
Le tocó la cabeza a la nena con un dedo, apenas, con el cuidado excesivo de quien no confía en sus propias manos para algo tan chico, y dijo, sin mirar a Nora, con la voz cambiada:
—Valeria.
—Valeria —repitió Nora, y fue, de las dos veces que dijo ese nombre esa noche, la que sintió más verdadera, más entera, sin ninguna otra palabra escondida atrás pidiendo permiso para salir.