La versión pulida Chapter 43
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Chapter 43

XLII

El viernes anterior al fin de semana en Tolosa, la última vez, ninguna de las dos supo que era la última vez, y esa es, para Nora, la parte que nunca deja de parecerle insoportable: que no hubo nada, ni una frase, ni una mirada distinta, que marcara la diferencia.

Cenaron lo de siempre, una tortilla de papas que a Beatriz, esa vez, no se le quemó, motivo de un chiste que ya no se acuerda bien.

Beatriz tenía el texto de sociología abierto sobre la mesa, subrayado con una lapicera que se estaba por terminar de tinta, y se quejó, como siempre, de un profesor, y cantó, mientras lavaba los dos platos, una canción de Sui Generis, desafinada como siempre, corriéndose medio tono para abajo como siempre.

Nora secó. Guardó los platos en el estante de la izquierda, el que había que calzar con un corcho para que no se viniera abajo.

Afuera garuaba. Beatriz se quejó del frío de la pieza, se puso el pulóver de Nora, el marrón con un hilo suelto en el puño, y no se lo sacó en toda la noche.

Apagaron la radio cuando empezaron los comunicados.

Beatriz apoyó los pies descalzos sobre las piernas de Nora, debajo de la mesa, y siguió subrayando con la lapicera que ya casi no escribía, apretando tanto que marcaba la hoja sin dejarle tinta.

—El domingo, cuando vuelvas, ¿repasamos juntas? —dijo Beatriz, en la puerta, cuando Nora se iba—. El lunes tengo el final.

—Bueno —dijo Nora.

Fue lo último que se dijeron. Un "bueno" tan chico, tan de todos los días, que no alcanza ni para ser una despedida, y que sin embargo Nora ha repetido en su cabeza, en algún momento de casi todos los años que siguieron, preguntándose qué hubiera cambiado si hubiera dicho otra cosa.