La versión pulida Chapter 42
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Chapter 42

XLI

—Me la compraría —dijo Beatriz, mirándose al espejo.

—No tenés plata.

—Ya sé. Por eso lo digo en potencial.

Comieron un sándwich de miga paradas en la vereda, discutieron cuarenta minutos sobre una película que habían visto por separado y que a Nora le había gustado y a Beatriz le había parecido "una excusa burguesa para no decir nada", una frase que Beatriz usaba para casi todo lo que no le gustaba y que a Nora, con los años, le iba a dar una nostalgia completamente desproporcionada.

Beatriz se compró un helado de limón que se le derritió antes de terminarlo y le manchó la manga, y se rió de sí misma, y no le importó.

No pasó nada esa tarde. Ninguna reunión, ninguna maceta, ningún auto sin patente pasando despacio por la calle.

Fue, simplemente, una tarde de sábado de dos chicas de veintipico caminando por el centro de una ciudad que todavía, por unas horas, se dejaba caminar sin que nadie tuviera que estar mirando para los dos lados.

Nora no supo, en ese momento, que iba a necesitar esa tarde, específicamente esa, sin nada que la volviera memorable salvo todo, durante los cincuenta años siguientes, más que casi cualquier otra cosa que le hubiera pasado en la vida.