La versión pulida Chapter 39
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Chapter 39

XXXVIII

—Se llama Ernesto —dijo Beatriz, sin dudar un segundo, con una velocidad que a Nora, sentada al lado sirviendo mate, la dejó momentáneamente sin aire—. Estudia Agronomía. Es un embole, por eso no lo traigo.

Los demás se rieron, conformes con el chiste, y siguieron con lo suyo.

Nadie volvió a preguntar por Ernesto esa noche ni ninguna de las siguientes, porque Beatriz, cada vez que alguien lo mencionaba, agregaba un detalle nuevo y aburrido —que si el partido de fútbol, que si la tesis, que si la familia de Santa Fe— con una convicción actoral que a Nora, en privado, más tarde esa misma noche, le pareció al mismo tiempo admirable y un poco desolador.

—Sos buena mintiendo —le dijo Nora, ya las dos solas, lavando los mates.

—Tengo práctica —contestó Beatriz, y no aclaró desde cuándo, y Nora no le preguntó, porque en algún lugar de esa respuesta corta había una vida entera de Beatriz antes de conocerla a ella, una vida de la que Nora, en todo ese año, nunca llegó a saber casi nada.

Ernesto, el novio agrónomo de Santa Fe que no existía, sobrevivió en la memoria de al menos tres compañeros de militancia durante años, según supo Nora mucho después, por una de las pocas personas de esa época con las que todavía cruzaba, alguna vez, un saludo distante: alguien, en algún asado de aniversario, se había preguntado en voz alta qué habría sido de aquel muchacho de Agronomía que Beatriz nunca llegó a presentar.