Chapter 36
XXXV
—A veces pienso en el sur —dijo Beatriz, de la nada, mirando el techo—. Bariloche, o más abajo. Una casa de madera, con estufa de leña de verdad, no esta garrafa de porquería. Vos dando clases, yo escribiendo, no sé, lo que sea, algo que sirva.
—¿Y de qué viviríamos? —preguntó Nora, siguiéndole el juego, con una sonrisa que la oscuridad no dejaba ver.
—No sé. De algo. Eso es lo de menos.
Se quedaron un rato en silencio, cada una construyendo, por su lado, su propia versión de esa casa imaginaria, hasta que Beatriz, con una voz más chica que la de un minuto antes, agregó:
—Ahí nadie nos preguntaría nada. Ni por qué vivimos juntas, ni por qué no tenemos marido, ni nada. Seríamos, no sé, las señoras de la casa de madera. Eso nada más.
Fue la única vez que Nora la escuchó decir, aunque fuera con esas palabras indirectas, la palabra "nosotras" pensada hacia adelante, hacia un tiempo que todavía no había pasado, y no hacia atrás, hacia lo que ya habían vivido.
No volvieron a hablar de esa casa nunca más, ni esa semana ni ninguna de las siguientes, como si las dos hubieran decidido, sin decírselo, que ese sueño en particular era demasiado frágil para sacarlo a la luz una segunda vez.