Chapter 33
XXXII
—¿Por qué la borraste? —le preguntó Beatriz, dolida, cuando se dio cuenta, unos días después.
—Porque si alguna vez alguien lo agarra, no puede haber nada escrito con tu letra que diga lo que decía —dijo Nora, y era la verdad, aunque no fuera toda la verdad: la otra parte, la que no dijo esa noche, era que borrar esas palabras le daba, cada vez que lo hacía, la sensación física de estar cometiendo una pequeña traición contra la única persona a la que no quería traicionar por nada del mundo.
Beatriz no volvió a escribirle dedicatorias en nada, después de eso, y Nora, con los años, se arrepintió muchas veces de esa goma de borrar usada con tanto cuidado, pensando en la cantidad de palabras que Beatriz le había escrito en toda su vida y que ahora, cincuenta años después, cabían enteras en una sola frase que Nora ya ni siquiera estaba segura de recordar bien: algo sobre los ojos, o sobre la risa, algo que en su momento le pareció cursi y que ahora daría cualquier cosa por poder leer una vez más, tal como estaba escrito, con esa letra inclinada hacia la izquierda que todavía podía reconocer en cualquier lado.