La versión pulida Chapter 16
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Chapter 16

XV

Ahora había, en esa esquina, un local de telefonía celular con la vidriera empapelada de ofertas en letras fluorescentes, música que salía de un parlante colgado sobre la puerta, dos chicos de gorra sentados en el cordón de la vereda mirando el teléfono cada uno por su lado sin hablarse.

Nadie, en esa esquina, en esa mañana de martes cualquiera, tenía la menor idea de lo que Nora sabía sobre ese pedazo exacto de baldosas.

Se quedó parada un momento, más del que necesitaba para cruzar, mirando el local de celulares como quien busca, en una fachada nueva, algún resto de la anterior, y no encontró nada, porque no había nada que encontrar: ni una marca, ni una placa, ni una sola señal de que ahí, en esa vereda, un pibe con la gorra grande le hubiera pedido documentos una mañana de agosto.

La ciudad no guardaba memoria de nada de eso, y a Nora, esa comprobación —que ya había hecho antes, de distintas formas, en distintas esquinas, a lo largo de los años— todavía, cada vez, le producía una sensación rara, no exactamente bronca, más parecida a la de hablarle a alguien que mira para otro lado mientras una habla.

No tocó el timbre. No hizo falta. Se quedó un minuto en la vereda de enfrente, la misma distancia exacta desde la que cincuenta años antes vigilaba, sin saberlo, si algún auto aminoraba la marcha, y después siguió camino a su casa, pensando que dentro de dos días le iba a tener que poner nombre, en voz alta, a una casa que la ciudad entera parecía haber decidido, sin ponerse de acuerdo con nadie, olvidar.