La versión pulida Chapter 15
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Chapter 15

XIV

El domingo siguiente a la carta, en la llamada semanal de las nueve de la noche, se lo mencionó a Valeria de pasada, mientras hablaban de otra cosa.

—Me escribieron de un archivo de la facultad. Quieren que cuente lo mío, de cuando me detuvieron.

—¿Y vos qué les vas a decir? —preguntó Valeria, con esa distracción cariñosa de quien pregunta mientras hace otra cosa; se la escuchaba mover platos del otro lado del teléfono, la casa de ella siempre más ruidosa que esta.

—Lo que pasó.

—Bueno, contales, mamá. Va a estar bueno que quede documentado. Para nosotros también, para que Fran sepa de dónde viene.

Nora no dijo nada más. Cambiaron de tema, hablaron del cumpleaños del nieto, de un problema con el auto, de la hermana de Rubén que seguía sin llamar desde el velorio.

Colgó como cuelga siempre, con un "te quiero" corto y sin adorno, y se quedó un rato con el teléfono todavía en la mano, pensando en esa frase: que sepa de dónde viene.

Valeria sabía, de esos años, lo que sabía todo el mundo en la familia: que su madre había estado presa tres días en el 76, un dato que con el tiempo se había ido acomodando en el mismo cajón que las demás anécdotas viejas, el auto que se rompió en la ruta a Mar del Plata, la vez que el abuelo se perdió en Once, contado siempre con el mismo tono liviano, un poco heroico, con el que se cuenta cualquier cosa que ya no puede hacerte daño.

Nora había dejado que fuera así. Había contribuido, con su propio silencio de tantos años, a que esa historia se volviera anécdota y no herida, porque una herida hay que explicarla, y una anécdota se puede simplemente repetir.

Pensó, esa noche, que Fran, con nueve años, en algún momento de su vida —quizás con veinte, quizás con cuarenta, cuando ella ya no estuviera para verlo— iba a poder buscar su nombre en el catálogo de ese mismo archivo, iba a encontrar un audio con una fecha y un lugar, se iba a poner unos auriculares en un cuarto que Nora no podía imaginarse todavía, y iba a escuchar la voz de su bisabuela contando algo que en esa mesa, aquel domingo del asado, nadie le había contado.

No sabía qué iba a sentir Fran al escucharla, y esa misma imposibilidad de saberlo era, de algún modo, lo único que la tranquilizaba un poco: fuera lo que fuera lo que dijera dentro de unos días, iba a dejar de ser solamente suyo, y una parte de ella, chica pero real, sentía alivio con esa idea, aunque otra parte, mucho más grande, todavía no.

Y pensó que "de dónde viene" era una frase más completa de lo que Valeria imaginaba al decirla.

No llamó al número esa noche. Lo hizo recién el martes siguiente, a la mañana, con la excusa interna de que si llamaba temprano capaz no atendía nadie y quedaba tranquila habiéndolo intentado.

Atendió una chica, amable, que se presentó como parte del equipo, le explicó que la entrevista se grababa en audio y a veces en video si la entrevistada estaba de acuerdo, que ella podía parar cuando quisiera, que no había ninguna pregunta obligatoria.

Coordinaron para el jueves siguiente, en la casa de Nora, porque la chica dijo que preferían hacerlo así, en un lugar donde la persona se sintiera cómoda, y a Nora esa palabra —cómoda— le sonó casi ingenua, tratándose de lo que se trataba, pero no dijo nada.